23/08/2018
COLUMNA DE GUILLERMO RAÚL ZEPEDA LECUONA
Fiscalía Autónoma y los Desafíos
La fiscalía autónoma es una condición necesaria más no suficiente para construir las políticas de procuración de justicia que se requieren para revertir el espiral de impunidad, corrupción e ineficiencia. La agenda de refiere mucho más que la autonomía de la fiscalía, implica una ruta de transformación institucional y de políticas.
Además del diseño institucional, se propone que cuente con un presupuesto suficiente que se encuentre fijado en la propia norma constitucional. De igual forma, la designación del titular del ministerio público demanda construir la definición de las competencias que requiere el cargo y buscar los perfiles que correspondan a la encomienda de proteger los derechos; conocer el sistema acusatorio, y tener la capacidad para implementar un nuevo modelo de gestión y mejores políticas de persecución penal.
También el proceso de designación es clave. En Jalisco el esquema que se usó para la designación del fiscal anticorrupción, con amplia participación social es un buen ejemplo de un proceso que reduce el número de aspirantes atendiendo a su perfil, acotando a los mejores a la decisión del Congreso. Yo soy de la idea de que el Gobernador podría seleccionar una terna de los cinco o seis aspirantes mejor evaluados por el Comité de Participación Social, de la que el Congreso del Estado, por mayoría calificada designaría al titular.
Si este esquema busca blindar a la Fiscalía de sujeción política y presiones exteriores, construir un sólido servicio profesional de carrera para el personal de la fiscalía para que tengan la autonomía técnica y la estabilidad laboral que les blinde de las presiones de los directivos de la Fiscalía. Meticulosos esquemas de reclutamiento y concursos de oposición. Espero más de esta autonomía interna que de la externa.
Los mecanismos de control externos (órganos internos de control, consejos y observatorios ciudadanos) e internos (contraloría, asuntos internos, comité del servicio profesional y disciplinario) complementarían la consolidación de este esquema de incentivos dentro de la autonomía.
Fundamental también es la transparencia y rendición de cuentas de la fiscalía y mantener la autonomía de los servicios periciales. Además, es imprescindible realizar una profunda reingeniería de procesos, adoptar modelos de gestión y esquemas de trabajo e investigación modernos.
Como se ve, la autonomía es apenas uno de los elementos de reforma en el desafío de tener una fiscalía que sirva. Por ejemplo, comparando el estudio sobre el grado de autonomía de las fiscalías realizado por CIDAC, con el Índice de Desempeño de las Procuradurías de Impunidad Cero y Jurimetría, tenemos que muchas de las fiscalías con peor desempeño ya cuentan con fiscalías autónomas (Puebla, Guerrero y el Estado de México); en tanto que en el top ten del desempeño, la única fiscalía autónoma es la de Querétaro.
Por ello, en Jalisco la fiscalía autónoma no es un fin en sí mismo. Tenemos que, además de ganar legitimidad e independencia para el titular de la fiscalía, cerciorarnos de una adecuada selección de capital humano (ahora que se proponen 180 nuevas plazas, que sean concursadas) establecer un servicio civil de carrera; invertir más (somos de las fiscalías con menos MPs por cada 100 mil habitantes y recursos presupuestarios por debajo de la media nacional); adoptar modelo de gestión y esquemas de trabajo (como las unidades de investigación) y desarrollar el potencial de la justicia alternativa, para dejar de ser la peor fiscalía en investigación: en Jalisco solo se resuelve 5.4% de las carpetas de investigación. La autonomía de la fiscalía es un paso fundamental, pero debe estar inserta en un amplio y ambicioso programa de reforma institucional de todo el sistema de justicia para terminar con los rezagos institucionales y la injustica que se han vuelto intolerables.
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