26/03/2026
"Temor a Dudar".
24 de marzo de 2026
¿Porqué nos da miedo dudar? No es como que la duda nos genere un peligro obvio e inminente. La aversión a ella más bien proviene de evitar ciertas emociones o situaciones como la incertidumbre, el rechazo, el fracaso, la soledad, o el cambio.
Empecemos por definir lo que es una Duda: es una incertidumbre que se presenta cuando no sabemos qué es verdadero o correcto por falta de información o claridad. No debe de confundirse con el Dilema, el cual implica un conflicto entre dos o más alternativas entre las que uno tiene que elegir, y en el que no necesariamente hay una respuesta u opción 'correcta' o 'única'. Todas tienen sus pros y sus contras.
Desafortunadamente, hoy en día dudar no es bien visto. Existen pocos espacios 'seguros' en donde expresar abiertamente una duda no conlleve una connotación negativa. De los líderes, se espera que no muestren ningún signo de duda, porque hacerlo menoscaba su imagen e influencia, ya que dudar se percibe como una debilidad.
Esto nos genera varias repercusiones. Al evadir la duda, se socava el ejercicio de la reflexión, el debate y el contraste de ideas. Las personas terminan encerrándose dentro de si mismas y rechazando cualquier idea o pensamiento contrario al suyo. Se activa un mecanismo de autodefensa, en el que toda información que tente contra nuestra postura es percibida como irracional o inmoral. Estas evidencias o nuevos puntos de vista empiezan a descartarse a priori porque se etiqueta a su fuente como 'enemiga', creadora de propaganda, y una prueba para que uno demuestra su 'fé' en sus creencias o ideas. Cuando esto ocurre, estamos hablando de una indoctrinación.
Una persona indoctrinada no es que sea menos 'inteligente'. Simplemente ha comprado la idea de que la duda equivale a peligro. Si uno va a lidiar con alguien así, no se le debe de confrontar directamente. Debe de ofrecérsele una vía alterna, una rampa de salida, en la cual la duda se sienta menos atemorizante y esta persona se sienta segura de comenzar a dudar de sus propias creencias.
No obstante, lo que sucede es que la gente no busca la verdad, sino más bien estar correctos. Durante su vida, van coleccionando ideas y creencias culturales, que van guardando en el ático de su mente, donde permanecen y raramente vuelven a salir para volver a ser cuestionadas.
Para explicar esto, el filósofo y matemático René Descartes utilizó una metáfora de una canasta llena de manzanas en la que hay una manzana podrida. En vez de hurgar, sin mucho orden ni estrategia por la manzana podrida, lo cual implicaría contaminarlas todas, lo que uno debería hacer es vaciar por completo la canasta y examinar cuidadosa y detalladamente cada una de las manzanas. Una vez hecho esto, podemos volver a ponerlas en la canasta ya que estemos completamente seguros de que en efecto se dejó fuera la manzana que estaba podrida.
Lo complicado de hacer esto, es que implica sentirte seguro en un espacio de vacío porque vas a empezar a cuestionar todo: tu identidad, tus padres, tu cultura, tus valores y hasta tu religión, y mucha gente prefiere seguir viviendo entre la putrefacción que tener que experimentar el vacío existencial e incómodo de no tener la certeza de nada. Pero como también dijo Descartes, una verdad que no puede ser cuestionada no es una verdad.
Irónicamente, nuestra sociedad tiende a favorecer la idea de que para ser un líder, es necesario ser percibido como una persona que no duda. Sin embargo, como ya hemos dicho antes, la persona que no duda, o bien podemos decir que es una persona adoctrinada, o que sufre de alguno o varios de los siguientes vicios: arrogancia, intolerancia, rigidez mental, entre otros. En ocasiones, la gente elige ignorar la duda o encubrirla activamente por inseguridad, bajo autoestima y una negación a aceptar que existen otros puntos de vista diferentes a los suyos.
Esta última postura es infantil y tonta, porque, ¿quién puede dudar que vivimos en un mundo de abundancia y diversidad de ideas y pensamiento? Pero precisamente esta condición de múltiples puntos de vista es la que también propicia que se descarte la duda, porque ahora para muchos, el deseo de pertenecer es más fuerte que el deseo de saber con certeza, y ciertamente más atractivo que el sentirse incierto o vacío. Es por eso que fácilmente se casan con una idea, por comodidad, por pereza o falta de interés en pensar y cuestionar.
Por lo anteriormente mencionado, es imperativo y de suma importancia que busquemos reivindicar el valor de la Duda en nuestra sociedad y cultura. ¿Cómo podemos hacerlo? Cambiemos la idea de que dudar es malo o un signo de debilidad. Veamos el ejercicio de Dudar como un ejercicio sano y recomendable, no solo para los líderes, sino para las masas. Fomentemos la duda y espacios seguros para dudar. Escuelas filosóficas como la masonería presentan la Duda como una herramienta esencial en la formación de sus iniciados. La duda fomenta autoanálisis, introspección, reflexión, debate y contraste de ideas. Resaltemos las cualidades y virtudes que tienen las personas que practican la duda estratégicamente. Podemos decir que cuentan con cierta sabiduría ya que reconocen los límites de su conocimiento. Son valientes, ya que se atreven a cuestionar los dogmas. Son prudentes, porque evalúan antes de actuar. Tienen apertura mental, porque no están cerrados a cambiar de opinión. Son Librespensadores que no se someten ciegamente a lo que dicte la autoridad. Son fuertes porque son capaces de tolerar la incomodidad que trae consigo la incertidumbre. Son justos, porque buscan la verdad por encima de los intereses propios. Una vez que nos sintamos cómodos con la duda, podemos pasar a la siguiente etapa.
Hemos resaltado la importancia de la reflexión y el análisis, pero ahora es necesario aclarar que la duda no debe convertirse en un fin en sí misma. Quien duda estratégicamente no busca permanecer indefinidamente en la incertidumbre, sino atravesarla. La duda es el camino, no el destino. Como la metáfora de Descartes lo ilustra: el objetivo de vaciar la canasta no es quedarse sin manzanas, sino poder llenarla de nuevo con mayor certeza y conciencia.
Es por eso que reivindicar la duda no es un llamado al escepticismo crónico ni a la indecisión perpetua, sino a una forma más honesta y valiente de relacionarnos con nuestras ideas y creencias. Una sociedad que sabe dudar es una sociedad que piensa, que debate, que crece. Y un líder que sabe dudar no es un líder débil: es un líder que elige la verdad por encima de la comodidad. Porque al final, quien se atreve a dudar, se atreve a pensar.