El Primer Piso

El Primer Piso Programas de transformación humana desde el crear hasta el reinventar. Trabajamos 4 aspectos: Trans

Somos un ensamble de profesionales que recrea y dinamiza la conversación que hay en la mente de las personas, a la vez que desarrollamos sus habilidades de gestión, con el fin de ocasionar resultados extraordinarios y sostenibles en todo tipo de personas y organizaciones. Cuando se nos presenta la necesidad de cambiar, usualmente se piensa en la Dimensión Técnica, es decir, en el mercadeo, en nues

tros sistemas, diseño de productos, procesos, nuestra competencia y todo esto es sumamente importante.

¿Sientes que lideras a varias generaciones, rindes cuentas a una Casa Central desconectada y además debes gestionar los ...
24/07/2026

¿Sientes que lideras a varias generaciones, rindes cuentas a una Casa Central desconectada y además debes gestionar los egos de tu equipo?

La realidad es que los líderes de hoy viven en constante desgaste silencioso. Un tema que viene del choque constante de realidades y expectativas.

Es imposible "contentar a todos"... porque al hacerlo el agotamiento se acelera.

En mi reciente artículo en , desgloso algunos tips para dejar de administrar fricciones y empezar a generar una verdadera unidad de propósito.

👉 Lee la nota completa y transforma la tensión en resultados aquí.
https://www.linkedin.com/pulse/c%C3%B3mo-generar-unidad-cuando-las-realidades-chocan-ramon-ch%C3%A1vez-rosas-gisgf

Los líderes de empresas en Latinoamérica atraviesan una tormenta. Navegar la inestabilidad económica y los cambios de mercado, mientras libran la batalla silenciosa y diaria dentro de sus propias estructuras.

𝐄𝐥 𝐡𝐢𝐥𝐨 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐄𝐥 𝐂𝐚𝐟𝐞𝐭𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝟏𝟗𝟖𝟔 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐚𝐳𝐨 𝐝𝐞 𝐡𝐨𝐲Normalmente nos encontramos los viernes. Pero hay días e...
15/07/2026

𝐄𝐥 𝐡𝐢𝐥𝐨 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐬𝐢𝐛𝐥𝐞 𝐞𝐧𝐭𝐫𝐞 𝐄𝐥 𝐂𝐚𝐟𝐞𝐭𝐚𝐥 𝐝𝐞 𝟏𝟗𝟖𝟔 𝐲 𝐞𝐥 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐚𝐳𝐨 𝐝𝐞 𝐡𝐨𝐲

Normalmente nos encontramos los viernes. Pero hay días en que la realidad se acelera, la pasión desborda la agenda y el calendario editorial tiene que rendirse ante la historia. Hoy no es un miércoles cualquiera. Hoy la Argentina se juega el pase a la gran final de la Copa del Mundo frente a Inglaterra, con España esperando en el último escalón.

Hay partidos que son solo fútbol; hay otros que son un viaje en el tiempo. Y hoy, antes de que ruede la pelota, necesito invitarlos a mirar este partido a través de mis ojos. De los ojos de alguien que aprendió a amar este deporte no por moda, sino como un rito de graduación de vida.

Normalmente nos encontramos los viernes. Pero hay días en que la realidad se acelera, la pasión desborda la agenda y el calendario editorial tiene que rendirse ante la historia. Hoy no es un miércoles cualquiera. Hoy la Argentina se juega el pase a la gran final de la Copa del Mundo frente a Inglaterra, con España esperando en el último escalón.

Hay partidos que son solo fútbol; hay otros que son un viaje en el tiempo. Y hoy, antes de que ruede la pelota, necesito invitarlos a mirar este partido a través de mis ojos. De los ojos de alguien que aprendió a amar este deporte no por moda, sino como un rito de graduación de vida.

𝐄𝐥 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐞𝐫𝐭𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐮𝐧 𝐫𝐨𝐦𝐚𝐧𝐜𝐞 𝐭𝐚́𝐜𝐭𝐢𝐜𝐨
Para los que me conocen, saben bien que no sigo el fútbol únicamente cuando se enciende la pantalla de un Mundial. Lo sigo siempre, a donde sea. Me fascina sentarme a diseccionar el juego, a entender los movimientos, a analizar la pizarra. Salvo cuando juegan el Barcelona o la selección argentina, momentos en los que el corazón secuestra por completo al estratega, mi mirada siempre busca la táctica.

Mi memoria futbolística tiene estaciones muy claras:

- 1978: El primer destello, el recuerdo primario de una Argentina consagrándose por primera vez y mi papá llevándome a comprar la revista El Gráfico todos los sábados al kiosko del Sur que estaba en la Av. Casanova de Sabana Grande, una revista que ya sentaba mis gustos por analizar este deporte de otra manera.
- 1982: El mundial donde profundicé mis conocimientos, donde el juego dejó de ser solo un juego para convertirse en una obsesión de estudio. Allí descubrí cómo Paolo Rossi, eliminé a uno de los mejores equipos que pasó por un Mundial, aquel Brasil de Zico.
- 1986: La apoteosis. Mi graduación definitiva como amante de este maravilloso deporte.

Aquel año de 1986 lo viví en El Cafetal, una zona residencial de clase media en Caracas. Vivía en un edificio donde mi vecina de abajo me decía, entre risas y resignación, que ella sabía perfectamente los domingos muy temprano cuando Maradona marcaba un gol. Escuchaba el retumbar de mis pasos corriendo desesperado desde mi cuarto hacia la cocina, cruzando la sala como un torbellino, para terminar en el balcón del apartamento gritando con el alma: ¡Qué grande!

La historia y el tiempo después me jugarían la mala pasada de ver caer al ídolo humano. Para mí, un ídolo lo es dentro y fuera de la cancha; cuando esa coherencia se rompe, el ídolo llega a su fin. Pero lo cortés no quita lo valiente: ningún jugador en la historia del fútbol ha tenido un prime tan ridículamente alto en una Copa del Mundo como el que Diego tuvo en tierras mexicanas.

𝐘 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐨́ 𝐞𝐥 𝐝𝐢́𝐚 𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚 𝐟𝐢́𝐬𝐢𝐜𝐚 𝐬𝐞 𝐫𝐢𝐧𝐝𝐢𝐨́ 𝐚𝐧𝐭𝐞 𝐥𝐚 𝐥𝐢́𝐫𝐢𝐜𝐚
Así llegamos al mítico Argentina-Inglaterra de 1986. En ese entonces, a la distancia y con mi juventud a cuestas, yo no entendía, ni me interesaba un carajo el tema de las Malvinas. Hoy, después de vivir en este grandioso país que amo, de caminar sus calles, de respirar su historia y de amarlo profundamente entiendo que ese dolor es una fibra que solo se comprende viviendo acá. Para el resto del mundo, aquello es una anécdota geopolítica; para el argentino, es una herida abierta.

Pero en ese momento, yo viví el partido como lo que era (y lo que es): fútbol en su estado más puro. En mi incipiente análisis táctico, intuía una verdad que hoy sigue siendo universal: si Argentina ponía la pelota al ras del piso, Inglaterra lo iba a sufrir. A los equipos ingleses, históricamente físicos y estructurados, los destruye la gambeta, el toque corto, la improvisación y la imaginación.

Llegó el primer gol. El de la mano de ¿Dios?. Y voy a ser completamente honesto: no lo grité. No me gustó la forma. Aunque la selección merecía ir ganando por cómo estaba jugando, ese no es el tipo de fútbol que me representa ni el estilo de goles que celebro. Así que guardé silencio, me contuve porque intuía que algo grande se venía.

Pero minutos más tarde, el fútbol decidió regalarle un templo a la eternidad.

El "Negro" Enrique se la pasa a Diego en mitad de cancha. Lo que siguió fue la apoteosis. Con una claridad mental absoluta, Maradona empezó a desparramar ingleses por el césped como si fuesen conos de entrenamiento. Yo estaba solo en mi cuarto, mirando la transmisión de RCTV. Siempre me gustó ver los partidos importantes en soledad (años después, mi jefe Félix Allemann en Nestlé no lograba comprender por qué prefería quedarme en casa solo a ver una final de Champions del Barça contra el Manchester United en lugar de ir a verla con el Comité de Dirección en su casa con una pantalla súper gigante).

El relator era el gran Lázaro Candal, un imán del rating en Venezuela con su eterno: “¿Qué hiciste, papaíto?”. Creo que Lázaro, al igual que yo desde el primer segundo en que Diego pisó el balón y giró sobre su propio eje, supo que eso terminaría en gol. Lázaro no dijo frases como Barrilete cósmico o de que planeta viniste. Solo le bastó decir de una forma simple ¡Que gol mamá!

Cuando la pelota tocó la red, me disparé a correr por toda la casa. Corrí tanto y con tanta fuerza que sentí que me desvanecía en la sala. Ese gol, el mejor de la historia de los Mundiales, valía por los dos del partido. Redimía cualquier imperfección anterior.

𝐄𝐥 𝐞𝐥𝐞𝐜𝐭𝐫𝐨𝐜𝐚𝐫𝐝𝐢𝐨𝐠𝐫𝐚𝐦𝐚 𝐞𝐦𝐨𝐜𝐢𝐨𝐧𝐚𝐥
Por supuesto, como somos argentinos, no podíamos ganar sin drama. Gary Lineker, quien luego se convertiría en otro de mis ídolos cuando vistió la camiseta del Barça, puso el 2-1. Y ahí empezó el sufrimiento.

¿Y qué? Así es este país. Se gana, pero se sufre. Es un electrocardiograma constante. De hecho, años más tarde, cuando venían visitas de Suiza a la oficina, yo les explicaba la economía argentina exactamente de esa manera: un electrocardiograma que sube y baja a una velocidad pasmosa, donde el suelo y el cielo están a un segundo de distancia.

Al terminar el partido, bajé corriendo del apartamento a buscar a mis amigos. Recuerdo ver a Gregorio, uno de mis grandes panas que también compartía ese lazo con Argentina, celebrando como loco. Al cruzar la puerta del edificio, volví a lanzar al aire aquel grito: ¡Qué grande! Lo recuerdo hoy, cuarenta años después, con una nitidez que asusta. El bulevar de El Cafetal era una locura hermosa, lleno de caravanas y gente agitando banderas argentinas que no sé de dónde demonios habían sacado, porque en esa época no se conseguían a la vuelta de la esquina.

Ese día comencé a ver el fútbol como el fenómeno social definitivo. Es un catalizador de emociones sin igual. Podemos estar tristes, golpeados por la realidad, agobiados en nuestras finanzas o cansados de la rutina, pero la adrenalina y la pasión que genera un partido de fútbol no la provoca ningún otro acontecimiento sobre la faz de la Tierra.

𝐂𝐮𝐚𝐫𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐚𝐧̃𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐮𝐞́𝐬, 𝐥𝐚 𝐦𝐢𝐬𝐦𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐦𝐢𝐬𝐚
Hoy, cuatro décadas después de aquella tarde en Caracas, me toca vivir este enfrentamiento otra vez. El escenario es distinto, mi geografía es distinta, pero la esencia táctica es exactamente la misma. Eso sí, ahora lo veo con mi familia, cada uno con sus ritos, Mi esposa me dice que prefiere no verlo, lee con la tele prendida cerca; Isa con su camiseta y su sonrisa eterna estará feliz, pase lo que pase; Andrea se pone la camisa de la selección allá en Santiago y parece que hincha sola contra el mundo, y Dani cabulera como nadie, se va a casa de sus amigas de baile, se sientan en las mismas posiciones que el día que Di María sentenció la Copa América del 2022 y parece que con eso vamos todavía.

Hoy mantengo la misma premisa; sigo convencido de que si el mediocampo de Argentina (que ha estado por debajo de sus pergaminos en esta Copa) logra adueñarse de la pelota, ponerla contra el cesped y hacerla circular con paciencia e imaginación, Inglaterra va a volver a sufrir. Es verdad que este equipo inglés llega un poquitito mejor armado y con un bloque sólido, pero este deporte no sabe de lógicas previas.

Hoy podemos volver a pedirle un milagro más a Messi y a toda la banda, porque aunque muchos se empeñen en personalizarlo Argentina tiene un equipo real y un proceso detrás, no es solo un hombre.

Hoy juega la selección. Y quién sabe... tal vez en unas horas, estemos todos juntos gritando otra vez al cielo: ¡Qué grande!

Y si no lo gritamos, no importa ¿Qué más se le puede pedir a estos muchachos? que ya nos hicieron ilusionar bastante.

Nos vemos en la cancha.

🎙️🧠 El fútbol no se juega con el cuerpo; el cuerpo es solo el instrumento del cerebro. Se juega con la mente, con el espacio y, sobre todo, con la memoria emocional de un pueblo.


Para los que me conocen, saben bien que no sigo el fútbol únicamente cuando se enciende la pantalla de un Mundial. Lo sigo siempre, a donde sea. Me fascina sentarme a diseccionar el juego, a entender los movimientos, a analizar la pizarra. Salvo cuando juegan el Barcelona o la selección argentina, momentos en los que el corazón secuestra por completo al estratega, mi mirada siempre busca la táctica.

Mi memoria futbolística tiene estaciones muy claras:

1978: El primer destello, el recuerdo primario de una Argentina consagrándose por primera vez y mi papá llevándome a comprar la revista El Gráfico todos los sábados al kiosko del Sur que estaba en la Av. Casanova de Sabana Grande, una revista que ya sentaba mis gustos por analizar este deporte de otra manera.
1982: El mundial donde profundicé mis conocimientos, donde el juego dejó de ser solo un juego para convertirse en una obsesión de estudio. Allí descubrí cómo Paolo Rossi, eliminé a uno de los mejores equipos que pasó por un Mundial, aquel Brasil de Zico.
1986: La apoteosis. Mi graduación definitiva como amante de este maravilloso deporte.

Aquel año de 1986 lo viví en El Cafetal, una zona residencial de clase media en Caracas. Vivía en un edificio donde mi vecina de abajo me decía, entre risas y resignación, que ella sabía perfectamente los domingos muy temprano cuando Maradona marcaba un gol. Escuchaba el retumbar de mis pasos corriendo desesperado desde mi cuarto hacia la cocina, cruzando la sala como un torbellino, para terminar en el balcón del apartamento gritando con el alma: ¡Qué grande!

La historia y el tiempo después me jugarían la mala pasada de ver caer al ídolo humano. Para mí, un ídolo lo es dentro y fuera de la cancha; cuando esa coherencia se rompe, el ídolo llega a su fin. Pero lo cortés no quita lo valiente: ningún jugador en la historia del fútbol ha tenido un prime tan ridículamente alto en una Copa del Mundo como el que Diego tuvo en tierras mexicanas.

Y llegó el día en que la física se rindió ante la lírica
Así llegamos al mítico Argentina-Inglaterra de 1986. En ese entonces, a la distancia y con mi juventud a cuestas, yo no entendía, ni me interesaba un carajo el tema de las Malvinas. Hoy, después de vivir en este grandioso país que amo, de caminar sus calles, de respirar su historia y de amarlo profundamente entiendo que ese dolor es una fibra que solo se comprende viviendo acá. Para el resto del mundo, aquello es una anécdota geopolítica; para el argentino, es una herida abierta.

Pero en ese momento, yo viví el partido como lo que era (y lo que es): fútbol en su estado más puro. En mi incipiente análisis táctico, intuía una verdad que hoy sigue siendo universal: si Argentina ponía la pelota al ras del piso, Inglaterra lo iba a sufrir. A los equipos ingleses, históricamente físicos y estructurados, los destruye la gambeta, el toque corto, la improvisación y la imaginación.

Llegó el primer gol. El de la mano de ¿Dios?. Y voy a ser completamente honesto: no lo grité. No me gustó la forma. Aunque la selección merecía ir ganando por cómo estaba jugando, ese no es el tipo de fútbol que me representa ni el estilo de goles que celebro. Así que guardé silencio, me contuve porque intuía que algo grande se venía.

Pero minutos más tarde, el fútbol decidió regalarle un templo a la eternidad.

El "Negro" Enrique se la pasa a Diego en mitad de cancha. Lo que siguió fue la apoteosis. Con una claridad mental absoluta, Maradona empezó a desparramar ingleses por el césped como si fuesen conos de entrenamiento. Yo estaba solo en mi cuarto, mirando la transmisión de RCTV. Siempre me gustó ver los partidos importantes en soledad (años después, mi jefe Félix Allemann en Nestlé no lograba comprender por qué prefería quedarme en casa solo a ver una final de Champions del Barça contra el Manchester United en lugar de ir a verla con el Comité de Dirección en su casa con una pantalla súper gigante).

El relator era el gran Lázaro Candal, un imán del rating en Venezuela con su eterno: “¿Qué hiciste, papaíto?”. Creo que Lázaro, al igual que yo desde el primer segundo en que Diego pisó el balón y giró sobre su propio eje, supo que eso terminaría en gol. Lázaro no dijo frases como Barrilete cósmico o de que planeta viniste. Solo le bastó decir de una forma simple ¡Que gol mamá!

Cuando la pelota tocó la red, me disparé a correr por toda la casa. Corrí tanto y con tanta fuerza que sentí que me desvanecía en la sala. Ese gol, el mejor de la historia de los Mundiales, valía por los dos del partido. Redimía cualquier imperfección anterior.

El electrocardiograma emocional
Por supuesto, como somos argentinos, no podíamos ganar sin drama. Gary Lineker, quien luego se convertiría en otro de mis ídolos cuando vistió la camiseta del Barça, puso el 2-1. Y ahí empezó el sufrimiento.

¿Y qué? Así es este país. Se gana, pero se sufre. Es un electrocardiograma constante. De hecho, años más tarde, cuando venían visitas de Suiza a la oficina, yo les explicaba la economía argentina exactamente de esa manera: un electrocardiograma que sube y baja a una velocidad pasmosa, donde el suelo y el cielo están a un segundo de distancia.

Al terminar el partido, bajé corriendo del apartamento a buscar a mis amigos. Recuerdo ver a Gregorio, uno de mis grandes panas que también compartía ese lazo con Argentina, celebrando como loco. Al cruzar la puerta del edificio, volví a lanzar al aire aquel grito: ¡Qué grande! Lo recuerdo hoy, cuarenta años después, con una nitidez que asusta. El bulevar de El Cafetal era una locura hermosa, lleno de caravanas y gente agitando banderas argentinas que no sé de dónde demonios habían sacado, porque en esa época no se conseguían a la vuelta de la esquina.

Ese día comencé a ver el fútbol como el fenómeno social definitivo. Es un catalizador de emociones sin igual. Podemos estar tristes, golpeados por la realidad, agobiados en nuestras finanzas o cansados de la rutina, pero la adrenalina y la pasión que genera un partido de fútbol no la provoca ningún otro acontecimiento sobre la faz de la Tierra.

Cuarenta años después, la misma premisa
Hoy, cuatro décadas después de aquella tarde en Caracas, me toca vivir este enfrentamiento otra vez. El escenario es distinto, mi geografía es distinta, pero la esencia táctica es exactamente la misma. Eso sí, ahora lo veo con mi familia, cada uno con sus ritos, Mi esposa me dice que prefiere no verlo, lee con la tele prendida cerca; Isa con su camiseta y su sonrisa eterna estará feliz, pase lo que pase; Andrea se pone la camisa de la selección allá en Santiago y parece que hincha sola contra el mundo, y Dani cabulera como nadie, se va a casa de sus amigas de baile, se sientan en las mismas posiciones que el día que Di María sentenció la Copa América del 2022 y parece que con eso vamos todavía.

Hoy mantengo la misma premisa; sigo convencido de que si el mediocampo de Argentina (que ha estado por debajo de sus pergaminos en esta Copa) logra adueñarse de la pelota, ponerla contra el cesped y hacerla circular con paciencia e imaginación, Inglaterra va a volver a sufrir. Es verdad que este equipo inglés llega un poquitito mejor armado y con un bloque sólido, pero este deporte no sabe de lógicas previas.

Hoy podemos volver a pedirle un milagro más a Messi y a toda la banda, porque aunque muchos se empeñen en personalizarlo Argentina tiene un equipo real y un proceso detrás, no es solo un hombre.

Hoy juega la selección. Y quién sabe... tal vez en unas horas, estemos todos juntos gritando otra vez al cielo: ¡Qué grande!

Y si no lo gritamos, no importa ¿Qué más se le puede pedir a estos muchachos? que ya nos hicieron ilusionar bastante.

Nos vemos en la cancha.

🎙️🧠 El fútbol no se juega con el cuerpo; el cuerpo es solo el instrumento del cerebro. Se juega con la mente, con el espacio y, sobre todo, con la memoria emocional de un pueblo.

Creo que la falta de audacia para cuestionarse a uno mismo es el mayor desafío para innovar.Ayer mirando el evento Innov...
03/07/2026

Creo que la falta de audacia para cuestionarse a uno mismo es el mayor desafío para innovar.

Ayer mirando el evento Innovación | La diferencia de los que se animan, del diario La Nación, donde participaba una clienta mía como speaker, salí con una certeza que me quedó dando vueltas: 𝐬𝐨𝐥𝐨 𝐞𝐥 𝟏𝟎% 𝐝𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐨𝐫𝐠𝐚𝐧𝐢𝐳𝐚𝐜𝐢𝐨𝐧𝐞𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐜𝐚𝐩𝐭𝐮𝐫𝐚𝐧𝐝𝐨 𝐯𝐚𝐥𝐨𝐫 𝐫𝐞𝐚𝐥 𝐜𝐨𝐧 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐥𝐢𝐠𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐚𝐫𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐢𝐚𝐥. 𝐄𝐥 𝐫𝐞𝐬𝐭𝐨 𝐞𝐬𝐭𝐚́ 𝐚𝐭𝐫𝐚𝐩𝐚𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐩𝐢𝐥𝐨𝐭𝐨𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐭𝐨𝐬𝐨𝐬, 𝐞𝐱𝐩𝐞𝐫𝐢𝐦𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 𝐬𝐢𝐧 𝐫𝐞𝐭𝐨𝐫𝐧𝐨 𝐲 𝐞𝐧𝐭𝐮𝐬𝐢𝐚𝐬𝐦𝐨 𝐬𝐢𝐧 𝐝𝐢𝐫𝐞𝐜𝐜𝐢𝐨́𝐧.

¿Por qué? simplemente porque adoptaron la herramienta antes de tener claro el propósito.

En mi reciente edición de Comunica con Ramón desarrollo cinco ideas concretas para las empresas que quieren dar el salto real. Y es que la innovación real no se ve en el lanzamiento de una plataforma, si no en cómo cambia la forma en que una organización piensa y decide.

Ese es el desafío central de este momento.

Y también la oportunidad más grande que tenemos frente a nosotros.

Lee la nota completa aquí 👇
https://www.linkedin.com/pulse/cuando-pensar-distinto-hace-una-diferencia-ramon-ch%25C3%25A1vez-rosas-3frff

Hace un par de días tuva la oportunidad de seguir la transmisión del evento Innovación | La diferencia de los que se animan, organizado por La Nación, y salí con una conclusión que quisiera compartir: el mayor obstáculo para innovar en las empresas de hoy está en la falta de audacia para cue...

Hay un problema que pocas PYMEs reconocen abiertamente:Cada canal de su empresa cuenta una historia diferente.La web dic...
19/06/2026

Hay un problema que pocas PYMEs reconocen abiertamente:

Cada canal de su empresa cuenta una historia diferente.

La web dice una cosa. El vendedor dice otra. El post de Instagram tiene un tono, el email tiene otro.

Y el cliente, en algún punto de ese camino confuso, simplemente se va. Se va por desconfianza

En mi reciente artículo de , desarrollo algo que las grandes corporaciones hacen muy bien y que cualquier PYME puede construir sin gran presupuesto:

Una arquitectura de mensajes clara, coherente y resiliente.

Esto incluye:
→ Cómo definir el mensaje central de tu empresa
→ Cómo alinear todos tus canales para que hablen el mismo idioma
→ Cómo prepararte para una crisis antes de que llegue
→ Por qué la reputación no se construye con campañas, sino con consistencia

Sonar como una empresa grande no es una cuestión de presupuesto.

Es una cuestión de orden, claridad y decisión.

El artículo completo en mi news 👇
https://www.linkedin.com/pulse/c%25C3%25B3mo-comunicar-como-empresa-grande-aunque-seas-pyme-ch%25C3%25A1vez-rosas-nzuaf

Hay un problema silencioso que afecta a miles de pequeñas y medianas empresas en América Latina, y pocas lo reconocen abiertamente: cada canal de comunicación cuenta una historia diferente. La web dice una cosa.

La fatiga por IA es real. Los canales están saturados de contenido artificial y al final el consumidor/cliente valora má...
12/06/2026

La fatiga por IA es real. Los canales están saturados de contenido artificial y al final el consumidor/cliente valora más que nunca lo humano, lo auténtico y lo que evoca su propia historia.

Las empresas que entiendan el código cultural de su audiencia tendrán acceso a una frecuencia emocional que ningún presupuesto publicitario podrá comprar.

Pero para inspirarte más, te dejo aquí mi nota semanal de en

https://www.linkedin.com/pulse/dos-tendencias-que-est%25C3%25A1n-redefiniendo-c%25C3%25B3mo-las-marcas-ch%25C3%25A1vez-rosas-qdxaf

Hiper-personalización y nostalgia cultural: la combinación que en 2026 está generando hasta un 40% más de conversión. Con ejemplos reales y acciones concretas para empresas de cualquier tamaño.

Las PYMEs cuentan con algo que no tienen las grandes marcas: humanidad.Vengo de multinacionales y siempre recuerdo las a...
05/06/2026

Las PYMEs cuentan con algo que no tienen las grandes marcas: humanidad.

Vengo de multinacionales y siempre recuerdo las amarguras para las aprobaciones: que si cuidado con esta palabra, que no somos así, que si tal y cual excusa... Y esto no está mal porque deben "cuidarse de todos" y hay mucho en juego allí... pero a veces sentía que exageraban.

Y una de las ventajas que pienso que tienen las Pymes en el mundo digital es que pueden mostrar el detrás de escena de tu negocio hoy. Responder en tiempo real. Generar confianza antes de que el cliente siquiera llegue a tu sitio web.

Una agilidad que parafraseando a una tarjeta de crédito, no tiene precio... y, más importante aún, ningún presupuesto millonario la puede comprar.

En mi reciente artículo de desarrollo alguans ideas que me parecen clave para las PYMEs en los tiempos que corren.

Lo escribí pensando en dueños de negocio, líderes comerciales y equipos de marketing que quieren resultados reales, no solo métricas de vanidad.

¿Qué red social te ha dado mejores resultados concretos en tu negocio? ¿Y cuál sientes que solo te quita tiempo?

👇 El artículo completo está aquí.
https://www.linkedin.com/pulse/ser-m%25C3%25A1s-humano-es-el-activo-rentable-para-las-pymes-en-ch%25C3%25A1vez-rosas-jwbkf

¿Y si te dijera que tu obsesión por los dashboards perfectos es exactamente lo que te está desconectando de tu equipo? 📊...
29/05/2026

¿Y si te dijera que tu obsesión por los dashboards perfectos es exactamente lo que te está desconectando de tu equipo? 📊📉

Hoy, el 33% de los ejecutivos toma decisiones basándose solo en datos, pero apenas un 23% prioriza la empatía.

Estamos hiper-racionalizando la gestión y eso lleva a una ceguera directiva donde la planificación del papel es incapaz de mostrarte la pérdida de confianza o la fuga de talento.

En mi reciente nota exploro por qué el Liderazgo Narrativo es el antídoto urgente contra esto. Descubre cómo convertir datos fríos en una ventaja competitiva real frente a la IA.

👇 Lee la nota completa aquí https://www.linkedin.com/pulse/es-el-liderazgo-narrativo-ant%25C3%25ADdoto-humano-contra-la-ch%25C3%25A1vez-rosas-76zcf

Mi nota de hoy se inspira en un estudio que recientemente pasó por mis manos y que tuve la oportunidad de analiza y que, si bien pertenece a otra geografía, aplica perfectamente a nuestra región. En América Latina sabemos mejor que nadie que la realidad no siempre cabe en la hoja de planificaci....

¿Y si te dijera que firmar acuerdos de sostenibilidad para 2030 no sirve de absolutamente nada si hoy no cambias tus dec...
22/05/2026

¿Y si te dijera que firmar acuerdos de sostenibilidad para 2030 no sirve de absolutamente nada si hoy no cambias tus decisiones operativas? 🤔

En el mundo corporativo hay un debate feroz: ¿Tener un propósito realmente te hace más rentable?

Por un lado, vemos empresas reduciendo costos hasta un 15%. Por otro, estudios serios demuestran que, a veces, las iniciativas ESG tienen un impacto financiero nulo o incluso negativo.

¿Dónde está la trampa? En mi reciente nota de exploro por qué el problema no es el propósito en sí, sino confundir el "discurso" con la "gestión".

La rentabilidad no llega por publicar buenos reportes sustentables; llega cuando integras ese propósito en las decisiones difíciles del día a día. Se trata de dejar de declarar intenciones para empezar a ocasionar resultados reales.

👇 Lee el análisis completo aquí y cuéntame en los comentarios: ¿Sientes que en tu sector el propósito se usa como palanca estratégica o se quedó solo en una campaña de marketing?
https://www.linkedin.com/pulse/ser-prop%C3%B3sitivo-y-sostenible-garantiza-rentabilidad-ch%C3%A1vez-rosas-kbvsf

El debate está sobre la mesa: hay empresas que demuestran que propósito y ganancias van de la mano, y hay estudios que cuestionan esa correlación. La pregunta no es si debes ser propósitivo, sino cómo ocasionar resultados concretos desde ese propósito.

Hay conversaciones que no se evitan por falta de importancia.Se evitan porque incomodan.En muchas organizaciones, los te...
21/05/2026

Hay conversaciones que no se evitan por falta de importancia.

Se evitan porque incomodan.

En muchas organizaciones, los temas más relevantes no se hablan en una reunión formal, sino en el pasillo, en la cafetería, en un mensaje fuera de hora o en una conversación informal que descarga tensión, pero no genera alineamiento.

El problema es que cada conversación difícil postergada tiene un costo silencioso: afecta la confianza, ralentiza la ejecución y termina impactando en los resultados.

En este nuevo artículo de Conversaciones Trascendentales exploramos cómo preparar, conducir y dar seguimiento a una conversación difícil para que no quede solo en catarsis, sino que se convierta en un verdadero acto de liderazgo.

Porque una conversación difícil bien conducida no busca ganar una discusión.

Busca crear claridad, acuerdos y posibilidades distintas.

Leer el artículo completo aquí:
https://conversacionestrascendentales.com/2026/05/21/conversacion-dificil-prepararla-conducirla/

Conversaciones Trascendentales: cuando el propósito compartido es claro, lo extraordinario es posible.

Evitar una conversación difícil tiene costo: erosiona confianza, ejecución y resultados. Aprende cómo prepararla y darle seguimiento.

Hace unos días, Florentino Pérez habló en público por primera vez desde hace varios años.Fueron años de silencio. Y cuan...
15/05/2026

Hace unos días, Florentino Pérez habló en público por primera vez desde hace varios años.

Fueron años de silencio. Y cuando finalmente apareció, cometió casi todos los errores que un vocero puede cometer en una crisis.

Este análisis de hoy no va de fútbol. No importa si eres del Madrid, del Barcelona o no sigues el deporte.

Es sobre comunicación estratégica. Sobre lo que ocurre cuando un líder enfrenta una crisis pública sin estrategia clara. Y sobre algunas lecciones básicas que cualquier vocero, CEO o directivo puede extraer de lo que pasó en la sede de la "Casa Blanca".

Eerrores. Conversaciones que nunca ocurrieron. Lecciones para no repetirlas.

👇 Lee mi nota reciente en el newsletter .

https://www.linkedin.com/pulse/lo-que-todo-vocero-debe-aprender-de-la-rueda-prensa-ch%25C3%25A1vez-rosas-bcnvf

Lo primero que quiero decir es que este análisis no va de fútbol. No importa si eres del Madrid, del Barcelona o no siguas este apasionante deporte.

Dirección

Avenida Libertador 8620
Buenos Aires

Horario de Apertura

Lunes 08:00 - 06:00
Martes 08:00 - 06:00
Miércoles 08:00 - 06:00
Jueves 08:00 - 06:00
Viernes 08:00 - 03:00

Teléfono

+5491126195350

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando El Primer Piso publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Contacto La Empresa

Enviar un mensaje a El Primer Piso:

Atajos

Compartir

Categoría