17/02/2022
" La oratoria de los abogados y estadistas griegos era bastante diferente de la actual .En ausencia de leyes contra los libelos y agravios, los oradores se maltrataban unos a otros en un verdadero lujo de injurias. Las interminables acusaciones personales y la imputación de bajos motivo al adversario añadían un interés morboso, casi pugilístico, a los debates.
Llegaron a perfeccionar hasta tal punto el arte de vapulearse unos a otros con ingeniosos insultos que el espectáculo debía ser hipnótico .En los tribunales-todos compuestos por jurados-,las cuestiones legales importaban menos que la astucia de la argumentación. Para los procesos privados, la práctica jurídica exigía que el propio litigante defendiera su caso ante un tribunal con dos discursos sucesivos, no existían abogados que ejercieran representación de sus clientes como se hace en la actualidad. Lo habitual era que los litigantes no confiasen es si mismos para componer su defensa o la parrafada de acusación ,y en general acababan contratando los servicios de un personaje llamado que estudiaban el caso y escribían un discurso convincente, lo mas coloquial y sencillo posible. El cliente lo aprendía de memoria para recitarlo ante el tribunal. Así se ganaban la vida la mayoría de los oradores. Por lo demás, procuraban defender casos que incrementasen su prestigio y contribuyesen al despegue de su carrera política. " El ínfinito en un junco - Irene Vallejo