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24/04/2026

AUTORIDADES ELECTAS Y TRANSMISIÓN DE INFORMACIÓN

Gonzalo Salinas Estenssoro.

El cambio de autoridades en la administración gubernamental nacional, departamental y municipal a raíz de las elecciones de octubre 2025 y abril 2026 implica la transmisión de información del régimen saliente al nuevo, hecho que ha ocasionado divergencias y crea expectativa sobre sobre la calidad de la documentación recibida/entregada y la que aún debe ser a ser transferida en el ámbito subnacional.

La información, expresada coloquialmente está constituida por datos organizados citados con palabras, números, gráficos que comunican conocimiento. En la actualidad con el desarrollo tecnológico adquiere relevancia para el desarrollo exitoso de actividades públicas y privadas, por lo que trasmito conceptos relacionados con el tema, con un enfoque relacionado al sector público.
La gestión pública se lleva a cabo con base en información, es así que la Ley 1178 de Administración y Control Gubernamentales establece como uno de sus objetivos se disponga de información útil oportuna y confiable asegurando la razonabilidad de los informes y estados financieros. Esta norma marco regula ocho sistemas que sirven para programar y organizar actividades, ejecutar actividades programadas y controlar la gestión del sector público.

El Control Gubernamental asume los objetivos de mejorar: la eficiencia en la captación y uso de los recursos públicos y en las operaciones del estado; la confiabilidad de la información que se genera sobre los mismos; los procedimientos para que toda autoridad y ejecutivo rinda cuenta oportuna de los resultados de su gestión y la capacidad administrativa para impedir o identificar y comprobar el manejo inadecuado de los recursos del Estado.

En el proceso de gestión relacionado con la obtención, uso y aplicación de recursos, la información es la herramienta principal para la toma de decisiones, por lo que su comunicación es responsabilidad tanto del transmisor como del receptor.
Este instrumento fortalece el ambiente de control de las entidades, apoya en la evaluación de riesgos, es parte de las actividades de control, facilita la supervisión y debe ser generada y transmitida expeditamente a quien está autorizado y tenga legítimo interés. Esto forja transparencia y credibilidad.

De esta manera queda clara la jerarquía que adquiere la información en el proceso de la administración pública y la responsabilidad de quienes la crean y conducen.

“No hay control sin información”

23/04/2026
20/04/2026

Opinión del economista Carlos Janhsen Guitierrez, sobre criterios a considerar para un aumento salarial.

Ingresos sin crecimiento: el espejismo salarial en una economía que no invierte
Carlos Jahnsen Gutiérrez
El debate salarial en Bolivia no solo está mal planteado. Está invertido. Se discute cuánto deben subir los ingresos en una economía que ha dejado de generar las condiciones que hacen posible que esos ingresos crezcan de manera sostenible.
Ese es el punto que se pierde cuando se analiza la política de ingresos fuera de su fundamento macroeconómico.
Desde Keynes —en el Treatise on Money— y su desarrollo en Hajo Riese, economista alemán, el funcionamiento de una economía monetaria no parte del salario, sino de un mecanismo más profundo: inversión → ganancias → ingreso → expansión económica. Es la inversión la que activa el sistema, la que genera ganancias, y a partir de ellas se distribuyen ingresos. No al revés.
Por eso, el desarrollo económico no es otra cosa que un proceso sostenido de aumento del ingreso real. Y ese aumento no es arbitrario: se basa en la capacidad de la economía de generar productividad, expandir su base productiva y sostener su inserción externa. Reducir la brecha de ingresos con economías avanzadas exige justamente eso: crecimiento continuo del ingreso respaldado por acumulación y productividad.
Aquí aparece la pregunta clave: ¿qué son salarios sostenibles? No son los que suben por decreto. No son los que se contienen por costos. Son aquellos compatibles con una dinámica de ganancias, precios y productividad que permite que el aumento del ingreso no se diluya en inflación ni destruya la base productiva. Bolivia está hoy lejos de ese equilibrio.
La COB plantea un incremento del 20% como respuesta a la inflación. Su diagnóstico parte de una realidad: el deterioro del poder adquisitivo. Pero su propuesta cae en lo que Riese denomina decisionismo sin fundamento teórico: intervenir sobre el resultado —el ingreso— sin actuar sobre las condiciones que lo hacen sostenible.
El problema no es político. Es estructural. En una economía con restricción externa, escasez de divisas, presión cambiaria y baja productividad, un aumento nominal de salarios no genera desarrollo. Genera una transferencia temporal que rápidamente se traduce en precios. Se activa así la espiral ingreso–inflación: los salarios suben, los precios ajustan, el tipo de cambio se presiona, y el ingreso real vuelve a caer. Lo que parecía una solución se convierte en un mecanismo de deterioro.
Pero la posición empresarial tampoco escapa al error. Su respuesta reduce el problema a costos laborales: subir salarios afecta márgenes, empleo y competitividad. Esta visión es igualmente incompleta. Riese es categórico: la economía no puede explicarse desde una lógica de costos. Los precios no se determinan solo por salarios, sino por condiciones monetarias, expectativas y estructura de mercado.
Además, los salarios no son solo un costo: son también demanda. Una política basada exclusivamente en su contención puede estabilizar márgenes en el corto plazo, pero a costa de debilitar la inversión y la expansión futura.
Aquí se revela el error común. Tanto la COB como los empresarios comparten la misma simplificación: suponen que existe una relación directa entre salarios y resultados macroeconómicos. Unos ven en el salario la solución; otros, el problema. Pero en ambos casos se ignora lo esencial: el salario no es el motor del sistema, es una variable que depende de él.
La COB intenta empujar el sistema elevando ingresos nominales sin ancla real. Los empresarios intentan contenerlo reduciendo costos sin reconstruir las condiciones de crecimiento. Uno acelera sin motor. El otro frena en una economía ya detenida. El resultado no es equilibrio. Es parálisis.
El empleo no depende del salario. Depende de la inversión. La inversión no depende del salario. Depende de las expectativas de ganancia. Y las ganancias dependen del sistema de precios, del tipo de cambio y de la capacidad de generar divisas. Ese es el núcleo que el debate evita.
Bolivia enfrenta hoy una economía donde ese mecanismo está interrumpido. La inversión es débil, las ganancias están erosionadas por la inestabilidad de precios y la incertidumbre cambiaria, y la restricción externa limita cualquier expansión sostenida. En ese contexto, discutir salarios es discutir la distribución de un ingreso que no está creciendo. Por eso la política de ingresos no puede comenzar por el salario. Debe comenzar por reconstruir el mecanismo que lo hace posible.
¿Qué implica esto?
➢ Primero, estabilizar y unificar el tipo de cambio en un nivel competitivo. Sin un ancla cambiaria creíble, no hay sistema de precios coherente.
➢ Segundo, reconstruir reservas internacionales mediante una estrategia exportadora sostenida. Sin divisas, no hay estabilidad macroeconómica.
➢ Tercero, restablecer condiciones para la inversión: previsibilidad, rentabilidad y coherencia de precios relativos.
Solo sobre esa base es posible una política de ingresos.
Una política donde los salarios crezcan de manera gradual, sostenida y consistente con la productividad y las ganancias. Donde el aumento del ingreso no sea un evento puntual, sino parte de un proceso continuo de desarrollo. Esa es la diferencia entre redistribuir y desarrollar.
La COB debe abandonar la ilusión de que el ingreso puede decretarse. Los empresarios deben abandonar la idea de que el salario es solo un costo. Y el Estado debe asumir que sin ordenar el sistema, no hay política salarial posible.
La conclusión es clara. Bolivia no tiene un problema salarial. Tiene un problema de inversión y crecimiento. Y mientras el ingreso no esté respaldado por inversión, productividad y capacidad de generar divisas, cualquier aumento será transitorio. Porque en una economía monetaria, el salario no lidera el desarrollo. Lo sigue.

15/04/2026

Transmito la opinión del economista Carlos Janhsen Gutierrez sobre la economía boliviana.

Reformas a medias, crisis completa: Bolivia atrapada en su propia
transición

Carlos Jahnsen Gutiérrez

La proyección del Fondo Monetario Internacional —PIB -3,3% e inflación de 20,7% en 2026—, consistente con el diagnóstico del Banco Mundial, no describe solo el agotamiento de un modelo económico. Describe algo más incómodo: el fracaso de una estrategia de reformas parciales que no logra estabilizar ni transformar la economía.
Bolivia no enfrenta únicamente una crisis heredada. Enfrenta una crisis agravada por la forma en que se está intentando corregirla. El gobierno de Paz ha iniciado ajustes, pero sincoherencia integral ni secuencia estratégica. El resultado no es estabilización con crecimiento, sino intervenciones fragmentadas que rompen la coherencia sistémica de la reforma.
El punto central es este: la estanflación no es un accidente ni un daño colateral. Es, en parte, el resultado de reformas incompletas.

Reformas parciales: el origen del desequilibrio

Las reformas en curso intentan corregir distorsiones —subsidios, precios relativos, restricciones externas—, pero lo hacen de manera fragmentada. Se ajustan algunos precios, mientras otros permanecen artificialmente contenidos. Se envían señales contradictorias al mercado.

El problema no es ajustar. El problema es ajustar sin cambiar el sistema.
Cuando se corrigen costos (energía, tipo de cambio implícito) sin restablecer condiciones de inversión, lo que se genera no es crecimiento, sino contracción con inflación. Es decir,
estanflación. Se encarece producir, pero no se crean condiciones para producir más. Se corrigen precios, pero no se reconstruye confianza. Ese desbalance es exactamente lo que está ocurriendo.

Una economía sin dólares… y sin dirección clara
La restricción externa sigue siendo el núcleo del problema. Bolivia no tiene suficientes dólares para sostener su nivel de actividad. Sin divisas, faltan insumos, la producción se interrumpe y la inversión se paraliza.
Pero aquí aparece el segundo error estratégico: no se ha construido una política clara para generar dólares. Las reformas no están articuladas hacia una estrategia exportadora ni hacia
la atracción de inversión. Se corrige el presente, pero no se construye el futuro.El resultado es una economía que se ajusta por contracción, no por transformación.

Inflación: el costo de corregir sin coordinar

La inflación actual no es un fenómeno de exceso de demanda. Es el resultado de un ajuste mal coordinado.
• Se corrigen subsidios → suben costos
• El tipo de cambio real ya se movió → suben importaciones
• No hay ancla creíble → se rompen expectativas
Y en paralelo, el contexto internacional —con el encarecimiento del petróleo por tensiones con Irán— amplifica el problema. El resultado no es estabilización, sino inflación sin crecimiento.
Aquí se revela el punto crítico: una reforma mal diseñada puede empeorar la crisis que busca resolver.

El falso éxito: el superávit que empobrece

El leve superávit externo podría presentarse como una señal positiva. No lo es.
No es resultado de mayor competitividad, sino de menor actividad. Las importaciones caen porque no hay dólares. Las exportaciones no crecen porque no hay inversión. Es un superávit de crisis, no de fortaleza.
Y esto es clave: usar este resultado como indicador de éxito sería un error grave de diagnóstico.

El verdadero mensaje: lo que dicen —y no dicen— los organismos
internacionales

El Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial no están pidiendo ajustes marginales.
Están señalando algo más profundo: el modelo dejó de ser viable y las reformas actuales no son suficientes para reemplazarlo
En otras palabras: el problema no es la dirección del ajuste, sino su insuficiencia y falta de coherencia.
Qué hacer: pasar de reformas parciales a un cambio de régimen
Bolivia no necesita más medidas aisladas. Necesita una estrategia integral. Y eso implica decisiones claras:
1. Unificar el régimen cambiario
Eliminar la brecha y establecer un tipo de cambio creíble. Sin esto, no hay inversión ni
exportaciones.
2. Programa macro integral
Coordinación real entre política fiscal, monetaria y cambiaria. No ajustes fragmentados.
3. Estrategia agresiva de inversión
Reglas claras, seguridad jurídica y apertura efectiva a capital privado, especialmente en
energía, minería y agroindustria.
4. Política explícita de generación de divisas
No basta estabilizar. Hay que producir dólares de forma estructural.
5. Secuencia de reformas coherente
Primero credibilidad, luego precios, luego expansión productiva. No al revés.
6. Corrección energética inteligente
Eliminar distorsiones sin destruir demanda ni generar shock social.

Conclusión: sin anestesia
Bolivia no está fallando por reformar. Está fallando por reformar a medias.
La estanflación no puede presentarse como un costo inevitable del ajuste. Es, en este caso,
evidencia de que el ajuste está mal diseñado. Hoy ocurre lo más peligroso: el viejo modelo ya no funciona, las reformas no construyen uno nuevo. Ese vacío no es transición. Es estancamiento estructural.
Si el país no corrige el rumbo y no abandona las reformas parciales por un rediseño integral y sistémico, la estanflación dejará de ser un episodio: se podría convertir en la nueva normalidad de la economía boliviana
15.04.2026

Opinión de Carlos Janhsen Gutierrez en relación al tipo de cambio, inversión, producción, generación de divisas y desarr...
11/03/2026

Opinión de Carlos Janhsen Gutierrez en relación al tipo de cambio, inversión, producción, generación de divisas y desarrollo.

Normas Generales de Auditoria Gubernamental actualizadas el 27 de febrero de 2026.
04/03/2026

Normas Generales de Auditoria Gubernamental actualizadas el 27 de febrero de 2026.

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