10/03/2026
Hay algo que vemos mucho en esta época:
La reunión empieza… pero nadie está realmente ahí. 🤔Alguien entra diciendo “perdón, vengo de otra”. Otro revisa el celular. El que coordina inicia rápido, como para ganarle tiempo al tiempo. Y en menos de cinco minutos ya se siente el clima: acelerado. Tenso. Disperso. ⌛️
No porque el tema esté mal preparado. Sino por el estado desde el que se entró.
Lo vemos seguido trabajando con equipos:
la conversación se desordena antes de que aparezca el primer desacuerdo. Y casi siempre hay algo en común.Nadie se tomó 30 segundos para regular.
Hay una idea bastante instalada —sobre todo en contextos exigentes— de que estar acelerado es sinónimo de compromiso.No siempre es así. A veces estar acelerado es simplemente estar desregulado. Y eso se contagia más rápido que cualquier indicador.
Si quien coordina entra apurado, el equipo se apura.
Si entra a la defensiva, la conversación se pone defensiva.
Si entra disperso, nadie termina de enfocarse.
No siempre podemos bajar la presión del contexto.
Pero sí podemos elegir desde dónde entramos.
Algo simple que trabajamos mucho en procesos de liderazgo:
Antes de empezar, regular el cuerpo. 🫁
Inhalar en 4️⃣
Retener en 4️⃣
Exhalar en 6️⃣
Bajar los hombros.
Apoyar bien los pies.
No es una técnica “blanda”.
Es gestión del impacto.
En esta época solemos revisar presupuestos, objetivos y métricas. 📈📉
Casi nunca revisamos el estado desde el que lideramos.
Y sin embargo, eso es lo primero que impacta en el equipo.
¿Lo estás mirando? 👀