13/02/2026
Si miro hacia arriba, veo la luna brillante, majestuosa, suspendida en el cielo.
Pero quizás lo más hermoso no sea su luz,
sino la inmensidad que la rodea.
No es la luna lo que conmueve, es la distancia. Es ese vacío que hace posible contemplarla.
Porque si no existiera ese espacio entre ella y yo, no podría verla.
No habría perspectiva.
No habría asombro.
Lo que nos separa, paradójicamente,
es lo que nos permite ver.
En ese vacío hay algo sagrado; "la posibilidad".
La distancia entre el hombre y Dios, genera una búsqueda. La ausencia aparente despierta la fe. Si lo divino fuera completamente evidente, no habría libertad, ni camino,ni deseo de trascender.
Y entonces me pregunto…
¿Y si aquello que hoy sentís como distancia en tu vida no es abandono, sino la condición necesaria para poder ver con mayor claridad?
A veces, el vacío no es carencia.
Es perspectiva.