26/05/2026
Corpus antes que Itatí–Itacorá: la decisión estratégica que no debería invertirse
La discusión sobre una nueva hidroeléctrica en el tramo argentino-paraguayo del Paraná vuelve a instalar una pregunta de fondo: si la región necesita más energía limpia, firme y abundante, ¿cuál debe ser la prioridad? La respuesta no puede surgir sólo de la urgencia coyuntural ni de la conveniencia política inmediata. Debe partir de una lectura integral del sistema hidroeléctrico del Alto Paraná.
En ese marco, avanzar primero con Itatí–Itacorá, antes de resolver la decisión estratégica sobre Corpus, podría significar mucho más que elegir una obra alternativa. Podría implicar, en los hechos, desplazar el proyecto hidroeléctrico de mayor jerarquía energética disponible entre Argentina y Paraguay.
Corpus Pindo-í aparece, por escala y rendimiento, como la pieza estructural del sistema. Su potencia instalada prevista, su salto nominal y su energía media anual lo ubican en un nivel superior al de Itatí–Itacorá. No se trata apenas de construir una nueva central: se trata de definir el aprovechamiento más eficiente del río Paraná en un tramo de enorme valor estratégico para Argentina, Paraguay y también para el equilibrio energético regional.
Itatí–Itacorá, en cambio, tiene otra naturaleza. No nació como sustituto de Corpus, sino como una obra vinculada al tramo aguas abajo de Yacyretá. Su propio diseño lo presenta como un aprovechamiento multipropósito: generación eléctrica, mejora de la navegación, recuperación de áreas inundables, integración vial y, sobre todo, compensación hidráulica de Yacyretá. Esa función puede ser útil, pero no debería confundirse con la jerarquía energética de Corpus.
La diferencia es decisiva. Corpus aprovecha un salto mayor y ofrece una producción hidroeléctrica de gran escala con una relación más favorable entre potencia instalada y territorio afectado. Itatí–Itacorá, por su localización aguas abajo de Yacyretá, genera energía, pero también produce un efecto de remanso que reduce el salto útil disponible en la central existente. Por eso, su energía debe analizarse en términos netos: lo que agrega como nueva central menos lo que le resta a Yacyretá.
Ese dato técnico tiene una enorme importancia política. Una obra que compensa y ordena el tramo inferior no puede ocupar el lugar de una obra estructural de generación. Puede complementarla, pero no reemplazarla.
El atractivo de Itatí–Itacorá para Paraguay es comprensible. El valle de inundación se encuentra mayoritariamente sobre su margen, y las variantes con cierres laterales largos permitirían proteger tierras, recuperar superficies productivas, ordenar escurrimientos, incorporar infraestructura vial y evitar el aislamiento de localidades como Cerrito. Pero esa ventaja territorial exige una intervención de gran escala: cierres laterales extensos, canales de captación y obras de protección sobre decenas de kilómetros.
Allí aparece la paradoja. Lo que para Paraguay puede presentarse como una oportunidad territorial y vial, para el conjunto del sistema puede transformarse en una decisión de menor rendimiento energético relativo. La obra no sería sólo una central hidroeléctrica; sería una gran operación de defensa costera, drenaje, conectividad y reconfiguración territorial sobre la margen paraguaya.
La discusión se vuelve más sensible por el nuevo contexto tecnológico. Paraguay busca posicionarse como plataforma energética para inteligencia artificial, centros de datos e industrias electrointensivas. Esa estrategia requiere energía firme, barata y abundante. En ese escenario, cualquier proyecto hidroeléctrico nuevo adquiere una dimensión geopolítica. La energía deja de ser sólo infraestructura: pasa a ser moneda de poder, atracción de inversiones y capacidad de negociación internacional.
Pero precisamente por eso la secuencia importa. Si la urgencia por abastecer nuevos consumos tecnológicos lleva a presentar Itatí–Itacorá como la salida rápida, Corpus puede quedar relegado no por imposibilidad técnica, sino por sustitución política. La obra menor en términos estratégicos ocuparía el lugar de la obra mayor.
También Brasil aparece, directa o indirectamente, en este tablero. La definición de saltos, cotas y aprovechamientos en el Alto Paraná no es indiferente para el equilibrio energético regional. Cada metro de salto disponible tiene valor económico. Cada decisión sobre el Paraná modifica relaciones de generación, regulación y aprovechamiento entre países que comparten una de las cuencas hidroeléctricas más importantes del continente.
Por eso, el debate no debería reducirse a una pulseada provincial ni a una competencia entre Corrientes y Misiones. Tampoco debería plantearse como una oposición simplificada entre ambiente y energía. La verdadera cuestión es de planificación: qué obra corresponde primero, qué función cumple cada una y qué costo estratégico tendría invertir el orden de prioridades.
Corpus debe ser discutido con seriedad ambiental, social, territorial y política. El plebiscito misionero de 1996 no puede ser ignorado, pero tampoco puede congelar indefinidamente una discusión estratégica reformulada con nuevos estudios, nuevas tecnologías, nuevas demandas energéticas y una región que cambió profundamente. Si la Argentina renuncia de hecho a debatir Corpus, otros intereses ocuparán ese vacío.
Itatí–Itacorá puede tener sentido como obra complementaria: compensar Yacyretá, mejorar la navegación, ordenar el tramo aguas abajo, generar conectividad y recuperar áreas productivas bajo condiciones ambientales rigurosas. Pero si se la impulsa antes de resolver Corpus, el proyecto deja de ser complemento y pasa a ser reemplazo.
La conclusión es clara: primero debe definirse Corpus como prioridad estratégica del sistema hidroeléctrico argentino-paraguayo. Luego, Itatí–Itacorá puede analizarse dentro de un plan maestro del Paraná, con sus beneficios y sus costos reales. Invertir el orden sería un error de planificación con consecuencias de largo plazo.
En materia energética, las decisiones equivocadas no se pagan sólo con dinero. Se pagan con décadas de oportunidad perdida. Corpus es la obra mayor. Itatí–Itacorá puede ser una pieza útil. Pero ninguna pieza secundaria debería impedir la construcción de la pieza principal.
Arquitecto Oscar Alfredo Thomas
Director Ejecutivo EBY 2003-2015
Exdelegado COMIP por Argentina
Expresidente por Argentina
Comisión Técnica Mixta Argentina-Brasil
Proyecto Hidroeléctricas Garabi-Panambí