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El Primer Piso Programas de transformación humana desde el crear hasta el reinventar. Trabajamos 4 aspectos: Trans

Somos un ensamble de profesionales que recrea y dinamiza la conversación que hay en la mente de las personas, a la vez que desarrollamos sus habilidades de gestión, con el fin de ocasionar resultados extraordinarios y sostenibles en todo tipo de personas y organizaciones. Cuando se nos presenta la necesidad de cambiar, usualmente se piensa en la Dimensión Técnica, es decir, en el mercadeo, en nuestros sistemas, diseño de productos, procesos, nuestra competencia y todo esto es sumamente importante.

Seguramente la IA encontrará a tu próximo cliente en segundos. Pero hay algo que todavía no puede hacer por ti: 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢...
09/10/2026

Seguramente la IA encontrará a tu próximo cliente en segundos. Pero hay algo que todavía no puede hacer por ti: 𝐜𝐨𝐧𝐬𝐭𝐫𝐮𝐢𝐫 𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐚𝐧𝐳𝐚 𝐧𝐞𝐜𝐞𝐬𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐜𝐞𝐫𝐫𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐧𝐞𝐠𝐨𝐜𝐢𝐨.

Y aquí creo que tenemos un desafío interesante.

Cada día invertimos más y más en herramientas que nos permiten identificar oportunidades, investigar empresas y conocer a quienes toman decisiones.

Eso está excelente. Yo mismo trabajo con estas herramientas para desarrollar inteligencia comercial.

Pero conocer los datos de un potencial cliente no significa comprender sus necesidades.

Además, hay otro problema: cuando alguien nos encuentra a través de la IA, comienza a buscar evidencias de lo que prometemos.

Y si finalmente logramos una reunión, tenemos que demostrar nuestra capacidad de escuchar, comprender y construir una propuesta de valor.

Podemos tener un excelente posicionamiento digital y perderlo todo en una mala conversación comercial.

En mi reciente artículo de analizo dos investigaciones recientes y comparto algunos ejemplos sobre cómo conectar inteligencia artificial, credibilidad y relaciones humanas para generar negocios.

Me interesa especialmente una pregunta:

¿Estamos desarrollando nuestras habilidades para conectar con las personas al mismo ritmo que incorporamos inteligencia artificial?

Los invito a leerlo y compartir sus experiencias.

https://www.linkedin.com/pulse/la-ia-puede-encontrar-al-cliente-pero-conexi%25C3%25B3n-de-es-el-ch%25C3%25A1vez-rosas-mqabf

¿Estás publicando el doble gracias a la IA? Wowww felicitaciones.... Luego ves el resultado y te das cuenta que tu merca...
25/09/2026

¿Estás publicando el doble gracias a la IA? Wowww felicitaciones....
Luego ves el resultado y te das cuenta que tu mercado te presta cada vez menos atención...
Y se viene la paranoia.
Esto se ve cada día más hoy... textos perfecto, correctos, súper profesionales y aun así no consiguen una reunión, un comentario útil o un contrato.
Lo que leo hoy es un feed que se llenó de frases que suenan bien y no dicen nada: “desbloquear sinergias”, “ser resilientes en un entorno dinámico”. La gente ya lo huele. Lo confieso.. a veces me da "fiaca" o "ladi..." revisarlo.
Y cuando uno se cansa, deja de confiar.
En mi reciente nota en Comunica con Ramón planteo por qué el problema radica en delegarle el pensamiento a un bot.
Además, te dejo 3 acciones concretas para apagar el piloto automático, recuperar tu voz y que tu mensaje se pueda verificar, no solo leer.
https://www.linkedin.com/pulse/la-rutina-comunicacional-de-ia-te-est%25C3%25A1-costando-valor-ch%25C3%25A1vez-rosas-wt2xf

Abrí mi LinkedIn hoy y leí las primeras cinco publicaciones del día. Noté que en tres de ellas utilizan palabras como "en el dinámico mundo de hoy", "desbloqueando sinergias", o "es fundamental ser resilientes".

Una queja en Facebook sobre el sabor de un producto terminó en la detención de una consumidora, un escándalo nacional y ...
18/09/2026

Una queja en Facebook sobre el sabor de un producto terminó en la detención de una consumidora, un escándalo nacional y una empresa defendiendo su reputación durante meses.

El producto nunca fue el problema. La respuesta sí lo fue. Esta semana en "Comunica con Ramón" hablo sobre un tema que me apasiona, gestión de crisis en la era digital, y una idea central que muchas organizaciones todavía no incorporan: la velocidad sin exactitud sale más cara que la demora.

Lee la nota completa aquí 👇
https://www.linkedin.com/pulse/crisis-digital-por-qu%25C3%25A9-la-velocidad-sin-exactitud-m%25C3%25A1s-ch%25C3%25A1vez-rosas-mafsf

La distancia entre la credibilidad de una empresa y el colapso de su reputación puede ser sorprendentemente corta. Una denuncia, un reclamo de cliente o una afirmación engañosa pueden captar atención masiva antes de que la organización haya tenido siquiera la oportunidad de establecer qué pas....

"Aprovecha que estamos mandando el correo y diles también esto..."Es probablemente una de las frases más destructivas en...
11/09/2026

"Aprovecha que estamos mandando el correo y diles también esto..."

Es probablemente una de las frases más destructivas en la comunicación de liderazgo.

Siempre pasa. El CEO o director quiere ser "eficiente" y decide meter una evaluación de desempeño, un cambio de proceso operativo y un pedido de retroalimentación sobre el clima laboral, todo en un solo comunicado.

Capaz que la intención es buena. Pero ¿y ¿el resultado? Nadie te prestó atención. La gente lo lee y no sabe si tiene que reaccionar, opinar, esperar o simplemente darse por enterada. Y ante esa ambigüedad, el empleado de primera línea simplemente se desconecta.

En mi reciente artículo para analizo por qué los mensajes corporativos se rompen antes de salir y cómo la "comunicación multipropósito" es el camino más rápido hacia la inacción.

La lección para cualquier equipo directivo es simple: si antes de enviar un mensaje difícil te das cuenta de que necesitas que el receptor entienda, sienta y haga tres cosas distintas... no tienes un mensaje. Tienes varios. Y debes tratarlos como tales.

Te explico cómo desarmar esta trampa y generar resultados (con un caso real de Ragan Communications) en el artículo de hoy.

👉 Lee la nota completa aquí:
https://www.linkedin.com/pulse/y-s%25C3%25AD-veces-como-l%25C3%25ADder-de-tu-empresa-quieres-decir-en-un-ch%25C3%25A1vez-rosas-3gc6f

Siempre pasa. El CEO de la compañía quiere ser preciso con su mensaje.

¿Te pasa que el discurso de   dice: "innoven", pero el sistema real de la empresa grita: "No se arriesguen". ¿A quien cr...
04/09/2026

¿Te pasa que el discurso de dice: "innoven", pero el sistema real de la empresa grita: "No se arriesguen". ¿A quien creerle?

Las organizaciones comunican mucho más mediante sus decisiones operativas que mediante sus manuales de marca. De nada sirve un grandioso comunicado si la experiencia del empleado o del cliente contradice cada palabra.

Acabo de publicar una nueva nota en Pulse donde te cuento por qué la comunicación corporativa contemporánea ya no es un arte "blando" de relaciones públicas, sino el músculo duro que alinea a tu equipo para ejecutar tu estrategia de negocios.

Si tu comunicación no produce significado, confianza y acción, es solo ruido.

🔗 Lee la nota completa acá
https://www.linkedin.com/pulse/una-comunicaci%C3%B3n-resultadista-ramon-ch%C3%A1vez-rosas-oekcf

Una buena comunicación hace unos años atrás era aquella que estaba bien escrita, ordenada, políticamente correcta y con un tono "profesional". Ese criterio gramatical sigue siendo necesario, pero seamos sinceros: Hoy no alcanza esto.

En junio me pasó algo que después de reflexionarlo, me genera escribir esta nota: un líder brillante vio cómo un cambio ...
28/08/2026

En junio me pasó algo que después de reflexionarlo, me genera escribir esta nota: un líder brillante vio cómo un cambio regulatorio destruyó su estrategia anual en los primeros días de junio.

Su primera reacción fue negarlo. La segunda, la ira. Yo acompañando el proceso. Pasaron semanas tratando de vencer una realidad que ya había cambiado, quemando energía y dinero de la empresa.

Le faltaba una habilidad que hoy pesa más que cualquier plan perfecto: la adaptabilidad.

Y no, adaptarse no es decir que sí a todo ni improvisar sin criterio. Es saber distinguir qué no se negocia (tus valores, la calidad de tu servicio) de qué sí puede cambiar (el método, el canal, el cronograma).

En mi nota semanal comparto los 4 pasos concretos para entrenar ese músculo, el que hoy separa a las empresas que se rigidizan y sufren, de las que se adaptan y sostienen el negocio.

👉 Léela completa aquí (y te invito a guardar la infografía que te hice dentro de la nota porque te servirá en algún momento):

https://www.linkedin.com/pulse/el-s%25C3%25BAperpoder-que-tienen-tener-los-l%25C3%25ADderes-de-hoy-en-ch%25C3%25A1vez-rosas-jntsf

¿Cuál de los 4 pasos te cuesta más poner en práctica cuando el plan se cae?

Lo que veo que más adoran los líderes de empresas es, sin duda,los planes de negocio. Se quiere tener todo bajo control y para eso se diseñan los diagramas de Gantt más increíbles, trazamos presupuestos anuales en detalle y delineamos las estrategias más perfectas para un mundo Disney.

Tu CEO cree que en la última reunión todos salieron alineados y listos para actuar como un solo equipo..... No fue así.U...
21/08/2026

Tu CEO cree que en la última reunión todos salieron alineados y listos para actuar como un solo equipo..... No fue así.

Uno de los asuntos que los líderes de empresas deben atender son el manejo correcto de sus conversaciones. Porque creen que todos los entendieron, cuando en realidad nadie entendió y, más interesante aún, nadie se lo creyó.

Mientras esto sucede puertas adentro, afuera se premia exactamente lo contrario: el contenido de ejecutivos visibles genera 4 veces más interacción en LinkedIn, y el 95% de los "hidden buyers" son más receptivos cuando hay un líder creíble detrás de la marca.

La incoherencia entre ambas realidades no se sostiene mucho tiempo.

Lee la nota completa esta semana en "Comunica con Ramón" 👇
https://www.linkedin.com/pulse/por-qu%25C3%25A9-el-ceo-cree-que-todos-lo-entienden-cuando-en-es-ch%25C3%25A1vez-rosas-g9kjf

¿Tu organización mide si el mensaje del liderazgo realmente se entiende, o solo si se envió?

La creencia del CEO es que todos salen de la reunión alineados y empoderados para actuar como uno solo y esto no es así. El dato que revela el IC Index 2026, un estudio del Institute of Internal Communication junto con Ipsos Karian and Box, realizado sobre 5.

La verdad es que ya suena como medio "cansón" eso de lanzar a los 4 vientos que vamos a salvar al planeta. Sin que te de...
31/07/2026

La verdad es que ya suena como medio "cansón" eso de lanzar a los 4 vientos que vamos a salvar al planeta.

Sin que te des cuenta te hace perder credibilidad y te mete en el s**o de los que hablan de lo que todo el mundo habla.

Lo cierto es que cada vez más lo lejano pierde fuerza frente a lo que se puede tocar y sentir. Esto representa para las Pymes la oportunidad estratégica más grande para diferenciarse con autenticidad.

En mi reciente nota de Comunica con Ramón analizo por qué lo humano cercano se convirtió en la ventaja competitiva definitiva.

👇 Lee la nota aquí.

https://www.linkedin.com/pulse/impacto-social-como-ventaja-competitiva-ramon-ch%25C3%25A1vez-rosas-hkt3f/

En el mundo de la consultoría estratégica y la comunicación corporativa nos hemos acostumbrado a escuchar discursos grandilocuentes relacionados con la agenda global y cómo las las empresas para ser relevantes tenían la misión de salvar al planeta, neutralizar la huella de carbono antes de 203...

¿Sientes que lideras a varias generaciones, rindes cuentas a una Casa Central desconectada y además debes gestionar los ...
24/07/2026

¿Sientes que lideras a varias generaciones, rindes cuentas a una Casa Central desconectada y además debes gestionar los egos de tu equipo?

La realidad es que los líderes de hoy viven en constante desgaste silencioso. Un tema que viene del choque constante de realidades y expectativas.

Es imposible "contentar a todos"... porque al hacerlo el agotamiento se acelera.

En mi reciente artículo en , desgloso algunos tips para dejar de administrar fricciones y empezar a generar una verdadera unidad de propósito.

👉 Lee la nota completa y transforma la tensión en resultados aquí.
https://www.linkedin.com/pulse/c%C3%B3mo-generar-unidad-cuando-las-realidades-chocan-ramon-ch%C3%A1vez-rosas-gisgf

Los líderes de empresas en Latinoamérica atraviesan una tormenta. Navegar la inestabilidad económica y los cambios de mercado, mientras libran la batalla silenciosa y diaria dentro de sus propias estructuras.

𝐄𝐥 𝐡𝐢𝐥𝐨 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐄𝐥 𝐂𝐚𝐟𝐞𝐭𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝟏𝟗𝟖𝟔 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐚𝐳𝐨 𝐝𝐞 𝐡𝐨𝐲Normalmente nos encontramos los viernes. Pero hay días e...
15/07/2026

𝐄𝐥 𝐡𝐢𝐥𝐨 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐄𝐥 𝐂𝐚𝐟𝐞𝐭𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝟏𝟗𝟖𝟔 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐚𝐳𝐨 𝐝𝐞 𝐡𝐨𝐲

Normalmente nos encontramos los viernes. Pero hay días en que la realidad se acelera, la pasión desborda la agenda y el calendario editorial tiene que rendirse ante la historia. Hoy no es un miércoles cualquiera. Hoy la Argentina se juega el pase a la gran final de la Copa del Mundo frente a Inglaterra, con España esperando en el último escalón.

Hay partidos que son solo fútbol; hay otros que son un viaje en el tiempo. Y hoy, antes de que ruede la pelota, necesito invitarlos a mirar este partido a través de mis ojos. De los ojos de alguien que aprendió a amar este deporte no por moda, sino como un rito de graduación de vida.

Normalmente nos encontramos los viernes. Pero hay días en que la realidad se acelera, la pasión desborda la agenda y el calendario editorial tiene que rendirse ante la historia. Hoy no es un miércoles cualquiera. Hoy la Argentina se juega el pase a la gran final de la Copa del Mundo frente a Inglaterra, con España esperando en el último escalón.

Hay partidos que son solo fútbol; hay otros que son un viaje en el tiempo. Y hoy, antes de que ruede la pelota, necesito invitarlos a mirar este partido a través de mis ojos. De los ojos de alguien que aprendió a amar este deporte no por moda, sino como un rito de graduación de vida.

𝐄𝐥 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐭𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐫𝐨𝐦𝐚𝐧𝐜𝐞 𝐭𝐚́𝐜𝐭𝐢𝐜𝐨
Para los que me conocen, saben bien que no sigo el fútbol únicamente cuando se enciende la pantalla de un Mundial. Lo sigo siempre, a donde sea. Me fascina sentarme a diseccionar el juego, a entender los movimientos, a analizar la pizarra. Salvo cuando juegan el Barcelona o la selección argentina, momentos en los que el corazón secuestra por completo al estratega, mi mirada siempre busca la táctica.

Mi memoria futbolística tiene estaciones muy claras:

- 1978: El primer destello, el recuerdo primario de una Argentina consagrándose por primera vez y mi papá llevándome a comprar la revista El Gráfico todos los sábados al kiosko del Sur que estaba en la Av. Casanova de Sabana Grande, una revista que ya sentaba mis gustos por analizar este deporte de otra manera.
- 1982: El mundial donde profundicé mis conocimientos, donde el juego dejó de ser solo un juego para convertirse en una obsesión de estudio. Allí descubrí cómo Paolo Rossi, eliminé a uno de los mejores equipos que pasó por un Mundial, aquel Brasil de Zico.
- 1986: La apoteosis. Mi graduación definitiva como amante de este maravilloso deporte.

Aquel año de 1986 lo viví en El Cafetal, una zona residencial de clase media en Caracas. Vivía en un edificio donde mi vecina de abajo me decía, entre risas y resignación, que ella sabía perfectamente los domingos muy temprano cuando Maradona marcaba un gol. Escuchaba el retumbar de mis pasos corriendo desesperado desde mi cuarto hacia la cocina, cruzando la sala como un torbellino, para terminar en el balcón del apartamento gritando con el alma: ¡Qué grande!

La historia y el tiempo después me jugarían la mala pasada de ver caer al ídolo humano. Para mí, un ídolo lo es dentro y fuera de la cancha; cuando esa coherencia se rompe, el ídolo llega a su fin. Pero lo cortés no quita lo valiente: ningún jugador en la historia del fútbol ha tenido un prime tan ridículamente alto en una Copa del Mundo como el que Diego tuvo en tierras mexicanas.

𝐘 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐨́ 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐟𝐢́𝐬𝐢𝐜𝐚 𝐬𝐞 𝐫𝐢𝐧𝐝𝐢𝐨́ 𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐢́𝐫𝐢𝐜𝐚
Así llegamos al mítico Argentina-Inglaterra de 1986. En ese entonces, a la distancia y con mi juventud a cuestas, yo no entendía, ni me interesaba un carajo el tema de las Malvinas. Hoy, después de vivir en este grandioso país que amo, de caminar sus calles, de respirar su historia y de amarlo profundamente entiendo que ese dolor es una fibra que solo se comprende viviendo acá. Para el resto del mundo, aquello es una anécdota geopolítica; para el argentino, es una herida abierta.

Pero en ese momento, yo viví el partido como lo que era (y lo que es): fútbol en su estado más puro. En mi incipiente análisis táctico, intuía una verdad que hoy sigue siendo universal: si Argentina ponía la pelota al ras del piso, Inglaterra lo iba a sufrir. A los equipos ingleses, históricamente físicos y estructurados, los destruye la gambeta, el toque corto, la improvisación y la imaginación.

Llegó el primer gol. El de la mano de ¿Dios?. Y voy a ser completamente honesto: no lo grité. No me gustó la forma. Aunque la selección merecía ir ganando por cómo estaba jugando, ese no es el tipo de fútbol que me representa ni el estilo de goles que celebro. Así que guardé silencio, me contuve porque intuía que algo grande se venía.

Pero minutos más tarde, el fútbol decidió regalarle un templo a la eternidad.

El "Negro" Enrique se la pasa a Diego en mitad de cancha. Lo que siguió fue la apoteosis. Con una claridad mental absoluta, Maradona empezó a desparramar ingleses por el césped como si fuesen conos de entrenamiento. Yo estaba solo en mi cuarto, mirando la transmisión de RCTV. Siempre me gustó ver los partidos importantes en soledad (años después, mi jefe Félix Allemann en Nestlé no lograba comprender por qué prefería quedarme en casa solo a ver una final de Champions del Barça contra el Manchester United en lugar de ir a verla con el Comité de Dirección en su casa con una pantalla súper gigante).

El relator era el gran Lázaro Candal, un imán del rating en Venezuela con su eterno: “¿Qué hiciste, papaíto?”. Creo que Lázaro, al igual que yo desde el primer segundo en que Diego pisó el balón y giró sobre su propio eje, supo que eso terminaría en gol. Lázaro no dijo frases como Barrilete cósmico o de que planeta viniste. Solo le bastó decir de una forma simple ¡Que gol mamá!

Cuando la pelota tocó la red, me disparé a correr por toda la casa. Corrí tanto y con tanta fuerza que sentí que me desvanecía en la sala. Ese gol, el mejor de la historia de los Mundiales, valía por los dos del partido. Redimía cualquier imperfección anterior.

𝐄𝐥 𝐞𝐥𝐞𝐜𝐭𝐫𝐨𝐜𝐚𝐫𝐝𝐢𝐨𝐠𝐫𝐚𝐦𝐚 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥
Por supuesto, como somos argentinos, no podíamos ganar sin drama. Gary Lineker, quien luego se convertiría en otro de mis ídolos cuando vistió la camiseta del Barça, puso el 2-1. Y ahí empezó el sufrimiento.

¿Y qué? Así es este país. Se gana, pero se sufre. Es un electrocardiograma constante. De hecho, años más tarde, cuando venían visitas de Suiza a la oficina, yo les explicaba la economía argentina exactamente de esa manera: un electrocardiograma que sube y baja a una velocidad pasmosa, donde el suelo y el cielo están a un segundo de distancia.

Al terminar el partido, bajé corriendo del apartamento a buscar a mis amigos. Recuerdo ver a Gregorio, uno de mis grandes panas que también compartía ese lazo con Argentina, celebrando como loco. Al cruzar la puerta del edificio, volví a lanzar al aire aquel grito: ¡Qué grande! Lo recuerdo hoy, cuarenta años después, con una nitidez que asusta. El bulevar de El Cafetal era una locura hermosa, lleno de caravanas y gente agitando banderas argentinas que no sé de dónde demonios habían sacado, porque en esa época no se conseguían a la vuelta de la esquina.

Ese día comencé a ver el fútbol como el fenómeno social definitivo. Es un catalizador de emociones sin igual. Podemos estar tristes, golpeados por la realidad, agobiados en nuestras finanzas o cansados de la rutina, pero la adrenalina y la pasión que genera un partido de fútbol no la provoca ningún otro acontecimiento sobre la faz de la Tierra.

𝐂𝐮𝐚𝐫𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬, 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐦𝐢𝐬𝐚
Hoy, cuatro décadas después de aquella tarde en Caracas, me toca vivir este enfrentamiento otra vez. El escenario es distinto, mi geografía es distinta, pero la esencia táctica es exactamente la misma. Eso sí, ahora lo veo con mi familia, cada uno con sus ritos, Mi esposa me dice que prefiere no verlo, lee con la tele prendida cerca; Isa con su camiseta y su sonrisa eterna estará feliz, pase lo que pase; Andrea se pone la camisa de la selección allá en Santiago y parece que hincha sola contra el mundo, y Dani cabulera como nadie, se va a casa de sus amigas de baile, se sientan en las mismas posiciones que el día que Di María sentenció la Copa América del 2022 y parece que con eso vamos todavía.

Hoy mantengo la misma premisa; sigo convencido de que si el mediocampo de Argentina (que ha estado por debajo de sus pergaminos en esta Copa) logra adueñarse de la pelota, ponerla contra el cesped y hacerla circular con paciencia e imaginación, Inglaterra va a volver a sufrir. Es verdad que este equipo inglés llega un poquitito mejor armado y con un bloque sólido, pero este deporte no sabe de lógicas previas.

Hoy podemos volver a pedirle un milagro más a Messi y a toda la banda, porque aunque muchos se empeñen en personalizarlo Argentina tiene un equipo real y un proceso detrás, no es solo un hombre.

Hoy juega la selección. Y quién sabe... tal vez en unas horas, estemos todos juntos gritando otra vez al cielo: ¡Qué grande!

Y si no lo gritamos, no importa ¿Qué más se le puede pedir a estos muchachos? que ya nos hicieron ilusionar bastante.

Nos vemos en la cancha.

🎙️🧠 El fútbol no se juega con el cuerpo; el cuerpo es solo el instrumento del cerebro. Se juega con la mente, con el espacio y, sobre todo, con la memoria emocional de un pueblo.


Para los que me conocen, saben bien que no sigo el fútbol únicamente cuando se enciende la pantalla de un Mundial. Lo sigo siempre, a donde sea. Me fascina sentarme a diseccionar el juego, a entender los movimientos, a analizar la pizarra. Salvo cuando juegan el Barcelona o la selección argentina, momentos en los que el corazón secuestra por completo al estratega, mi mirada siempre busca la táctica.

Mi memoria futbolística tiene estaciones muy claras:

1978: El primer destello, el recuerdo primario de una Argentina consagrándose por primera vez y mi papá llevándome a comprar la revista El Gráfico todos los sábados al kiosko del Sur que estaba en la Av. Casanova de Sabana Grande, una revista que ya sentaba mis gustos por analizar este deporte de otra manera.
1982: El mundial donde profundicé mis conocimientos, donde el juego dejó de ser solo un juego para convertirse en una obsesión de estudio. Allí descubrí cómo Paolo Rossi, eliminé a uno de los mejores equipos que pasó por un Mundial, aquel Brasil de Zico.
1986: La apoteosis. Mi graduación definitiva como amante de este maravilloso deporte.

Aquel año de 1986 lo viví en El Cafetal, una zona residencial de clase media en Caracas. Vivía en un edificio donde mi vecina de abajo me decía, entre risas y resignación, que ella sabía perfectamente los domingos muy temprano cuando Maradona marcaba un gol. Escuchaba el retumbar de mis pasos corriendo desesperado desde mi cuarto hacia la cocina, cruzando la sala como un torbellino, para terminar en el balcón del apartamento gritando con el alma: ¡Qué grande!

La historia y el tiempo después me jugarían la mala pasada de ver caer al ídolo humano. Para mí, un ídolo lo es dentro y fuera de la cancha; cuando esa coherencia se rompe, el ídolo llega a su fin. Pero lo cortés no quita lo valiente: ningún jugador en la historia del fútbol ha tenido un prime tan ridículamente alto en una Copa del Mundo como el que Diego tuvo en tierras mexicanas.

Y llegó el día en que la física se rindió ante la lírica
Así llegamos al mítico Argentina-Inglaterra de 1986. En ese entonces, a la distancia y con mi juventud a cuestas, yo no entendía, ni me interesaba un carajo el tema de las Malvinas. Hoy, después de vivir en este grandioso país que amo, de caminar sus calles, de respirar su historia y de amarlo profundamente entiendo que ese dolor es una fibra que solo se comprende viviendo acá. Para el resto del mundo, aquello es una anécdota geopolítica; para el argentino, es una herida abierta.

Pero en ese momento, yo viví el partido como lo que era (y lo que es): fútbol en su estado más puro. En mi incipiente análisis táctico, intuía una verdad que hoy sigue siendo universal: si Argentina ponía la pelota al ras del piso, Inglaterra lo iba a sufrir. A los equipos ingleses, históricamente físicos y estructurados, los destruye la gambeta, el toque corto, la improvisación y la imaginación.

Llegó el primer gol. El de la mano de ¿Dios?. Y voy a ser completamente honesto: no lo grité. No me gustó la forma. Aunque la selección merecía ir ganando por cómo estaba jugando, ese no es el tipo de fútbol que me representa ni el estilo de goles que celebro. Así que guardé silencio, me contuve porque intuía que algo grande se venía.

Pero minutos más tarde, el fútbol decidió regalarle un templo a la eternidad.

El "Negro" Enrique se la pasa a Diego en mitad de cancha. Lo que siguió fue la apoteosis. Con una claridad mental absoluta, Maradona empezó a desparramar ingleses por el césped como si fuesen conos de entrenamiento. Yo estaba solo en mi cuarto, mirando la transmisión de RCTV. Siempre me gustó ver los partidos importantes en soledad (años después, mi jefe Félix Allemann en Nestlé no lograba comprender por qué prefería quedarme en casa solo a ver una final de Champions del Barça contra el Manchester United en lugar de ir a verla con el Comité de Dirección en su casa con una pantalla súper gigante).

El relator era el gran Lázaro Candal, un imán del rating en Venezuela con su eterno: “¿Qué hiciste, papaíto?”. Creo que Lázaro, al igual que yo desde el primer segundo en que Diego pisó el balón y giró sobre su propio eje, supo que eso terminaría en gol. Lázaro no dijo frases como Barrilete cósmico o de que planeta viniste. Solo le bastó decir de una forma simple ¡Que gol mamá!

Cuando la pelota tocó la red, me disparé a correr por toda la casa. Corrí tanto y con tanta fuerza que sentí que me desvanecía en la sala. Ese gol, el mejor de la historia de los Mundiales, valía por los dos del partido. Redimía cualquier imperfección anterior.

El electrocardiograma emocional
Por supuesto, como somos argentinos, no podíamos ganar sin drama. Gary Lineker, quien luego se convertiría en otro de mis ídolos cuando vistió la camiseta del Barça, puso el 2-1. Y ahí empezó el sufrimiento.

¿Y qué? Así es este país. Se gana, pero se sufre. Es un electrocardiograma constante. De hecho, años más tarde, cuando venían visitas de Suiza a la oficina, yo les explicaba la economía argentina exactamente de esa manera: un electrocardiograma que sube y baja a una velocidad pasmosa, donde el suelo y el cielo están a un segundo de distancia.

Al terminar el partido, bajé corriendo del apartamento a buscar a mis amigos. Recuerdo ver a Gregorio, uno de mis grandes panas que también compartía ese lazo con Argentina, celebrando como loco. Al cruzar la puerta del edificio, volví a lanzar al aire aquel grito: ¡Qué grande! Lo recuerdo hoy, cuarenta años después, con una nitidez que asusta. El bulevar de El Cafetal era una locura hermosa, lleno de caravanas y gente agitando banderas argentinas que no sé de dónde demonios habían sacado, porque en esa época no se conseguían a la vuelta de la esquina.

Ese día comencé a ver el fútbol como el fenómeno social definitivo. Es un catalizador de emociones sin igual. Podemos estar tristes, golpeados por la realidad, agobiados en nuestras finanzas o cansados de la rutina, pero la adrenalina y la pasión que genera un partido de fútbol no la provoca ningún otro acontecimiento sobre la faz de la Tierra.

Cuarenta años después, la misma premisa
Hoy, cuatro décadas después de aquella tarde en Caracas, me toca vivir este enfrentamiento otra vez. El escenario es distinto, mi geografía es distinta, pero la esencia táctica es exactamente la misma. Eso sí, ahora lo veo con mi familia, cada uno con sus ritos, Mi esposa me dice que prefiere no verlo, lee con la tele prendida cerca; Isa con su camiseta y su sonrisa eterna estará feliz, pase lo que pase; Andrea se pone la camisa de la selección allá en Santiago y parece que hincha sola contra el mundo, y Dani cabulera como nadie, se va a casa de sus amigas de baile, se sientan en las mismas posiciones que el día que Di María sentenció la Copa América del 2022 y parece que con eso vamos todavía.

Hoy mantengo la misma premisa; sigo convencido de que si el mediocampo de Argentina (que ha estado por debajo de sus pergaminos en esta Copa) logra adueñarse de la pelota, ponerla contra el cesped y hacerla circular con paciencia e imaginación, Inglaterra va a volver a sufrir. Es verdad que este equipo inglés llega un poquitito mejor armado y con un bloque sólido, pero este deporte no sabe de lógicas previas.

Hoy podemos volver a pedirle un milagro más a Messi y a toda la banda, porque aunque muchos se empeñen en personalizarlo Argentina tiene un equipo real y un proceso detrás, no es solo un hombre.

Hoy juega la selección. Y quién sabe... tal vez en unas horas, estemos todos juntos gritando otra vez al cielo: ¡Qué grande!

Y si no lo gritamos, no importa ¿Qué más se le puede pedir a estos muchachos? que ya nos hicieron ilusionar bastante.

Nos vemos en la cancha.

🎙️🧠 El fútbol no se juega con el cuerpo; el cuerpo es solo el instrumento del cerebro. Se juega con la mente, con el espacio y, sobre todo, con la memoria emocional de un pueblo.

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Avenida Libertador 8620
Buenos Aires

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Lunes 08:00 - 06:00
Martes 08:00 - 06:00
Miércoles 08:00 - 06:00
Jueves 08:00 - 06:00
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