07/12/2025
Hace unos días leí las declaraciones de Sam Altman (co-creador de ChatGPT), sobre cuál será el primer trabajo reemplazado por la IA. Ni médicos. Ni abogados.
Según él, los primeros en desaparecer serán los roles de soporte al cliente, porque la IA ya es más rápida, precisa y más tolerante al estrés.
La noticia me dejó pensando en algo que está pasando a simple vista:
la discusión ya no es “si” la IA va a transformar el mundo laboral, sino quiénes van a quedar en el medio del sismo.
Acompaño a equipos que sostienen el trabajo más invisible y más crítico: el contacto humano directo. Personas que calman, explican, contienen, resuelven y sostienen la experiencia del usuario, personas cuyo trabajo suele considerarse “fácilmente automatizable”.
Y ahí está el punto central: Si el primer empleo que desaparece es el más cercano al usuario, el problema no es tecnológico. Es organizacional. Es cultural, social. Altman dice que los trabajos con fuerte interacción humana tienen más resistencia a la automatización.
Coincido… pero con una aclaración que el mercado todavía evita:
no es la interacción lo que se protege, es la capacidad de generar valor humano. Y ese valor —hoy— no se está desarrollando.
Muchas empresas hablan de IA, pero no de qué va a pasar con su gente. No hablan de reconversión, ni de nuevas habilidades, ni de acompañamiento emocional, ni de accesibilidad, ni de inclusión.
La transición ya empezó, pero algunos aún no diseñaron un camino para recorrerla. Por lo tanto el tema es: “¿qué empleo muere?”.
La pregunta es: ¿Quién está liderando el rediseño humano del trabajo?
¿Quién garantiza que la automatización no agrande la brecha, sino que la cierre?. Porque si la IA reemplaza un rol y no se desarrollan competencias nuevas, no se adaptan puestos ni se planifica movilidad interna, el resultado es inevitable: más desigualdad, más rotación, más exclusión.
El problema nunca es el puesto: es la gestión.
Hoy se necesitan organizaciones que rediseñen culturas, procesos, puestos y habilidades con una mirada integral, profesional y humana.
¿Estamos frente a una automatización que libera tiempo o que deja personas afuera?. ¿Estamos preparando a los equipos para lo que viene?. ¿Quiénes deben liderar estrategias humanas y sostenibles para esta transición?. Y muchas más que todavía no están sobre la mesa.
El futuro del trabajo no va a esperar a que las organizaciones estén listas y estas transiciones no se resuelven solas: requieren método, criterio y una mirada que entienda tanto de personas como de estrategia.
Ahí suelen empezar las conversaciones importantes, las que requieren de alguien que entienda cómo traducir sensibilidad humana en decisiones estratégicas, sin perder de vista el impacto, la cultura y los resultados.”