11/03/2021
"Victoria Pirrica"
Autor: Luis Fernando Guzmán Sámano
Coautor: Guillermo Alberto Lara Pascual
Me atrevo a decir que todas las personas poseedoras de cierto conocimiento o incluso, sentido común sobre temas de seguridad, pueden percibir claramente cuando menos tres errores (ello de manera general) que han acontecido a lo largo de nuestra historia, y que han orillado a la sociedad a buscar mecanismos alternos y a sumarse de diferentes maneras, algunas de ellas poco adecuadas, en búsqueda de la procuración de los bienes supremos de la libertad y la seguridad personal propias y de sus familias. Una forma poco ortodoxa que la historia nos marca como errónea, y que señalo como antecedente internacional, ya que se implementó con resultados negativos en Colombia, con la creación de las guardias blancas, fue la conformación de grupos de autodefensa, inicialmente creados con la noble esperanza de frenar la ola delictiva que en su momento azotaba a los habitantes de dicho país, e implementada también con la finalidad de reestablecer el Estado de Derecho al interior de su nación. En México, y concretándome a nuestro estado, con la creación de los grupos de autodefensa que no eran más que carteles delictivos disfrazados con una bandera social, los que iniciaron este frente desesperado para contener la inseguridad prevalente en las regiones de tierra caliente.
A lo largo de este breve artículo de opinión, pretendo señalar lo que a consideración personal constituyen los desaciertos más notorios implementados por administraciones pasadas, llegando a la actual, en materia de seguridad pública, los cuales nos han llevado a una situación que raya en lo insostenible como consecuencia de la concatenación existente entre las mismas.
El As de tréboles:
Fue implementado por Felipe Calderón Hinojosa, quien a pesar de ser Michoacano por nacimiento, al llegar al poder declaró una guerra contra el narcotráfico sin tomar en cuenta que si bien es cierto contamos con un ejército nacional comprometido en teoría con la seguridad del país, vino a desempeñar funciones que no le correspondían si se pretende vivir –si acaso en papel- dentro de un estado constitucional de Derecho. Por principio de cuentas, porque no alcanzó a vislumbrar que las fuerzas armadas ya se encontraban infiltradas por grupos criminales. Tanto es así que el grupo de crimen organizado denominado “los zetas” se encontraba inicialmente formado principalmente por miembros de elite de nuestras propias fuerzas castrenses, lo cual en principio restaba ya credibilidad a este grupo para encargarse de una función de seguridad pública. En segundo lugar, porque las vocaciones institucionales de las fuerzas armadas y las fuerzas policiales son inherentemente distintas. La injerencia de las fuerzas armadas en cuestiones de seguridad pública, según lo ha dicho la Corte Interamericana de Derechos Humanos, debe darse bajo supuestos sumamente específicos y con delimitaciones claramente marcadas, donde se dé atendiendo a circunstancias verdaderamente extraordinarias y siempre bajo el escrutinio de órganos jurisdiccionales que se encuentren fuera de la competencia militar, tema que ha sido sumamente controversial en el territorio nacional, donde la renuncia de eliminar, o cuando menos limitar el tema del fuero militar ha sido objeto de resoluciones históricas en materia de DDHH. Así, sin un escrutinio efectivo, las fuerzas castrenses operan con impunidad en un marco de inseguridad a nivel nacional.
Como Presidente de la Republica, Calderón Hinojosa no dimensionó que nuestras fuerzas armadas, a lo largo de nuestra historia siempre fueron utilizadas para cuestiones de destrucción de plantíos, combate aislado al crimen, o acciones sociales o de protección a la sociedad en casos de desastre, y su participación en conflictos bélicos externos ha sido en realidad muy limitada, lo cual en la práctica les resta preparación real ante el crimen organizado, que a lo largo de su propia trayectoria, ha estado en conflicto entre diferentes grupos por mantener su hegemonía en los territorios que presente controlar, estando a veces armados a la par o mostrando superioridad de armamento sobre las propias fuerzas armadas, a nivel local y no tomó en cuenta la superioridad económica y logística de los grupos criminales a quienes pretendía enfrentarse, y que a vista de todo mundo supera con creces los recursos de los grupos castrenses en nuestro país.
Asimismo este Presidente impulsó políticas sobre la implementación de los exámenes de control y confianza, lo que ocasionó una inestabilidad laboral en el personal policial y orilló a una deserción de buenos elementos, en el entendido que este examen no evalúa únicamente la capacidad psicológica de los elementos, sino también la física y por otra parte, cometió el grave error de adoptar el Plan Mérida, lo que ocasionó dejar atrás el sistema inquisitivo y adoptar el sistema adversarial a semejanza de los Estados Unidos de Norteamérica, ocasionado un descontrol en la impartición de justicia ya que el sistema adversarial se trata de un sistema que nuestro vecino del norte ha implementado prácticamente a lo largo de toda su historia, y se quiso implementar en México en un sexenio, dejando a la autoridad en un estado de desventaja y confusión frente a los grupos delictivos.
El As de diamantes:
Enrique Peña Nieto siguió adoptando las políticas criminales impulsadas por su antecesor, nombrando para nuestro estado a Alfredo Castillo Cervantes como Comisionado para la Seguridad y Desarrollo Integral, el cual se concretó a legitimar los grupos de autodefensa sin tomar en cuenta que en realidad eran organizaciones criminales o grupos de civiles patrocinados por el narco para ganar territorios.
Sobre la figura de Alfredo Castillo, podemos observar que no tenía ninguna noción del fenómeno delictivo imperante en Michoacán, ni de su geografía o el poder latente y protección ciudadana que operaba a favor del crimen organizado. Este personaje llegó incluso a la aberración de incluir a funcionarios de otro estado que al igual que él, desconocían la problemática de fondo y la historia delictiva de nuestro estado, no logrando erradicar a la delincuencia organizada sino la desintegración de grupos principales que se desbandaron en células con hambre de poder, que ahora libran guerras por mantener el control de los territorios estatales.
El As de corazones:
En la administración actual, uno de los principales problemas fue el perdón, el decir que había terminado la guerra y algunas frases dicharacheras como “abrazos y no balazos”, así como el nombramiento de Alfonso Durazo Montaño como director de Seguridad y Protección ciudadana, cuyo curriculum no da para más que un simple vocero de cualquier administración, hecho que quedó muy en claro con la captura y libertad de Ovidio Guzmán López a mediados del año pasado, entre otros tropiezos graves en materia de seguridad pública.
Otro de sus errores fue la creación de la Guardia Nacional, donde se retoman los pecados de administraciones pasadas, y donde lejos de tener grupos capacitados y especializados para enfrentar de manera eficaz al crimen organizado, todo se concretó lisa y llanamente a un cambio de logotipo y uniforme para los elementos que conforman esta agrupación. Sin quitar sus vicios, sus malas formas ni desvincularlos con los compromisos que puedan tener con las organizaciones criminales.
En todo esto podemos resumir que en realidad, y al menos en estas tres últimas administraciones, no hemos contado con una autoridad que ataque el problema de fondo, que tenga acciones firmes y decididas para enfrentar el fenómeno delictivo, que tenga la capacidad física, económica, moral y operativa para poder hacer frente, y todo se reduzca, en una simple intención de hacer las cosas bien, que en temas de seguridad no basta.
Todos entendemos que la seguridad por su naturaleza es cara, en cuestiones económicas y atendiendo a las vidas humanas que engloba, pero en palabras de grandes tratadistas la inseguridad es aún más costosa, y eso está ocasionando que el estado mexicano viva en una constante incertidumbre por el incremente desmesurado en los principales indicadores delictivos y de seguridad.
Sobre este tema, debemos considerar varios aspectos. El primero de ellos lo es que la seguridad no es un tema que se pueda aplicar de manera global, sino local y personal, que la seguridad no es necesariamente una ausencia de delitos, sino que debe tomarse en cuenta adicionalmente la percepción social, que la seguridad debe ser inclusiva, con la participación de la sociedad y las organizaciones encargadas de la procuración de justicia, por así decirlo aún no hemos logrado esos objetivos y en la forma en que estamos solapando en los anteriores y este gobierno lo que nos intentan vender como seguridad no nos ha beneficiado en nada, y nos hace –triste e involuntariamente- coparticipes del crimen organizado.