Prólogo de "Verbi Gratia" por Adrián Candelmi
Cada vez que vayas a hojear, leer, abordar o “saborear” este libro, te recomiendo algo: cerrar los ojos. Te aseguro que la experiencia va a ser única (imaginate: ¡estarás leyendo esto con los ojos cerrados!) y muy “sensual” (epa.. ¡no te calientes! Pongamos “sensorial”, así podemos seguir… Sigamos. Ojos cerrados y sentidos abiertos. Y nos vamos a la p
laya. La Paloma. Médanos cortitos y mar maravilloso. ¿Olés? ¿Escuchás? ¿Ves el mar? ¿Un vientito en la cara y tragaste algo de arena? Listo con el gusto… Te queda tocar… Arena, piedras, olas… Bueno, si querés podés ir abriendo los ojos porque está llegando la gente… ¿Qué gente? “La” gente… Personas… Pero que para Guillermo se transforman automáticamente en personajes… Unas gordas que no tienen nada que envidiarle a las de Botero (y que si pudieran, se las comerían crudas), desprejuiciadas, eróticas, salvajes y libres, y unos tipos desaforados, lindos y feos, carnales, frescos y un poco locos (¿como el autor?) que simplemente “hacen”, y se dejan retratar…
La desmesura en los trazos, las expresiones, los abordajes y el humor de cada uno de los personajes describiendo o “actuando” los verbos que Guillermo eligió para ilustrar en este libro, son poco usuales para un arquitecto y profesor universitario de los “clásicos”, cosa que por suerte Guille no es. El fabuloso mundo de “animales humanos Sesma” llega en formato “de bolsillo”, para disfrutarlo, olerlo, garabatearlo e incluso “morderlo”, como hiciera el autor con el pequeño cuadernito que dio origen a esta gran obra. El tamaño no importa. El talento sí.
¿Dije que Guillermo es un amigo del alma? Lo digo. ¿Dije que junto a María Laura, su mujer y mi amiga, y Cami, Joaco y Palu son una familia que respira y vive llena de amor, arte y libertad? Lo digo. ¿Dije que este libro es fruto de todo eso y que me encanta? Lo digo.
¿Algo más? Sí… ¡a disfrutar!