05/05/2026
Todos hemos estado ahí. El teléfono suena. Te quieren vender algo. Otra vez.
Un hombre en Leeds, Inglaterra, decidió que ya era suficiente.
Pero en lugar de ignorarlos, bloquearlos o colgar, hizo algo mucho más inteligente.
Les cobró.
Lee Beaumont pagó el equivalente a 15 dólares para crear una línea telefónica premium. Desde ese momento, cada llamada que recibía costaba 10 peniques por minuto al que llamaba, de los cuales él se quedaba 7.
Le dio ese número a su banco, a sus compañías de servicios, a todas las empresas que le pedían contacto. Sus amigos y familia tenían su número normal.
Y entonces pasó algo que no esperaba.
Beaumont empezó a disfrutar las llamadas de ventas por teléfono. Las alargaba. Les hacía preguntas, hacía como que le interesaba los productos que vendían pero nunca compraba.. Los mantenía en línea el mayor tiempo posible. Cuanto más hablaban, más ganaba.
Con el tiempo acumuló casi 2,500 dólares solo de llamadas no deseadas.
Y hubo un efecto secundario que vale más que el dinero.
Las llamadas que recibía bajaron de 30 al mes a solo 13. Cuando los vendedores se dieron cuenta de que llamarle les costaba dinero, dejaron de hacerlo.
Un hombre que encontró la única solución que realmente funciona contra el telemarketing: hacer que les cueste dinero llamarlo.
No bloqueó nada. No se quejó. No cambió de número.
Solo cambió las reglas del juego.
Y ganó.