12/03/2026
Un amigo me contó una vez que en una misión en África diseñaron la huerta ideal para combatir el hambre. Planificación, recursos, técnica. Pero una noche, una manada de elefantes pasó por encima de la cosecha: en minutos, lo ideado se evaporó. Solo quedó la tierra y la necesidad de volver a empezar.
Recordé mucho esa historia durante mis días de en Israel. Como profesional dedicada a la y al en el Tercer Sector, mi punto de partida nunca es una rígida ni una hoja de ruta preestablecida. Soy de las que creen que los caminos se arman luego de que las personas los transitan, y no a la inversa.
Colaborar en distintos frentes me recordó que la verdadera sostenibilidad nace de la capacidad de soltar el saber previo para poder escuchar. En el terreno, lo que importa no es el “saber hacer” que uno trae, los títulos o la experiencia previa, sino la capacidad de ser útil allí donde el social está más sensible.
No se trata de seguir a la manada, sino de tomar la decisión consciente de quedarse en un lugar porque uno escuchó, sintió y percibió que ese era el punto de impacto real. Ya sea clasificando donaciones, acompañando o simplemente haciendo silencio, el rol lo define la necesidad del otro y la certeza de estar donde hay que estar.