01/12/2021
Ella estaba enamorada, sin embargo, a él sólo le gustaban las chicas que lo manipulaban.
Y ella no le pidió nada.
Ella observaba en movimiento, sintiendo, cuando de repente una mirada le asaltó abriendole la puerta de par en par, se le energizaron los sentimientos, le brotaron las ilusiones de siempre, de añejo, de más libertad.
De repente, un abrazo tibio la rodeó reiniciando la añoranza, ella entrecerró sus ojitos y en su primera entrega se fundió.
De repente, ella en destellos color champagne, como luciernagas prometiendo su misma libertad, se le estremecieron los más íntimos sentidos y agudizandolos todos aplaudieron de pie. Ella con peces en la piel.
De repente, ella metida en un torbellino con mil mariposas a mil, escuchando y viendo en nuevos tonos en sol, en do, en fa, en mostaza, ella mil sonrisas chispeantes, emoción a todo dar.
De repente, otro abrazo y escuchó palabras contradictorias, dolores escondidos, con escudos y con espinas, con un poco de desesperación. Ella esa noche se fue a la cama sin otro cuerpo, más bien, con un gran signo de interrogación.
Ella de repente con ojazos en cristal, corazón compungido, stand by, pausa enérgica.
Ella estaba enamorada y se acordó de que a él solo le gustaban las chicas que lo manipulaban, así que aquella noche ella se plantó firme en su picardía y se la pasó tramando algo donde se encontró danzando. Y danzó, se envolvió, se expandió, danzó unas mil vueltas y volaba más y danzó y se abrazó como nunca antes en su vida.
Y cuando ya salía el sol miró sus pies, más rojos que la nariz de aquel, entre sus manos inhaló una flor y se sintió y con toda su bocota sonrió.
Ella había logrado su cometido: todas las mariposas de su estómago habían salido volando, altísimo, se impulsaron con cada vuelta, habían huido.
Así, de repente se dió cuenta de que no había él.
Ella fue quien siempre lo escogió, y un día él ya no mas no la conquistó porque él nunca la eligió.
Así de repente: Él también se fue.
Para ti, con cada fibra de mi ser.