Mauricio Lamontanaro

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Mauricio Lamontanaro Bienvenidos a la historia de Tucumán.

Un lugar donde el pasado cobra vida, toma color y nos ayuda a entender quiénes somos, de dónde venimos… y hacia dónde vamos.

60 años después: la historia que comenzó mucho antes del cierre de los ingeniosEl 22 de agosto de 1966 Tucumán cambió pa...
22/08/2026

60 años después: la historia que comenzó mucho antes del cierre de los ingenios

El 22 de agosto de 1966 Tucumán cambió para siempre.

Ese día comenzó una política que terminaría con el cierre de once ingenios azucareros, miles de trabajadores sin empleo y pueblos enteros golpeados por una de las mayores crisis sociales de nuestra historia.

Pero hay algo que no podemos olvidar:

La crisis no comenzó en 1966.

Mucho antes de que llegara Onganía al poder, la industria azucarera tucumana ya arrastraba problemas de producción, comercialización, endeudamiento y sobreproducción.

Y hay un caso que lo demuestra claramente: el Ingenio Santa Ana.

En 1932, la empresa propietaria del ingenio atravesó una profunda crisis financiera. La deuda con el Banco de la Nación Argentina superaba los 10 millones de pesos, además de las obligaciones con el Banco Hipotecario Nacional.

La empresa quebró.

Y ocurrió algo que parece increíble cuando se lo mira desde el presente:

El Estado terminó haciéndose cargo del ingenio.

El 7 de diciembre de 1932, el Banco Nación tomó el control de Santa Ana para proteger sus créditos. La fábrica había dejado de moler ese año.

En 1933 fue arrendada y volvió a funcionar. En 1940, el Banco Nación volvió a tomar directamente su administración.

Durante años el Estado invirtió en la fábrica, intentó modernizarla y mantenerla funcionando.

Porque Santa Ana no era solamente una empresa.

Detrás de sus chimeneas había trabajadores, familias, colonias, comercios, productores cañeros y una población que dependía de la zafra.

Durante la década de 1950, la población vinculada al ingenio podía superar las 30.000 personas durante la cosecha.

En 1957, Santa Ana pasó del Estado nacional a la Provincia de Tucumán.

Y en 1963 se avanzó sobre una nueva etapa, con la colonización de aproximadamente 7.000 hectáreas, divididas en 225 parcelas.

Es decir:

Una empresa privada terminó bajo control del Banco Nación por sus deudas y posteriormente pasó a la Provincia.

Esto ocurrió 34 años antes de los cierres de 1966.

Por eso, cuando hablamos de la crisis azucarera tucumana, no podemos empezar la historia en agosto de 1966.

La sobreproducción también fue parte del problema

Durante años la industria enfrentó otro problema fundamental:

Se producía más azúcar de la que el mercado podía absorber en condiciones rentables.

Más producción podía significar más excedentes.

Los excedentes significaban azúcar almacenada.

El azúcar almacenada significaba capital inmovilizado.

Y eso podía terminar generando dificultades para pagar salarios, cañeros, proveedores y los gastos necesarios para comenzar una nueva zafra.

Se formaba así un círculo difícil de romper:

Más caña → más azúcar → excedentes → dificultades de venta → menor ingreso → necesidad de crédito → mayor endeudamiento.

Y mientras tanto había que seguir pagando trabajadores, mantener las fábricas, comprar combustible, reparar máquinas y financiar la siguiente cosecha.

Por eso un ingenio podía producir mucho y, al mismo tiempo, estar cada vez más endeudado.

Y el Estado ya estaba dentro de la industria

El Estado había intervenido durante décadas.

Otorgaba créditos.

Regulaba.

Intentaba controlar la producción.

Sostenía mecanismos de asistencia.

Y en algunos casos, como Santa Ana, incluso terminaba administrando directamente un ingenio.

Pero eso también generaba una pregunta cada vez más difícil:

¿Hasta cuándo podía el Estado seguir sosteniendo establecimientos que tenían problemas financieros y productivos?

La respuesta no fue sencilla.

Porque del otro lado estaban los trabajadores.

Y estaba la FOTIA, fundada en 1944, que durante más de dos décadas había construido una enorme capacidad de organización y lucha.

También estaban los cañeros.

Los comerciantes.

Los transportistas.

Las familias.

Los pueblos enteros que vivían alrededor de cada fábrica.

1965: la crisis estalla

En 1965, la situación llegó a un punto crítico.

La producción era elevada, pero los problemas de comercialización y los excedentes presionaban sobre las finanzas de los ingenios.

Los trabajadores comenzaron a sufrir atrasos salariales.

Los cañeros reclamaban el pago de su producción.

Los empresarios reclamaban asistencia.

Los conflictos laborales se multiplicaron.

La crisis económica se convirtió en una crisis social.

Y Tucumán quedó atrapado en una enorme disputa:

¿Quién debía pagar el costo de sostener la industria azucarera?

Entonces llegó 1966

El 28 de junio de 1966, un golpe de Estado derrocó a Arturo Illia.

Juan Carlos Onganía asumió el gobierno.

Y encontró una industria con problemas reales:

Deudas, excedentes, dificultades de productividad, conflictos laborales y una enorme dependencia económica del azúcar.

Pero la dictadura eligió una determinada manera de resolver esa crisis.

El 22 de agosto de 1966, la Ley 16.926 abrió el camino a la intervención y posterior cierre de ingenios.

Once fábricas dejaron de funcionar.

Y detrás de cada chimenea apagada hubo mucho más que una empresa.

Hubo familias que perdieron su sustento.

Hubo pueblos que comenzaron a vaciarse.

Hubo trabajadores que tuvieron que emigrar.

Hubo cañeros que perdieron su mercado.

Hubo comercios que dejaron de vender.

Hubo clubes, escuelas y comunidades enteras que quedaron profundamente afectadas.

Por eso, 1966 no puede entenderse solamente como la historia de once fábricas cerradas.

Fue el resultado de una crisis que venía acumulándose desde mucho antes.

Una crisis donde estuvieron presentes:

La sobreproducción.

Los excedentes.

El endeudamiento.

Los créditos.

La intervención del Estado.

Los empresarios.

Los cañeros.

Los trabajadores.

Y las decisiones políticas.

Y todavía queda una pregunta fundamental:

¿Qué pasó con las deudas de los ingenios cuando fueron cerrados?

¿Quién las pagó?

¿Qué ocurrió con los créditos?

¿Qué pasó con las máquinas?

¿Quién se quedó con las tierras?

¿Quién decidió qué fábricas sobrevivían y cuáles desaparecían?

Son preguntas que todavía debemos seguir investigando.

Porque si queremos contar la verdadera historia de Tucumán, no podemos quedarnos solamente con la fecha del cierre.

Tenemos que mirar hacia atrás.

Mucho antes del 22 de agosto de 1966.

Porque aquel día no comenzó la crisis.

Aquel día comenzó una nueva etapa de una crisis que Tucumán venía soportando desde hacía décadas.

Y detrás de cada chimenea que quedó apagada hubo una historia.

Una fábrica.

Una familia.

Un pueblo.

Una vida.

Historia de Tucumán

El Ingenio San Miguel: una fábrica que desapareció, pero cuya historia todavía viveHoy, cuando recorremos las tierras de...
21/08/2026

El Ingenio San Miguel: una fábrica que desapareció, pero cuya historia todavía vive

Hoy, cuando recorremos las tierras de Ranchillos, Finca López y San Miguel, quizás resulte difícil imaginar que allí alguna vez funcionó una fábrica azucarera que fue parte de la transformación industrial de Tucumán.

El *Ingenio San Miguel*, nacido hacia 1889, llegó a ser una empresa moderna para su tiempo. Tenía campos, trabajadores, ferrocarril, maquinaria y una comunidad que creció alrededor de la producción azucarera.

Pero hay un capítulo de su historia que merece ser recordado especialmente.

En junio de 1904, allí comenzó una huelga que hizo historia.

Los trabajadores del Ingenio San Miguel se encontraban en conflicto por el despido de trabajadores riojanos. El 10 de junio de 1904, la policía dispersó violentamente a los obreros que se habían reunido en la casa de Santiago Cardoso hijo, donde funcionaba el Centro Cosmopolita de Trabajadores.

Lo que comenzó en San Miguel no quedó encerrado dentro de sus paredes.

La protesta fue creciendo hasta extenderse por los ingenios del departamento Cruz Alta. Días después, miles de trabajadores participaron de asambleas y el conflicto llegó a paralizar los ingenios de la región. Los reclamos incluían mejores salarios, la eliminación de los vales y mejores condiciones laborales.

Por eso, el San Miguel ocupa un lugar fundamental en la historia del movimiento obrero azucarero tucumano: *la huelga de 1904 es reconocida como la primera gran huelga generalizada del proletariado azucarero tucumano y tuvo su punto de partida en este ingenio.*

Y quizás lo más conmovedor sea pensar que aquellos trabajadores no podían imaginar que, más de un siglo después, alguien volvería a buscar sus huellas.

La fábrica cerró definitivamente en 1916.

Sus trapiches dejaron de funcionar.

Sus edificios desaparecieron.

Los vagones dejaron de llevar caña hacia sus instalaciones.

Pero el territorio conservó su memoria.

Quedaron los nombres, los caminos, las colonias, las tierras, las referencias ferroviarias y, sobre todo, la historia de quienes alguna vez trabajaron allí.

Hoy quiero recuperar esa historia y devolverle un lugar en la memoria de Tucumán.

Te invito a leer la investigación completa sobre el Ingenio San Miguel y conocer la historia de la fábrica que desapareció, pero dejó su nombre en el territorio:

https://mauriciolamontanaro.com.ar/articulo/ingenio-san-miguel-la-fabrica-que-desaparecio-pero-dejo-su-nombre-en-el-territorio

Porque cuando la historia toma color, los lugares que desaparecieron vuelven a hablar.

21/08/2026

Una video de que pasó un seguidor!
Ex Ingenio Mercedes


El Ingenio Lules funcionó apenas unas dos décadas, entre 1879 y 1899. Pero durante esos años fue protagonista de uno de ...
20/08/2026

El Ingenio Lules funcionó apenas unas dos décadas, entre 1879 y 1899. Pero durante esos años fue protagonista de uno de los primeros grandes procesos de modernización de la industria azucarera tucumana.

Hay historias que duraron décadas. Y hay otras que, aunque fueron breves, dejaron una huella que sobrevivió mucho más que sus propias paredes.

Fue la fábrica de Clodomiro Hileret, tuvo maquinaria a v***r, grandes plantaciones de caña, una importante obra hidráulica y hasta su propia conexión ferroviaria.

Y de aquella obra de agua nació un nombre que todavía permanece en la memoria de Lules:

“La Bomba i’ Lules”.

La fábrica desapareció.
La casa de Hileret fue demolida.
Las antiguas instalaciones se fueron perdiendo.
En 2010 también cayeron sus grandes chimeneas.

Pero la memoria quedó.

Las tierras continuaron vinculadas al azúcar y, décadas después, el antiguo predio también atravesó uno de los capítulos más dolorosos de la historia tucumana.

Hoy quiero recuperar esa historia y contarla completa: desde la llegada de Hileret y el nacimiento del ingenio hasta su cierre, la transformación de sus tierras y la desaparición de sus últimos vestigios.

Porque a veces una fábrica puede desaparecer, pero su historia sigue viva.

Leé la historia completa del Ingenio Lules: “La Bomba i’ Lules”:

https://mauriciolamontanaro.com.ar/articulo/ingenio-lules-la-historia-de-la-bomba-i-lules

Aguilares no sería la misma ciudad sin su ingenio.Pero la historia de esta fábrica comienza mucho antes de la primera mo...
19/08/2026

Aguilares no sería la misma ciudad sin su ingenio.

Pero la historia de esta fábrica comienza mucho antes de la primera molienda de 1903. Comienza con un territorio rural que fue transformándose, con familias, trabajadores, cañeros y empresarios que fueron construyendo una industria que terminaría marcando para siempre la identidad de la ciudad.

En 1902 nació formalmente el Ingenio Aguilares. Desde entonces llegaron el crecimiento de la producción, el Decauville, las colonias, las viviendas obreras, la destilería, el ferrocarril, las escuelas y una enorme comunidad de trabajadores que hizo de la zafra una parte inseparable de la vida de Aguilares.

Pero también llegaron los momentos más difíciles.

En 1966, cuando el cierre de ingenios parecía condenar a buena parte de Tucumán al abandono, Aguilares estuvo al borde de desaparecer. Los trabajadores lucharon para mantener abierta la fábrica. En 1967 volvió a moler y, después del cierre del Ingenio San Ramón, hasta recibió parte de su maquinaria y su trapiche.

En 1969 nació una nueva etapa con Ingenio Aguilares S.A.

Después vendrían nuevas crisis, cambios de administración y transformaciones empresariales. Y, contra todo pronóstico, aquella fábrica que tantas veces estuvo en peligro continuó funcionando.

Hoy, más de un siglo después de aquella primera molienda, el ingenio sigue formando parte de la vida de Aguilares.

Esta no es solamente la historia de una fábrica.

Es la historia de una ciudad que creció junto a ella, de generaciones de trabajadores, de cañeros, de familias y de una comunidad que se negó a dejar apagar una de sus principales fuentes de vida.

Te invito a recorrer toda esta historia, desde los antecedentes de 1891 hasta la actualidad.

Leé el artículo completo:

https://mauriciolamontanaro.com.ar/articulo/ingenio-aguilares-la-historia-de-la-fabrica-que-crecio-junto-a-una-ciudad-y-sobrevivio-a-la-crisis-azucarera-tucumana

18/08/2026

Hoy comienza este recorrido por la historia de nuestros ingenios azucareros.

En este primer Reel viajamos hasta 1910, para conocer una imagen histórica del Ingenio Rantillo, uno de los tantos establecimientos que formaron parte de la identidad productiva y social de Tucumán.

Una fotografía que nos permite mirar más de un siglo atrás y encontrarnos con una industria que marcó profundamente la vida de nuestra provincia.

La historia toma color, pero la memoria nunca se apaga.

#1910

Ingenio San Antonio: la historia de la fábrica que transformó para siempre a RanchillosRanchillos no nació solamente alr...
18/08/2026

Ingenio San Antonio: la historia de la fábrica que transformó para siempre a Ranchillos

Ranchillos no nació solamente alrededor de un ingenio. Durante décadas, el Ingenio San Antonio fue el corazón de una comunidad entera.

En sus chimeneas, en el ruido de los trapiches y en el movimiento de los trenes se escribió una parte fundamental de la historia de Tucumán. Allí trabajaron generaciones de hombres y mujeres que hicieron de la caña de azúcar mucho más que una actividad económica: hicieron de ella una forma de vida.

Pero detrás de la fábrica también hubo familias, barrios, escuelas, clubes, iglesias, comercios y sueños. El ingenio ayudó a transformar un territorio rural en un pueblo con identidad propia. Las viviendas obreras, las colonias cañeras, la Escuela Provincia de San Luis, el Club San Antonio y tantas otras instituciones fueron creciendo al ritmo de la zafra.

En 1910, cuando Antonio Capurro puso en marcha aquella moderna fábrica en Ranchillos, pocos podían imaginar la huella que dejaría durante más de medio siglo.

Y tampoco podían imaginar el vacío que provocaría su cierre en 1966.

La desaparición del Ingenio San Antonio significó mucho más que el final de una fábrica. Significó la pérdida de puestos de trabajo, el desarraigo de familias, el desmantelamiento de una estructura productiva y el comienzo de una de las etapas más dolorosas de la historia tucumana.

Pero una fábrica puede desaparecer y una historia no.

Hoy quedan recuerdos, fotografías, instituciones y, sobre todo, la memoria de quienes vivieron aquella época.

Esta es la historia del Ingenio San Antonio: una historia de trabajo, progreso, familias, lucha y memoria que merece ser contada.

Leé la historia completa:

https://mauriciolamontanaro.com.ar/articulo/ingenio-san-antonio-la-historia-de-la-fabrica-que-transformo-para-siempre-a-ranchillos

Los Ralos no nació con el ingenio.Mucho antes de que las chimeneas comenzaran a formar parte del paisaje, esta tierra ya...
16/08/2026

Los Ralos no nació con el ingenio.

Mucho antes de que las chimeneas comenzaran a formar parte del paisaje, esta tierra ya tenía su propia historia. Había montes, estancias, caminos, familias, trabajadores y una vida rural que fue transformándose con el paso del tiempo.

Después llegó la caña de azúcar. Llegó el ferrocarril. Llegó el Ingenio Los Ralos y, alrededor de sus máquinas, se construyó un pueblo entero.

Durante casi un siglo, el sonido de la fábrica marcó la vida de generaciones. La zafra, los trenes, los cañaverales, las escuelas, la parroquia, el club, las viviendas y las familias quedaron unidos para siempre a la historia del ingenio.

Pero en 1966 las máquinas se apagaron.

Y la historia no terminó.

Los trabajadores tuvieron que luchar por nuevas fuentes de empleo. Llegó la Textil Escalada, que intentó devolverle una actividad industrial al pueblo. Cerca de 120 antiguos trabajadores del ingenio encontraron allí una nueva oportunidad. Después vinieron los conflictos, la lucha obrera, la ocupación de la fábrica, la reapertura y, finalmente, otro cierre en 1978.

Dos fábricas. Dos épocas. Y una misma comunidad que nunca dejó de luchar por seguir adelante.

Hoy, cuando muchas de aquellas instalaciones ya no existen, todavía quedan las historias de quienes trabajaron allí, de quienes vivieron la zafra, de quienes vieron partir a sus familiares y de quienes decidieron quedarse.

Porque contar la historia de Los Ralos no es solamente hablar de un ingenio.

Es hablar de un pueblo.

Es hablar de sus trabajadores, de sus familias y de varias generaciones que construyeron su vida alrededor del trabajo.

Y es recordar que, aunque las fábricas pueden cerrar, la memoria de quienes las hicieron funcionar permanece.

Leé la historia completa del Ingenio Los Ralos y conocé todo lo que existía antes de la fábrica, cómo nació el pueblo, cómo se desarrolló la industria azucarera y qué ocurrió después del cierre.

Leer la historia completa del Ingenio Los Ralos

https://mauriciolamontanaro.com.ar/articulo/ingenio-los-ralos-una-historia-que-comenzo-mucho-antes-de-la-fabrica

El Ingenio Mercedes no fue solamente una fábrica.Durante décadas fue el corazón de Lules. Allí trabajaron y vivieron mil...
15/08/2026

El Ingenio Mercedes no fue solamente una fábrica.

Durante décadas fue el corazón de Lules. Allí trabajaron y vivieron miles de familias. Tuvo viviendas, escuela, hospital, talleres, ferrocarril, proveeduría y una enorme infraestructura que convirtió al ingenio en una verdadera comunidad.

Pero su final fue inesperado.

En la década de 1960, el Mercedes pasó a manos de Herminio Arrieta, propietario de Ledesma. La fábrica fue modernizada y aumentó considerablemente su capacidad. Para 1964 era uno de los establecimientos más modernos y eficientes de Tucumán.

Y apenas unos años después, cerró.

El 1 de febrero de 1967 se anunció el despido de alrededor de 1.700 trabajadores.

La historia del cierre es mucho más compleja de lo que parece. El Mercedes no había sido incluido originalmente entre los ingenios afectados por la primera intervención de la política azucarera de la dictadura de Juan Carlos Onganía.

Entonces, ¿por qué cerró?

La decisión estuvo relacionada con el retiro de Arrieta de Tucumán y con el nuevo escenario creado por la reestructuración de la industria azucarera.

Después llegó una de las escenas más dolorosas: la fábrica comenzó a ser desmantelada. Según testimonios recogidos por investigaciones sobre Lules, alrededor de 50 camiones llegaron para retirar el trapiche y parte de la maquinaria fue trasladada hacia Jujuy.

En muchos casos, fueron los propios trabajadores quienes tuvieron que desmontar las máquinas con las que habían trabajado durante años.

El Mercedes desaparecía.

Pero quedaban las familias, los barrios y la memoria de una comunidad.

Porque cuando desaparece un ingenio no desaparecen solamente sus edificios. También cambia para siempre la vida de quienes crecieron alrededor de él.

Una historia de trabajo, progreso, poder, decisiones empresariales y, sobre todo, de una comunidad que nunca olvidó al ingenio que alguna vez fue su corazón.

Hoy no quiero hablar de historia, de fotografías antiguas ni de recuerdos de Tucumán. Hoy quiero compartir un recuerdo m...
14/08/2026

Hoy no quiero hablar de historia, de fotografías antiguas ni de recuerdos de Tucumán. Hoy quiero compartir un recuerdo mío.

Estoy cumpliendo años, y mi familia decidió sorprenderme de una manera que voy a guardar para siempre. Porque detrás de cada publicación, cada investigación, cada fotografía restaurada y cada historia que intento rescatar, hay una familia que muchas veces acompaña, entiende mis tiempos y comparte conmigo esta pasión.

La sorpresa fue mucho más que una celebración. Fue uno de esos momentos que te hacen detenerte un instante y mirar todo lo que tenés alrededor.

Y quizás por eso esta fotografía significa tanto para mí. Porque no muestra solamente a alguien cumpliendo años. Muestra a una persona rodeada de cariño, de afectos y de aquellos que hacen que el camino valga la pena.

A mi familia, gracias por la sorpresa, por el amor y por estar siempre.

Y a ustedes, que están del otro lado de esta página, que leen, comentan, comparten, aportan fotografías y me acompañan en esta aventura de recuperar nuestra memoria: gracias también.

Cada mensaje, cada historia que me cuentan y cada fotografía que llega a mis manos me recuerdan que este proyecto no lo hago solamente yo. Lo construimos entre todos.

Hoy me toca celebrar un año más de vida, pero también celebrar algo mucho más importante: tener motivos para agradecer.

Gracias por acompañarme.

Mauricio

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