11/07/2020
Cuando yo era pequeña me encantaban los circos y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Durante la función, había un elefante 🐘 que hacía despliegue de su tamaño, peso y fuerza descomunal, pero después de su actuación y hasta un rato antes de volver al escenario, el elefante quedaba sujeto solamente por una cadena que ataba una de sus patas clavada a una pequeña estaca en el suelo. Sin embargo, la estaca era solo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos cm en la tierra. Y aunque la cadena era gruesa y poderosa me parecía obvio que ese animal capaz de arrancar un árbol 🌳 con su propia fuerza, podría, con facilidad, arrancar la estaca y huir.
👉 Qué lo mantiene entonces? ¿Por qué no huye? La respuesta fue que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Volví a preguntar: Si está amaestrado ¿por qué lo encadenan? No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente. Con el tiempo me olvide del misterio del elefante.
✨Hace algunos años descubrí la respuesta: El elefante del circo no se escapa, porque ha estado atado a una estaca parecida desde muy pequeño. Cerré los ojos 👀y me imaginé al pequeño recién nacido sujeto a la estaca. Estoy segura de que en aquel momento el elefantito empujó, tiró, sudó, tratando de soltarse y a pesar de todo su esfuerzo, no pudo. La estaca era ciertamente muy fuerte para él. Juraría que se durmió agotado, y que al día siguiente volvió a probar, y también al otro y al que le seguía.
Hasta que un día, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino. Este elefante enorme y poderoso, que vemos en el circo, no se escapa porque cree que NO PUEDE. Él tiene registro y recuerdo de su impotencia, de aquella impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese registro. Jamás intentó poner a prueba su fuerza otra vez.