16/05/2026
Estos últimos meses en Hamaca fueron más silenciosos hacia afuera. Pero por dentro hubo mucho movimiento.
Me dediqué a algo que pocas veces nos permitimos cuando estamos en la vorágine del hacer: Parar. Escuchar. Estudiar. Replantearme cosas que creía resueltas.
Participé en capacitaciones, fui a eventos que no tenían nada que ver con lo que venía haciendo, me senté a escuchar a personas que me volaron la cabeza, conocí formas de trabajar que me hicieron cuestionar las mías. Volví a sentirme estudiante, y qué bien se sintió.
No todo fue claridad. Hubo días de mucha duda, de preguntarme si estaba yendo para el lado correcto, de sentir que avanzaba lento o que no avanzaba. Pero aprendí algo en este proceso: las dudas no son el problema. Son la señal de que algo se está transformando.
Llegué a España hace 7 meses con una consultora que funcionaba, sí, pero que no terminaba de reflejar lo que realmente me mueve. Hoy puedo decir que sé con más claridad hacia dónde quiero ir. Quiero que mi trabajo tenga un impacto. Quiero que las organizaciones que acompaño sean de esas que están cambiando algo de verdad. Y quiero que Hamaca sea coherente con eso.
Todavía estoy en el proceso. No tengo todas las respuestas y no me interesa fingir que las tengo. Pero sí tengo algo que antes no tenía: una dirección que me enciende.
Gracias a cada persona que en estos meses me escuchó, me desafió, me enseñó algo o simplemente me dijo “vas bien”. Esto no se hace sola.
Viene algo lindo. Ya les cuento. 🤍