Mauricio Lamontanaro

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Mauricio Lamontanaro Bienvenidos a la historia de Tucumán.

Un lugar donde el pasado cobra vida, toma color y nos ayuda a entender quiénes somos, de dónde venimos… y hacia dónde vamos.

LOS DECIDIDOS DE TUCUMÁNHay momentos en la historia en los que un pueblo tiene que decidir.Y hace 214 años, Tucumán deci...
25/09/2026

LOS DECIDIDOS DE TUCUMÁN

Hay momentos en la historia en los que un pueblo tiene que decidir.

Y hace 214 años, Tucumán decidió no retroceder.

Cuando el Ejército del Norte llegó a nuestra provincia, Manuel Belgrano tenía frente a sí una fuerza realista superior en número y mejor armada. Su ejército apenas reunía alrededor de 1.700 a 1.800 hombres.

Pero Tucumán tenía algo más.

Tenía a su gente.

Cerca de 700 gauchos tucumanos tomaron las armas para defender su tierra. Hombres de la campaña, campesinos, peones y vecinos que llegaron con sus propios caballos y con las armas que tenían a su alcance.

Muchos llevaban ponchos, guardamontes, cuchillos, lanzas, chuzas y boleadoras.

No eran un ejército profesional.

Eran hombres de esta tierra.

Hombres que conocían sus caminos, sus montes y sus campos.

Hombres que dejaron por un momento sus trabajos, sus familias y sus hogares para ponerse al servicio de una causa que sentían propia.

Fueron ellos, los que la historia recordaría como los DECIDIDOS DE TUCUMÁN.

El 24 de septiembre de 1812, junto al Ejército del Norte, estuvieron en el Campo de las Carreras.

Y cuando llegó el momento de combatir, cargaron.

Sus caballos atravesaron el campo de batalla entre el humo, los disparos y el desconcierto.

Aquella carga de la caballería patriota contribuyó a desorganizar a las fuerzas realistas y terminó convirtiéndose en una de las claves de una batalla que cambiaría el rumbo de la revolución.

Pero detrás de los números, detrás de los uniformes y detrás de los grandes nombres, hubo personas.

Personas que sintieron miedo.

Personas que dejaron atrás a sus seres queridos.

Personas que quizás nunca imaginaron que, más de dos siglos después, alguien volvería a pronunciar su nombre.

Y algunos de ellos no volvieron.

Por eso, cuando recordamos la Batalla de Tucumán, no debemos recordar solamente a Belgrano, a Balcarce o a los grandes protagonistas de aquella jornada.

También debemos mirar hacia aquellos tucumanos anónimos.

A esos gauchos que montaron sus caballos.

A esos campesinos que tomaron sus armas.

A esos vecinos que pusieron todo lo que tenían al servicio de la defensa de su tierra.

Ellos también hicieron historia.

Ellos también dejaron su sangre en esta tierra.

Y gracias a ellos, aquel 24 de septiembre de 1812 no fue simplemente una batalla.

Fue el día en que un pueblo decidió defender su casa.

Hoy caminamos por Tucumán sin escuchar el ruido de aquellos caballos ni el estruendo de los cañones.

Pero la tierra que pisamos es la misma.

Y quizás ese sea nuestro mayor homenaje:

recordarlos.

Porque mientras alguien cuente su historia, aquellos hombres no habrán sido olvidados.

A LOS DECIDIDOS DE TUCUMÁN.

A LOS QUE ESTUVIERON.

A LOS QUE LUCHARON.

A LOS QUE NO REGRESARON.

A ELLOS, NUESTRA MEMORIA Y NUESTRO ETERNO RESPETO.

24 DE SEPTIEMBRE DE 1812 LA BATALLA QUE CAMBIÓ EL RUMBO DE NUESTRA HISTORIAHace 214 años, cuando todavía no amanecía com...
24/09/2026

24 DE SEPTIEMBRE DE 1812 LA BATALLA QUE CAMBIÓ EL RUMBO DE NUESTRA HISTORIA

Hace 214 años, cuando todavía no amanecía completamente sobre Tucumán, la historia de nuestra tierra estaba a punto de cambiar para siempre.

Era la mañana del 24 de septiembre de 1812.

En las inmediaciones de San Miguel de Tucumán, en el histórico Campo de las Carreras, unos 1.800 hombres del Ejército del Norte, al mando del general Manuel Belgrano, se preparaban para enfrentar a un ejército realista que los superaba ampliamente en número, con alrededor de 3.000 hombres bajo las órdenes del general Pío Tristán.

Belgrano había llegado hasta Tucumán después del Éxodo Jujeño. Sus tropas estaban cansadas, con pocos recursos y con un enemigo que avanzaba desde el norte.

Pero aquí ocurrió algo que cambiaría el destino de la Revolución.

El pueblo tucumano le pidió que no continuara la retirada.

Le ofreció hombres, caballos, alimentos, armas y todo lo que tenía.

Hombres de la campaña se incorporaron a las filas patriotas. Llegaron refuerzos desde Catamarca y Santiago del Estero. Los tucumanos que pasaron a integrar la caballería fueron conocidos como los "Decididos de Tucumán".

No era solamente un ejército.

Era un pueblo defendiendo su tierra.

El 23 de septiembre, Pío Tristán llegó con sus tropas a las cercanías de la ciudad. Creía que Belgrano evitaría el combate abierto y se encerraría detrás de las defensas de San Miguel de Tucumán.

Pero Belgrano tenía otro plan.

Al amanecer del 24, sus hombres esperaban al enemigo.

Y alrededor de las 8 de la mañana comenzó la batalla.

El primer fuego de la artillería patriota anunció que ya no había vuelta atrás.

Los realistas avanzaron sobre las posiciones de Belgrano. La infantería chocó violentamente y la caballería patriota, comandada en el ala derecha por Juan Ramón Balcarce, lanzó una carga que sorprendió a las fuerzas de Tristán.

Entonces el Campo de las Carreras se convirtió en un escenario de humo, polvo, gritos, disparos y confusión.

Los pajonales incendiados, el viento y una enorme manga de langostas atravesaron el campo de batalla, haciendo todavía más difícil distinguir a los hombres y comprender lo que estaba sucediendo.

Las líneas se rompieron.

Los soldados quedaron mezclados.

Algunos avanzaban, otros retrocedían y muchos ya no sabían dónde se encontraba su propio ejército.

Fue una batalla caótica, feroz y difícil de conducir.

Pero en medio de aquella confusión, los patriotas comenzaron a imponerse.

La caballería tucumana arrolló parte de las fuerzas realistas y llegó hasta su retaguardia. Mientras tanto, la infantería patriota consiguió apoderarse de buena parte de la artillería, municiones, carretas y prisioneros.

El coronel Eustoquio Díaz Vélez logró organizar la defensa de la ciudad y regresar con sus hombres hacia San Miguel de Tucumán.

Belgrano, que durante parte del combate había quedado separado de sus tropas, consiguió finalmente reunir a sus hombres.

Y cuando cayó la tarde, el campo de batalla había quedado en manos de las fuerzas patriotas.

Pío Tristán ya no podía cumplir su objetivo.

La ciudad no había caído.

Tucumán había resistido.

Y el Ejército del Norte había detenido el avance realista.

Pero esta historia no se escribió solamente en el campo de batalla.

También se escribió dentro de la ciudad.

Mientras los hombres combatían en el Campo de las Carreras, Tucumán se transformaba en refugio, hospital y retaguardia de aquellos que llegaban heridos.

Los conventos y las casas particulares fueron utilizados para atender a los heridos.

El antiguo convento de San Francisco, que había servido como cuartel del Ejército del Norte, se convirtió en Hospital de Sangre.

Entre sus muros fueron atendidos los soldados que regresaban del campo de batalla.

Aquellas paredes que hoy recorremos tranquilamente guardaron entonces el dolor de los heridos, el esfuerzo de quienes los asistían y el silencio de quienes no regresarían.

La batalla no fue solamente de los soldados.

Fue también de los tucumanos.

De quienes entregaron sus caballos.

De quienes llevaron alimentos.

De quienes tomaron las armas.

De quienes acompañaron al ejército.

De quienes abrieron sus casas.

De quienes curaron a los heridos.

De quienes, sin vestir uniforme, entendieron que también estaban defendiendo su tierra.

Y también estuvo presente la fe.

Antes del combate, Manuel Belgrano invocó a la Virgen de la Merced y puso a su ejército bajo su protección.

Días después, aquella victoria sería atribuida por el propio Belgrano a la protección de Nuestra Señora de las Mercedes.

Meses más tarde, en la solemne ceremonia de acción de gracias, Belgrano entregaría su bastón de mando a la Virgen, que quedaría para siempre ligada a la memoria de aquella jornada.

La batalla había terminado, pero sus consecuencias recién comenzaban.

El ejército realista, que había llegado con superioridad numérica y confiado en avanzar hacia el sur, tuvo que retirarse hacia Salta.

Tucumán había detenido el avance enemigo.

La Revolución había sobrevivido.

Y desde aquí comenzaría el camino que conduciría, meses después, a la victoria patriota en Salta.

Por eso el 24 de septiembre no es una fecha más en nuestro calendario.

Es uno de esos días en los que una ciudad, un pueblo y un ejército se encontraron frente a la historia.

Una ciudad pequeña.

Un ejército cansado.

Un enemigo superior en número.

Y un pueblo que decidió no rendirse.

En aquel Campo de las Carreras, donde hoy existe otra ciudad, hace 214 años se escucharon los primeros cañonazos de una batalla que sería decisiva para la Revolución y para el proceso de nuestra independencia.

Hoy, cuando el reloj marque las 12 de la noche, volvamos por un instante a aquella madrugada de 1812.

Volvamos a ese Tucumán de calles de tierra, de casas coloniales, de caballos, de campanas y de hombres y mujeres que no sabían que estaban protagonizando una de las páginas más importantes de nuestra historia.

Porque la historia no comenzó en los monumentos.

Comenzó en la tierra.

En el miedo.

En el coraje.

En la decisión de quedarse.

Y en un pueblo que dijo:

Hasta aquí llega el enemigo.

Aquí se defiende Tucumán.

24 de septiembre de 1812.

Campo de las Carreras.

Tucumán.

Donde la historia de nuestra patria tomó otro rumbo.

SAN MIGUEL DE TUCUMÁN, 1870: CUANDO LA CALLE LAS HERAS TODAVÍA ERA DE TIERRAHoy nos vamos a detener en una esquina de Sa...
23/09/2026

SAN MIGUEL DE TUCUMÁN, 1870: CUANDO LA CALLE LAS HERAS TODAVÍA ERA DE TIERRA

Hoy nos vamos a detener en una esquina de San Miguel de Tucumán que, con el paso de las décadas, sería testigo de una de las grandes transformaciones de nuestra ciudad.

Estamos en la calle Las Heras al 400, frente a la Plaza Independencia.

Pero la ciudad que vemos en esta fotografía de 1870 todavía estaba muy lejos de la imagen que conocemos hoy.

Las calles eran de tierra. Los carruajes avanzaban lentamente levantando polvo y las construcciones que rodeaban la plaza conservaban todavía buena parte del espíritu colonial de aquella San Miguel de Tucumán que comenzaba a transformarse.

Era una ciudad tranquila, de casas bajas, galerías, árboles y vida pausada.

Y esta misma esquina que vemos aquí cambiaría profundamente durante las décadas siguientes.

En 1893 se aprobaría el adoquinamiento con granito de 32 cuadras de la capital tucumana, dando comienzo a una nueva etapa en la transformación de sus calles.

Décadas después, el paisaje volvería a cambiar.

En 1927 comenzaría a construirse, sobre esta misma zona, el edificio destinado al Banco de la Provincia de Tucumán, inaugurado el 14 de abril de 1928. La obra, proyectada por el arquitecto Alejandro Virasoro, marcaría un nuevo momento para la arquitectura de la ciudad.

Y frente a la plaza, en esa misma zona, aparecería también una construcción que cambiaría para siempre el perfil de San Miguel de Tucumán: el edificio de La Continental.

Inaugurado en 1939, con planta baja y siete pisos, se convirtió durante años en uno de los grandes símbolos de la modernización tucumana y en una referencia de la arquitectura en altura.

Pero la historia de estas cuadras también guarda otra transformación.

En 1908 había nacido El Círculo, una institución social que funcionó inicialmente en los altos de la confitería Londres. Con el paso de los años tendría su propia sede y, en 1939, tras su unión con el Club Social, surgiría el Jockey Club de Tucumán.

Así, en apenas unas décadas, el paisaje que comenzó siendo colonial y de calles de tierra se transformó en una de las postales más importantes de la ciudad moderna.

De los carruajes a los automóviles.

De las casas bajas a los primeros grandes edificios.

De las calles de tierra a las calles adoquinadas.

De aquella ciudad tranquila de 1870 a la San Miguel de Tucumán que comenzaba a mirar decididamente hacia el siglo XX.

Y quizás lo más emocionante sea pensar que todo comenzó aquí, en esta misma esquina.

Una fotografía puede mostrarnos mucho más que una calle.

Puede mostrarnos cómo una ciudad creció, cambió y se transformó con el paso del tiempo.

LAS HERAS AL 400.
SAN MIGUEL DE TUCUMÁN, 1870.

Una ciudad que todavía estaba por convertirse en la ciudad que hoy conocemos.

¿Te imaginabas cómo era este lugar antes de todos esos cambios?









1920 | LA ESCUELA DE CORTE Y CONFECCIÓN DE BELLA VISTAHay fotografías que no solamente muestran personas. También guarda...
21/09/2026

1920 | LA ESCUELA DE CORTE Y CONFECCIÓN DE BELLA VISTA

Hay fotografías que no solamente muestran personas. También guardan una parte de la vida cotidiana de un pueblo.

Esta imagen, tomada alrededor de 1920, nos lleva hasta la antigua Bella Vista, cuando el ingenio azucarero marcaba profundamente el ritmo de la comunidad y la educación comenzaba a ocupar un lugar cada vez más importante.

En ella vemos a un grupo de niñas reunidas alrededor de sus mesas de trabajo. Una escena sencilla, pero que nos habla de aprendizaje, compañerismo y de una época en la que aprender un oficio también significaba abrir una puerta hacia el futuro.

Detrás de esta iniciativa estuvo la señora García Fernández, quien impulsó una escuela destinada a la enseñanza de corte y confección para las niñas de Bella Vista.

Aquella escuela representó mucho más que un lugar donde aprender a coser. Fue un espacio de formación, donde las jóvenes podían adquirir conocimientos y herramientas que les permitieran desenvolverse en la vida cotidiana y también construir un futuro.

En aquellos años, Bella Vista crecía al ritmo de la actividad azucarera. Entre las fábricas, las viviendas, las escuelas y las familias que llegaban y se establecían en la zona, también se iba formando una comunidad con sus propias instituciones y espacios de aprendizaje.

Y allí estaban ellas.

Niñas que hoy, más de un siglo después, vuelven a nosotros a través de esta fotografía.

Quizás nunca imaginaron que sus rostros, sus vestidos, las máquinas de coser y aquella humilde aula quedarían como testimonio de una época que ya no existe.

Cada una de ellas tuvo una historia, una familia, un nombre y seguramente muchos sueños.

Hoy solamente podemos contemplar esta imagen y preguntarnos quiénes fueron.

Porque la historia de Bella Vista también está en estas pequeñas historias.

En sus escuelas.
En sus mujeres.
En sus niñas.
En quienes enseñaron.
Y en quienes aprendieron.

Bella Vista, Tucumán.
1920.

Cuando la historia toma color, el pasado vuelve a hablarnos.

TRANCAS: LA TIERRA QUE NUNCA DEJÓ DE MOVERSEEsta madrugada, la tierra volvió a temblar en Trancas.A las 5:47, un sismo d...
20/09/2026

TRANCAS: LA TIERRA QUE NUNCA DEJÓ DE MOVERSE

Esta madrugada, la tierra volvió a temblar en Trancas.

A las 5:47, un sismo de magnitud 5,0 volvió a recordarnos algo que los habitantes de esta región conocen desde hace generaciones: Trancas está en una de las zonas sísmicamente más activas de Tucumán.

Pero… ¿por qué tiembla tanto?

La respuesta está muy abajo de nuestros pies.

Tucumán forma parte de una región donde la placa de Nazca se introduce por debajo de la placa Sudamericana. Ese enorme proceso geológico genera esfuerzos y deformaciones en la corteza terrestre.

En el noroeste argentino existen numerosas fallas geológicas capaces de liberar esa energía acumulada en forma de sismos.

Y dentro de Tucumán hay un lugar que tiene una historia sísmica particularmente importante: la Sierra de Medina, en el departamento Trancas.

La historia lo demuestra.

El 19 de enero de 1826, Trancas sufrió uno de los terremotos más importantes registrados en la historia de Tucumán.

El movimiento provocó graves daños en la antigua Villa de Trancas. La iglesia quedó destruida y la población sufrió las consecuencias de aquel terremoto que marcó para siempre la historia del norte tucumano.

Pero 1826 no fue el comienzo.

Durante los siglos XIX, XX y XXI, distintos movimientos fueron registrados en el norte tucumano y en zonas próximas a Trancas, Medina, Tapia, Raco, Vipos y Tafí Viejo.

Y la tierra siguió hablando.

En 2022, un sismo de magnitud 5,6 volvió a sacudir la zona de Trancas y fue sentido en distintos puntos de Tucumán.

Y hoy, 20 de septiembre de 2026, otro movimiento volvió a hacerse sentir en buena parte de nuestra provincia.

No significa que podamos saber cuándo será el próximo terremoto.

Los terremotos no pueden predecirse con precisión.

Lo que sí podemos hacer es estudiar dónde ocurren, conocer nuestra historia sísmica y aprender a convivir con una tierra que, aunque muchas veces parezca inmóvil, debajo de nosotros está en permanente transformación.

Porque Trancas no tiembla solamente desde ayer.

Tiembla desde hace siglos.

Y cada movimiento dejó una marca en la memoria de quienes habitaron esta tierra.

1826 – 2026: 200 años de historia sísmica.

Esta imagen reúne algunos de los principales terremotos y sismos documentados en Tucumán y nos permite mirar nuestra provincia desde otra perspectiva.

Porque la historia también está debajo de nuestros pies.

A 41 AÑOS DE SU PARTIDA, LA BANDA TODAVÍA RECUERDA AL PADRE GOYOHoy, 20 de septiembre, se cumplen 41 años de la muerte d...
20/09/2026

A 41 AÑOS DE SU PARTIDA, LA BANDA TODAVÍA RECUERDA AL PADRE GOYO

Hoy, 20 de septiembre, se cumplen 41 años de la muerte de un hombre que dejó una huella profunda en la historia de Banda del Río Salí.

Se llamaba Gregorio de Jesús Díaz, aunque para muchos bandeños simplemente era el Padre Goyo.

Había nacido el 12 de marzo de 1917 en Los Rojos, departamento Monteros, en una familia de agricultores cañeros. Fue el cuarto de ocho hermanos. Desde muy joven conoció de cerca el trabajo rural y las necesidades de las familias humildes.

El 5 de diciembre de 1943 fue ordenado sacerdote por el entonces obispo de Tucumán, monseñor Agustín Barrère.

Pero sería en Banda del Río Salí donde desarrollaría la obra que marcaría para siempre su vida.

En 1949 llegó como párroco de Santo Cristo. La realidad que encontró era muy distinta a la ciudad que conocemos hoy: había pobreza, analfabetismo, pocas posibilidades educativas y enormes necesidades sociales.

Y el Padre Goyo entendió que su misión no podía limitarse al templo.

Había que trabajar por la gente.

Por eso comenzó a levantar escuelas, capillas, talleres y espacios de asistencia.

En 1952 fundó la Escuela Social de Cultura Católica Nuestra Señora del Valle, que en sus comienzos llegó a funcionar en viejos vagones y tranvías utilizados como aulas.

Impulsó además el Colegio Nuestra Señora del Valle, el Instituto Técnico General Manuel Belgrano, fundado en 1962, y posteriormente el Instituto Santo Cristo, en 1968.

Porque para él la educación era una herramienta para cambiar la vida de los niños y jóvenes.

Pero su obra tampoco terminó en las aulas.

Creó huertas colectivas para madres y familias campesinas, promovió talleres de costura, tejido, danza y mecanografía, y en 1964 puso en marcha la Casa de la Caridad El Santo Cristo, donde se brindaba atención gratuita y alimentos obtenidos mediante donaciones.

También impulsó la Dirección de Ayuda al Hombre de Campo, destinada a fomentar la huerta familiar y ayudar a las familias rurales.

Y levantó capillas en distintos puntos del este tucumano: Lastenia, Colombres, Los Bulacio, El Bracho, Los Gutiérrez, Los Ralos, Estación San Miguel y otros lugares.

En 1958 amplió el templo de Santo Cristo, y en 1953 había comenzado la construcción de la capilla de Nuestra Señora del Valle de Lastenia.

También intervino en una de las necesidades más grandes de aquellas familias: la vivienda. El municipio recuerda que luchó para que terrenos pertenecientes a los ingenios Concepción y San Juan fueran destinados a loteos para personas que necesitaban un lugar donde vivir.

Su obra tomó todavía mayor importancia después de la crisis provocada por el cierre de los ingenios azucareros en 1966. En aquellos años difíciles, continuó acompañando a las familias obreras y buscando alternativas para que pudieran salir adelante.

Su salud, siempre delicada, comenzó a deteriorarse.

En 1985 todavía alcanzó a poner en marcha la Casa de Reposo Espiritual de Lastenia.

Pero el 20 de septiembre de aquel año, a las 17:45, a los 68 años, el Padre Goyo murió después de una larga enfermedad.

La historia, sin embargo, no terminó ese día.

Durante décadas, los vecinos de Banda del Río Salí reclamaron que sus restos regresaran a la ciudad que había sido el escenario de buena parte de su vida sacerdotal. Finalmente, en diciembre de 2018, sus restos fueron trasladados a la parroquia Santo Cristo, donde descansan en una capilla especialmente destinada para él.

Hoy su nombre está presente en escuelas, calles, instituciones y en la memoria de generaciones de bandeños.

Pero quizás su verdadero monumento no sea una estatua ni una avenida.

Son las escuelas que siguen llenándose de niños.
Son las familias que pudieron tener una oportunidad.
Son las capillas que todavía reúnen a sus comunidades.
Son aquellos que aprendieron un oficio.
Son los que alguna vez encontraron ayuda cuando no tenían a quién recurrir.

Porque el Padre Goyo entendió algo que todavía hoy permanece vigente:

que construir una comunidad también significa educar, acompañar, alimentar, dar oportunidades y devolver esperanza.

A 41 años de su partida, Banda del Río Salí vuelve a recordar a aquel sacerdote que llegó a una comunidad llena de necesidades y decidió dedicarle toda su vida.

Monseñor Gregorio de Jesús Díaz.
El Padre Goyo.
Un hombre que hizo de su sacerdocio una forma de servir.

Y quizás por eso, después de 41 años, todavía sigue estando presente.

SAN MARTÍN Y LAPRIDA, 1870Hay fotografías que no solo muestran una calle… nos permiten viajar en el tiempo.Así era San M...
19/09/2026

SAN MARTÍN Y LAPRIDA, 1870

Hay fotografías que no solo muestran una calle… nos permiten viajar en el tiempo.

Así era San Martín y Laprida en 1870, cuando San Miguel de Tucumán todavía tenía el ritmo tranquilo de una ciudad que recién comenzaba a despertar.

No había motores, bocinas ni el constante movimiento de vehículos que hoy conocemos. Las calles eran de tierra, el paso era lento y la vida parecía transcurrir con otro tiempo.

Frente a nosotros aparece una ciudad que todavía conservaba buena parte de su arquitectura colonial: sus antiguas casas, sus paredes, sus techos de tejas y esos rincones que, con el paso de las décadas, comenzarían a transformarse para dar lugar a la modernización de la capital tucumana.

Cuesta imaginar que por este mismo lugar, donde hoy transitamos apurados entre vehículos y edificios, alguna vez pasaron personas a caballo, carros y vecinos que seguramente jamás imaginaron que alguien, más de 150 años después, volvería a mirar esta escena.

Esta fotografía guarda algo más que una esquina.

Guarda el silencio de una ciudad que ya no existe.

Guarda las calles por donde caminaron nuestros antepasados.

Guarda una parte de aquel Tucumán que fue, que cambió y que hoy solamente podemos volver a visitar a través de la memoria.

1870. San Martín y Laprida.

Un instante detenido para siempre en la historia de nuestra ciudad.

SAN JOSÉ DE LULES: DONDE COMENZÓ UNA PARTE FUNDAMENTAL DE LA HISTORIA DE TUCUMÁNHay lugares que no son simplemente edifi...
18/09/2026

SAN JOSÉ DE LULES: DONDE COMENZÓ UNA PARTE FUNDAMENTAL DE LA HISTORIA DE TUCUMÁN

Hay lugares que no son simplemente edificios antiguos.

Son lugares donde la historia de una provincia comenzó a tomar forma.

Esta antigua iglesia y estancia de San José de Lules guarda siglos de historia. La antigua estancia jesuítica comenzó a formarse hacia fines del siglo XVII, en tierras donadas a la Compañía de Jesús.

Allí los jesuitas levantaron una iglesia, un claustro, viviendas, talleres, un molino, un horno para fabricar ladrillos y hasta una fábrica de carretas.

También fundaron una escuela de primeras letras.

Pero hay algo todavía más importante.

En San José de Lules los jesuitas cultivaron caña de azúcar y desarrollaron una primera forma de elaboración. Allí existió un pequeño cañaveral y funcionó el primer trapiche tirado por mulas de la provincia.

Por eso este lugar ocupa un sitio fundamental en la historia de la industria azucarera tucumana.

Los jesuitas fueron los precursores de la introducción de la caña de azúcar en Tucumán.

Pero en 1767 fueron expulsados y aquella actividad prácticamente desapareció.

Décadas después, otro hombre retomaría ese camino.

El obispo José Eusebio Colombres.

Hacia 1821, Colombres impulsó nuevamente el cultivo y la elaboración de azúcar en Tucumán, utilizando nuevas variedades de caña y desarrollando un proceso que terminaría dando origen al crecimiento de la industria azucarera provincial.

Es decir que entre estos muros podemos encontrar una de las primeras páginas de la historia del azúcar tucumano.

Pero San José de Lules también fue protagonista de otros momentos decisivos.

Después de la expulsión de los jesuitas, parte de la antigua estancia quedó en manos de los dominicos, que tomaron posesión en 1781.

Y durante las guerras de la Independencia, el lugar tuvo una importancia estratégica.

Por sus tierras pasaron y estuvieron vinculados al sitio hombres fundamentales de nuestra historia, entre ellos Manuel Belgrano y José de San Martín.

El antiguo conjunto también fue utilizado por las tropas patriotas y sirvió como lugar de alojamiento y apoyo para el Ejército.

Con el paso de los años, el edificio sufrió un fuerte deterioro.

En 1860, el naturalista Germán Burmeister describió el conjunto como completamente en ruinas.

Pero en 1882 comenzó una importante reconstrucción dirigida por fray Ángel María Boisdron.

Fue entonces cuando la iglesia adquirió gran parte de la imagen que podemos reconocer en esta fotografía: su imponente fachada, sus dos torres y el lenguaje neoclásico que todavía la caracteriza.

La escuela continuó funcionando allí hasta 1935.

Luego llegó nuevamente el abandono.

En 1944, San José de Lules fue declarado Monumento Histórico Nacional y, durante la década de 1970, comenzó un nuevo proceso de restauración que permitió recuperar parte del templo y del antiguo conjunto.

Hoy, cuando observamos esta fotografía antigua, no estamos viendo solamente una iglesia.

Estamos mirando el lugar donde se cruzan la historia de los jesuitas, la educación, la producción de azúcar y las luchas por la Independencia.

Son paredes que vieron pasar religiosos, trabajadores, estudiantes y soldados.

Paredes que sobrevivieron al abandono y al paso del tiempo.

Y que todavía hoy nos permiten mirar hacia atrás para entender una parte de lo que somos como tucumanos.

San José de Lules.

Un lugar donde la historia no solamente fue escrita.

También comenzó a producirse.

¿Conocías toda la historia que guardan estas paredes?

¿Alguna vez visitaste San José de Lules?

Contanos qué recuerdos tenés de este lugar.












LULES, ANTES DE LAS FRUTILLAS, LA TIERRA DEL TOMATEHoy, cuando pensamos en Lules, es inevitable pensar en sus frutillas....
17/09/2026

LULES, ANTES DE LAS FRUTILLAS, LA TIERRA DEL TOMATE

Hoy, cuando pensamos en Lules, es inevitable pensar en sus frutillas. Pero hace más de un siglo, esta misma tierra tenía otro protagonista: el tomate.

Esta fotografía fue tomada en 1910 y forma parte de la misma historia que vimos en la estación de Lules, donde los trenes esperaban para cargar la producción y llevarla hacia Buenos Aires.

Aquí vemos el otro lado de aquella historia: la tierra.

Los jornaleros trabajaban entre las plantas, cosechando los tomates a mano, bajo el sol y con el esfuerzo de cada jornada. Y hay un dato que permite imaginar mejor aquella época: se menciona que estos trabajadores podían cobrar cinco pesos diarios.

Pero no eran los pesos que conocemos hoy. Eran cinco pesos moneda nacional de 1910, una suma que tenía un poder adquisitivo muy diferente al actual y que, para un jornalero de aquella época, representaba un ingreso importante.

La prensa de aquel tiempo hablaba del crecimiento de la producción de legumbres de Tucumán y dedicaba especial atención al tomate. Lules aparecía entonces como una de las zonas productoras que abastecían mercados lejanos.

Es emocionante pensar que, en estos mismos campos donde hoy se cultiva y se reconoce a Lules por sus frutillas, hace más de cien años otros trabajadores sembraban, cuidaban y cosechaban tomates que después emprendían un largo viaje en tren.

La fotografía nos devuelve una escena sencilla, pero enorme en significado: la tierra, el trabajo y el ferrocarril formando parte de una misma historia.

1910.

Lules todavía estaba construyendo su identidad productiva, pero ya había una tierra que trabajaba, una cosecha que esperaba y un tren dispuesto a llevarla mucho más lejos.

Porque detrás de cada estación hubo campos.

Y detrás de cada tren cargado de productos, hubo cientos de manos que hicieron posible que la producción de Lules llegara a otros lugares.

Más de un siglo después, volvemos a mirar aquella escena y descubrimos que la historia de Lules también estaba escrita entre sus surcos de tomate.

La historia no la cuenta uno solo, la escribimos entre todos.

Lules, Tucumán — 1910

Fotografía publicada en la prensa de la época.

Cuando la historia toma color

HISTÓRICA REAPERTURA DE LA IGLESIA SAN FRANCISCODespués de años de permanecer cerrada, la Iglesia San Francisco se prepa...
16/09/2026

HISTÓRICA REAPERTURA DE LA IGLESIA SAN FRANCISCO

Después de años de permanecer cerrada, la Iglesia San Francisco se prepara para volver a abrir completamente sus puertas el próximo 4 de octubre, coincidiendo con el Día de San Francisco de Asís.

El histórico templo permaneció cerrado desde 2018, cuando el desprendimiento de parte del revoque de su fachada encendió las alarmas por el estado estructural del edificio. Durante estos años se desarrolló un complejo proceso de restauración y puesta en valor para recuperar uno de los grandes símbolos históricos de San Miguel de Tucumán.

Ubicada en la esquina de San Martín y 25 de Mayo, la Iglesia y Convento de San Francisco es mucho más que un edificio religioso: es parte viva de nuestra historia.

Sus orígenes se remontan al período colonial. El conjunto había pertenecido a los jesuitas hasta su expulsión en 1767, y posteriormente pasó a manos de los franciscanos.

La iglesia fue remodelada profundamente entre 1879 y 1885 y su actual templo fue inaugurado en 1887, convirtiéndose en una de las grandes expresiones arquitectónicas del Tucumán de fines del siglo XIX.

Pero sus paredes guardan recuerdos mucho más antiguos.

Durante la Batalla de Tucumán de 1812, el convento fue utilizado para atender a los heridos de aquella histórica jornada. Y en 1816, durante el Congreso que declaró la Independencia, el convento de San Francisco alojó a algunos de los congresales.

Por sus claustros, sus naves y sus patios pasó parte de aquella historia que terminó marcando para siempre a nuestra provincia y a nuestro país.

Ahora, después de años de espera, restauración y trabajo, San Francisco vuelve a recuperar su lugar en el corazón de la ciudad.

El próximo 4 de octubre no será solamente la reapertura de una iglesia.

Será también la recuperación de un pedazo de nuestra memoria.

¿Quién recuerda cómo era la Iglesia San Francisco antes de su restauración?

¿Qué recuerdos tienen de este histórico templo?

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Monteros
T4142

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