La “consultoría psicológica” es un modelo de terapia que se basa en la relación de ayuda que se da entre dos personas o también puede darse dentro de un grupo de personas. Es una terapia que se caracteriza por ser breve, en la cual se encuentra una persona capacitada que brinda ayuda (consultor psicológico), y por el otro lado una persona que está atravesando una determinada situación que le genera sufrimiento (consultante). El consultor psicológico, por medio de la utilización de técnicas adecuadas, acompañará el proceso de despliegue de las potencialidades del consultante para que sea éste quien afronte esa situación, logre atravesarla, poder resolverla y superarla o aprender a convivir con “eso” que le ocurre. El consultor psicológico confía que está en el consultante la resolución de este conflicto, ya que todos tenemos esa potencialidad y/o fuerza interna innata que nos ayuda a enfrentar y sobreponernos de todo tipo de situación. Esta fuerza, llamada “tendencia actualizante” según Carl Rogers al inicio de la terapia está bloqueada por ese problema que perturba al consultante, pero en el transcurrir de los encuentro se logra destrabar. Para poder llevar adelante este proceso, el consultor tiene que contar con tres actitudes básicas, que son el motor que iniciará el proceso de despliegue de las potencialidades del consultante. La empatía, es que la capacidad de poder ver el mundo a través de los ojos del consultante. Es la habilidad que tiene el consultante de poder “sentir” lo que siente el consultante. La aceptación positiva incondicional, es la capacidad de poder aceptar a un “otro” solo por el hecho de ser persona. Aceptar al consultante con todo su ser y estar en el mundo. La autenticidad es la capacidad que tiene el consultor de mostrarse frente al consultante tal cual es, sin mostrar ningún tipo de máscaras.