15/04/2026
Transmito la opinión del economista Carlos Janhsen Gutierrez sobre la economía boliviana.
Reformas a medias, crisis completa: Bolivia atrapada en su propia
transición
Carlos Jahnsen Gutiérrez
La proyección del Fondo Monetario Internacional —PIB -3,3% e inflación de 20,7% en 2026—, consistente con el diagnóstico del Banco Mundial, no describe solo el agotamiento de un modelo económico. Describe algo más incómodo: el fracaso de una estrategia de reformas parciales que no logra estabilizar ni transformar la economía.
Bolivia no enfrenta únicamente una crisis heredada. Enfrenta una crisis agravada por la forma en que se está intentando corregirla. El gobierno de Paz ha iniciado ajustes, pero sincoherencia integral ni secuencia estratégica. El resultado no es estabilización con crecimiento, sino intervenciones fragmentadas que rompen la coherencia sistémica de la reforma.
El punto central es este: la estanflación no es un accidente ni un daño colateral. Es, en parte, el resultado de reformas incompletas.
Reformas parciales: el origen del desequilibrio
Las reformas en curso intentan corregir distorsiones —subsidios, precios relativos, restricciones externas—, pero lo hacen de manera fragmentada. Se ajustan algunos precios, mientras otros permanecen artificialmente contenidos. Se envían señales contradictorias al mercado.
El problema no es ajustar. El problema es ajustar sin cambiar el sistema.
Cuando se corrigen costos (energía, tipo de cambio implícito) sin restablecer condiciones de inversión, lo que se genera no es crecimiento, sino contracción con inflación. Es decir,
estanflación. Se encarece producir, pero no se crean condiciones para producir más. Se corrigen precios, pero no se reconstruye confianza. Ese desbalance es exactamente lo que está ocurriendo.
Una economía sin dólares… y sin dirección clara
La restricción externa sigue siendo el núcleo del problema. Bolivia no tiene suficientes dólares para sostener su nivel de actividad. Sin divisas, faltan insumos, la producción se interrumpe y la inversión se paraliza.
Pero aquí aparece el segundo error estratégico: no se ha construido una política clara para generar dólares. Las reformas no están articuladas hacia una estrategia exportadora ni hacia
la atracción de inversión. Se corrige el presente, pero no se construye el futuro.El resultado es una economía que se ajusta por contracción, no por transformación.
Inflación: el costo de corregir sin coordinar
La inflación actual no es un fenómeno de exceso de demanda. Es el resultado de un ajuste mal coordinado.
• Se corrigen subsidios → suben costos
• El tipo de cambio real ya se movió → suben importaciones
• No hay ancla creíble → se rompen expectativas
Y en paralelo, el contexto internacional —con el encarecimiento del petróleo por tensiones con Irán— amplifica el problema. El resultado no es estabilización, sino inflación sin crecimiento.
Aquí se revela el punto crítico: una reforma mal diseñada puede empeorar la crisis que busca resolver.
El falso éxito: el superávit que empobrece
El leve superávit externo podría presentarse como una señal positiva. No lo es.
No es resultado de mayor competitividad, sino de menor actividad. Las importaciones caen porque no hay dólares. Las exportaciones no crecen porque no hay inversión. Es un superávit de crisis, no de fortaleza.
Y esto es clave: usar este resultado como indicador de éxito sería un error grave de diagnóstico.
El verdadero mensaje: lo que dicen —y no dicen— los organismos
internacionales
El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no están pidiendo ajustes marginales.
Están señalando algo más profundo: el modelo dejó de ser viable y las reformas actuales no son suficientes para reemplazarlo
En otras palabras: el problema no es la dirección del ajuste, sino su insuficiencia y falta de coherencia.
Qué hacer: pasar de reformas parciales a un cambio de régimen
Bolivia no necesita más medidas aisladas. Necesita una estrategia integral. Y eso implica decisiones claras:
1. Unificar el régimen cambiario
Eliminar la brecha y establecer un tipo de cambio creíble. Sin esto, no hay inversión ni
exportaciones.
2. Programa macro integral
Coordinación real entre política fiscal, monetaria y cambiaria. No ajustes fragmentados.
3. Estrategia agresiva de inversión
Reglas claras, seguridad jurídica y apertura efectiva a capital privado, especialmente en
energía, minería y agroindustria.
4. Política explícita de generación de divisas
No basta estabilizar. Hay que producir dólares de forma estructural.
5. Secuencia de reformas coherente
Primero credibilidad, luego precios, luego expansión productiva. No al revés.
6. Corrección energética inteligente
Eliminar distorsiones sin destruir demanda ni generar shock social.
Conclusión: sin anestesia
Bolivia no está fallando por reformar. Está fallando por reformar a medias.
La estanflación no puede presentarse como un costo inevitable del ajuste. Es, en este caso,
evidencia de que el ajuste está mal diseñado. Hoy ocurre lo más peligroso: el viejo modelo ya no funciona, las reformas no construyen uno nuevo. Ese vacío no es transición. Es estancamiento estructural.
Si el país no corrige el rumbo y no abandona las reformas parciales por un rediseño integral y sistémico, la estanflación dejará de ser un episodio: se podría convertir en la nueva normalidad de la economía boliviana
15.04.2026