08/11/2019
En el frío anochecer romano del 13 de marzo de 2013, aprendí a creer en el destino. No era que lo desconociera, sólo que era escéptico sobre si alguna vez me iba a rozar.
Al final, llevaba varios días en la capital italiana, muchos de ellos sentado bajo las columnatas de estilo toscano de la Plaza de San Pedro, en el corazón del vaticano. Esperaba que ocurriese esa famosa fumata blanca que anunciara que los cardenales habían elegido a quien iba a ser el sucesor del renunciante Benedicto XVI.
La tarde ya iba cayendo muy rápido, tanto como la temperatura.
Y apareció el humo, pero no disipó el misterio. Es que, claro, a la elección en total secreto le siguen una serie de rituales hasta la definición del nombre que va a llevar como pontífice.
Las cortinas se movieron y apareció el cardenal Jean-Louis Tauran para decirle al mundo en un prolijo latín: "Annuntio vobis gaudium magnum: habemus papam! eminentissimum ac reverendissimum Dominum, Georgius Marius Dominum Sanctae Romanae Ecclesiae Cardinalem Bergoglio, Qui sibi nnomen impossuit Francesco" (*).
Ignorar el latín no impedía entender el apellido Bergoglio. El Papa era Jorge Mario Bergoglio, argentino, jesuita y se llamaría Francisco.
Entonces, las piernas me comenzaron a temblar.
¿Bergoglio is the argentine? –me preguntó en un claro inglés una monja.
Sí, sí –le respondí. Y no se me ocurrió mejor cosa que sacar del bolsillo el pasaporte argentino y mostrárselo.
La monja (luego me enteré que era de Zambia) asentía con una gran sonrisa.
Intenté infructuosamente llamar al diario, pero las líneas estaban totalmente colapsadas tanto como la Plaza de San Pedro, donde no cabía un alfíler.
No importaba.. Yo estaba allí, en el momento y el lugar donde se estaba escribiendo un capítulo de trascendencia mundial. Era la noticia que nunca había ocurrido antes y la que difícilmente se repita, al menos durante mi vida.
Lo que vino después fue una locura total para los argentinos que estábamos allí. Pero eso ya forma parte de otro capítulo.
El destino me había puesto en esa plaza. No me quedaba otra que aprender a creer en él.
(*) "Les anuncio con gran felicidad que ya tenemos Papa. Es el gran eminente y gran reverendo Jorge Mario cardenal de la Santa Iglesia Romana, Bergoglio, que recibe el nombre de Francisco".