09/17/2026
Hablar de Dios no significa que ya tenga todo resuelto. No significa que nunca caiga, que siempre tome las decisiones correctas o que mi vida sea un ejemplo perfecto de lo que digo.
También estoy en camino. También tengo luchas, debilidades, momentos en los que me equivoco y cosas que todavía necesito entregar y aprender.
Mi fe no nace de creerme perfecto, sino de reconocer cuánto necesito de Dios. Cada día es una nueva oportunidad para volver a Él, pedir perdón, dejarme transformar por su gracia y seguir aprendiendo a vivir conforme a su voluntad.
No hablo de Dios porque sea santo. Hablo de Dios porque sé cuánto lo necesito y porque, aun con mis debilidades, quiero seguir caminando hacia Él.
La conversión no sucede una sola vez. Es un camino de cada día.