26/02/2026
Hoy serían tus 88, pero tú decidiste que envejecer mucho no era necesario después de tanto vivir.
Mamá coneja, mi morena hermosa, extraño tu piel dulzona, tu presencia aplomada, aquel cuerpazo de diosa donde yo cabía acurrucada cuando te dejabas vencer por mi necesidad de ti.
He pasado todo el día contigo, bordando, recordando tu voz cuando me decías "hija".
Ella tenía gustos sencillos de quien se crió en una montaña cafetalera, entre frutas, leche fresca y caminos infinitos.
También intentó vencer todas sus sombras a través del saber. Fue una lectora incansable, y sin censura, que me llenó de libros, porque le costaban los abrazos.
Entonces yo aprendí a leer muy rápido, para regresar a fastidiarla, un ping pong cultural donde ella perdía la batalla ante mi insistencia e incapacidad de estar callada.
Conversar con ella era un reto, siempre me exigía más y más de mi mente, no deseaba que en mi cabeza anidara la banalidad ni lo mundano, eso a su pesar lo aprendí con gozo por mi cuenta, por el simple triunfo de llevarle la contraria.
De esas cosas sencillas que le gustaban, era una latita de sardinas en aceite, por dios como le gustaba una sardinita, yo de niña las odiaba con todo mi corazón. Un amargo que hoy tolero un poco.
Siempre que viajo tengo como ritual comprarle algo a Papá y Mamá, una tontera simbólica, por llevarlos conmigo ahora en mis pupilas.
El año pasado en un supermercado en París, vi la lata, y sentí el pálpito en mi corazón, y yo, ayyyy no por favorrr, no te voy a comprar sardinas en Francia. Salí del pasillo haciendo berrinche y me devolví respirando resignada. La complací.
La he guardado hasta hoy. Hice un arroz con ají dulce venezolano que le gustaba mucho, corté rodajas de tomate, con un punto de mayonesa y sus dichosas sardinejas. Cerré los ojos y comí con agradecimiento, con ella a la par y su mirada vencedora.
Preparé hace ratito una natilla de calabaza (auyama), con leche condensada, que también le gustaba y con eso me desquité un poco, aunque tuve que espolvorearla con canela, que tampoco me agrada, en fin era para ella.
Mami, escribiendo esto escucho boleros, suena una cálido piano con la voz de Manzanero. Feliz cumpleaños