23/05/2026
4 DÍAS sin transporte público que desnudaron nuestras miserias
Hace apenas cincuenta minutos se publicó en la fanpage del Consorcio de Transportistas Urbanos Ciudad de Loja, el levantamiento del paro de transportistas y mañana los buses volverán a circular por la ciudad. Sin embargo, que la vuelta al ruido de los motores y el aparente retorno a la "normalidad" no nos borran la memoria. Lo que vivimos en estos días no puede quedar en el olvido.
Esta mañana, cuando la paralización aún estaba vigente, fui al Mercado Mayorista. Nuestra proveedora de carne estaba con su hijita de unos diez añitos en el puesto. Me contó que sus hijos mayores, quienes están en el colegio, se turnaban para conectarse a las clases virtuales usando la única computadora de la casa. A veces, uno asistía hasta el receso y luego le cedía el equipo a su hermano, mientras el menor intentaba hacer las tareas.
La niña no alcanzó a usar la computadora. Para ella resultó más práctico acompañar a su mamá al mercado, no solo por la falta de equipos, sino porque los dos únicos smartphones de la familia tienen dueño: uno lo usa su madre para recibir pagos móviles en el puesto, y el otro lo necesita su padre, que es jornalero.
Para ir y venir del mercado, la señora se juntaba con otra vecina para compartir un taxi hasta un punto cercano a sus casas. Los dos primeros días viajó sola con su hija, pero el costo se volvió insostenible. A esto se sumó que las ventas cayeron drásticamente porque la ciudad, simplemente, dejó de moverse.
Mientras la ciudadanía hacía malabares para sobrevivir, en el Cabildo lojano vimos cómo cada actor defendía su propia verdad en una preocupante falta de gestión. Los concejales acusándose mutuamente de que la ordenanza para subir los pasajes carece de validez jurídica; argumentando que el documento "está mal hecho". En el fondo, ratificaron que el informe provino de una comisión de tránsito ensombrecida por evidentes conflictos de interés y fallas procedimentales, al estar vinculada directamente con el propio gremio del transporte.
Por su parte, los transportistas argumentando que aquel estudio quedó obsoleto a mayo de 2026, ya que se realizó el año anterior, cuando el galón de diésel estaba subsidiado, realidad que cambió tras la eliminación del bono entregado por el Gobierno Central. Según su postura, no solo el pasaje debería subir a los 36 centavos planteados, sino que la tarifa tendría que ser mucho mayor. A esto añadieron: para exigirles calidad en el servicio, primero tendrían que disminuir sus gastos operativos, disparados por el pésimo estado de las vías —competencia exclusiva del Municipio— que destruye a diario llantas y suspensiones.
En medio del fuego cruzado, el Gobierno Central lavándose las manos: la fijación de tarifas urbanas le corresponde estrictamente a los municipios que tienen las competencias del tránsito y transporte y, al haberse terminado el subsidio focalizado, son los gobiernos locales los que deben resolver el problema.
Y la ciudadanía, en el medio, acorralada y legítimamente indignada, con sus actividades diarias alteradas y sus medios de sustento mermados.
En teoría, el gran beneficiado de esta paralización iba a ser el transporte comercial. Sin embargo, la realidad demostró que la gran mayoría de las familias lojanas no tiene la capacidad económica para costear carreras diarias de ida y vuelta, especialmente cuando en un hogar promedio de cuatro integrantes cada uno necesita movilizarse a distintos destinos.
¿De quién dependía la solución? "Ahí está el detalle", diría Cantinflas, porque cada actor tiene su cuota de razón y de responsabilidad.
Lo cierto es que, cuando la coyuntura aprieta, salen a la luz nuestras profundas debilidades humanas, institucionales y ciudadanas. El Municipio actual está liderado por una administración fruto de la sucesión y la inestabilidad política, heredando los pasivos de una gestión anterior que tampoco logró resolver las fallas estructurales de Loja.
En menos de una década, pasamos de ser una ciudad referente de desarrollo urbano (la primera en clasificar desechos domésticos, pionera en generación eléctrica y alumbrado público, y la primera en albergar un festival internacional de artes vivas) a ser una urbe precaria y estancada; que se debate en medio de servicios deficitarios. Ayer fue la crisis del agua potable y las vías destruidas; hoy fue la movilidad.
¿Cómo generamos condiciones de desarrollo económico, indispensables para salir adelante y prosperar en tiempos tan complejos y competitivos, cuando ni siquiera tenemos resueltos los problemas elementales que le corresponden a un gobierno seccional?
No nos equivoquemos tomando el camino fácil de echarle la culpa a un Estado abstracto, porque el Estado somos nosotros mismos. Es la ciudadanía la que elige a sus mandantes.
Para las próximas elecciones, nuestro deber cívico exige poner más ojo crítico y no votar simplemente "para que no gane el que me cae mal". Porque a estas autoridades que, ante la crisis, proponen absurdos como querer prohibir a las universidades tener su propia flota de transporte en lugar de plantear soluciones técnicas, las pusimos ahí nosotros con nuestro voto.
Hacer "vaca" entre vecinos para tomar un taxi o compartir el auto particular nos salvó estos 4 días, pero esta cooperación ciudadana y el anuncio del fin del paro no deben tapar la incompetencia estructural.
Mañana los buses salen nuevamente a las calles, pero el problema de fondo no está resuelto. Seguimos teniendo fallas estructurales graves: usuarios que pagan doble pasaje porque las rutas troncales no están integradas al sistema, estaciones de transferencia que no funcionan y ciclovías peligrosas invadidas por autos y motos que desfavorecen la movilidad en bicicleta.
Este no fue solo un paro de cuatro días; fue un síntoma. Y es la oportunidad para repensar, de una vez por todas y de forma técnica, la movilidad de Loja.