17/07/2014
Por desorden se entiende también la acumulación de objetos inútiles que impiden el flujo de energía dentro de casa. Son ejemplos de desorden los objetos que ya no queremos o ya no utilizamos; los proyectos a medio hacer o que nunca empezamos; objetos rotos; regalos que no deseamos, pero que conservamos por si nos visita la persona que nos lo regaló; cosas que decimos que nos podrían ser útiles algún día, aunque sabemos que nunca las usaremos; macetas vacías; botes viejos de maquillaje; medicamentos caducados; revistas y periódicos que nunca leeremos; o ropa que ya no nos podemos o ya no nos queda bien. Son especialmente negativos los relojes parados o estropeados y las fotografías y cartas de antiguas relaciones. Suelen ser vínculos al pasado que nos impiden avanzar por la vida. Para dar entrada a cosas nuevas en nuestra vida, primero debemos desprendernos de lo viejo, de los viejos patrones mentales.
El motivo más habitual para conservar objetos inútiles es el miedo al futuro. Pensemos en negativo diciéndonos que quizás más adelante nos harán falta, en vez de pensar en positivo y confiar en que, en un futuro, ya obtendremos todo lo que necesitamos. Hay otras razones, sin embargo. A menudo guardar cosas inútiles es un patrón de comportamiento heredado. Puede representar sueños no realizados. A veces conservamos objetos porque, si nos desprendiéramos de ellos, heriríamos a alguien.
Al preparar un traslado de vivienda o en el momento de hacer limpieza, debemos preguntarnos si tal objeto nos gusta o no, y qué pensamientos, recuerdos o emociones positivas o negativas nos evoca. Todo lo que nos rodea nos tiene que gustar. El feng shui estudia cómo organizar el mundo exterior para desarrollar un mejor mundo interior. Cuando nuestro mundo interior cambia, queda reflejado en el exterior.