EPNM N 18 Brig Gral Don Juan Manuel de Rosas

EPNM N 18 Brig Gral Don Juan Manuel de Rosas Información de contacto, mapa y direcciones, formulario de contacto, horario de apertura, servicios, puntuaciones, fotos, videos y anuncios de EPNM N 18 Brig Gral Don Juan Manuel de Rosas, 1 de mayo y Bourmeister, Paraná.

18/09/2011

Introducción

Hace 175 años, un hacendado bonaerense se convirtió en el gobernante que ejerció el poder durante
más tiempo en toda la historia argentina. En esos tiempos lejanos, quien era ungido como Gobernador
de la Provincia de Buenos Aires ejercía, por delegación del resto de las provincias, la representación
exterior del mosaico político-social denominado Confederación Argentina. Juan Manuel de Rosas ejerció
la primera magistratura bonaerense en dos oportunidades: de 1829 a 1832 y de 1835 a 1852, haciéndolo
en el primer caso en uso de facultades extraordinarias, y en el segundo, con la suma del poder público.
Las facultades extraordinarias eran, en esa época, un recurso al que habían accedido todos los
gobiernos desde la Revolución de Mayo de 1810, en tanto la suma del poder público, no tenía
antecedentes nacionales. Esta atribución, implicaba la concentración de los poderes legislativo y judicial
en el ejecutivo, y aunque no era por tiempo ilimitado, le fue otorgada a Rosas todas y cada una de las
veces en que fue reelecto como Gobernador durante los 17 años siguientes a 1835. En ese año, la
primera vez en que se le otorgaba el poder omnímodo, se recurrió a un plebiscito en el que por primera y
única vez hasta 1912, el sufragio masculino fue universal y sin restricciones censitarias ni de otra
naturaleza. La decisión de la Legislatura provincial fue refrendada entonces por 9.720 votos contra 8,
sobre una población aproximada de 55.000 habitantes. Para tener una idea de la novedad que implicaba
tanto el plebiscito como el sufragio masculino universal, hay recordar que los miembros de la Legislatura
eran elegidos por un padrón de aproximadamente 164 vecinos, todos ellos grandes hacendados,
comerciantes monopolistas y representantes de la alta pequeña burguesía profesional, bajo exclusión de
quienes no fueran propietarios de tierras y/o analfabetos.
Es decir, que Rosas constituía un caso singular de representación que abarcaba a todas las clases
sociales de la época, constituyendo un consenso casi único en toda la historia argentina. Rosas mismo
era un gran hacendado ganadero, exportador de cueros, sebo, y fundamentalmente tasajo (carne salada,
con salida a los mercados esclavistas americanos). No obstante su abolengo aristocrático y señorial, a la
usanza de las mejores tradiciones medievales hispánicas, ejercía una notable influencia sobre las
peonadas que trabajaban en su hacienda, sobre los principales caciques indígenas de la frontera interna,
y sobre la plebe urbana en ese entonces más marginal: mulatos, negros y mestizos.
En una carta que Rosas dirige a su amigo, Santiago Vázquez, el 8 de diciembre de 1829, aclara los
motivos que lo llevaron a esa particular relación con las clases populares: "Para esto me fue preciso
trabajar con mucha constancia, con muchos sacrificios de comodidades y de dinero, hacerme gaucho
como ellos y hacer cuanto ellos hacían; protegerlos, hacerme su apoderado, cuidar de sus intereses, en
fin, no ahorrar trabajo ni medios para adquirir más su concepto", ello debido a que “los errores de
quienes me han precedido en la conducción del país han radicado, grandemente, en ignorar a los
hombres de las clases bajas, los de la campaña, que son la gente de acción". Le advierte a Vázquez
sobre "la disposición que hay siempre en el que no tiene contra los ricos y superiores", por lo que le
parece "muy importante conseguir una influencia grande sobre esa clase para contenerla o para
dirigirla". La propia caracterización que Rosas hace de él mismo se ve corroborada por John Murray
Forbes, cónsul general de los Estados Unidos, según informa a su gobierno en 1829: "En
comunicaciones anteriores he tratado de hacer un esbozo de este hombre extraordinario. En términos
generales es una persona de educación limitada, pero se parece a esos farmers (granjeros) de mucho
carácter que abundan en nuestro país y que son considerados, con justicia, la mejor garantía de nuestra
libertad nacional. Rosas, sin embargo, difiere de cualquier cosa conocida entre nosotros, ya que él debe
su gran popularidad entre los gauchos, o campesino común, al hecho de, haberse asimilado casi
totalmente a su manera singular de vida, sus labores y aun sus deportes. Se dice que no tiene
competidor en cualquier ejercicio físico, aun aquellos más violentos y difíciles, de aquella raza de
hombres semisalvaje. Es sumamente suave de maneras y tiene algo de las reflexiones y reserva de
nuestros jefes indios. No hace ostentación alguna de saber, pero toda su conversación trasluce un
excelente juicio y conocimiento de los asuntos del país y el más cordial y sincero patriotismo
175 años después, Rosas y su régimen continúan siendo motivo de apasionadas polémicas
historiográficas y, aunque parezca extraño, políticas. Políticas en un sentido no contemporáneo al
tiempo de Rosas, sino a cada una de las contemporaneidades del devenir histórico argentino. ¿A qué se
debe esa eterna polémica en un país donde, salvo escasísimas excepciones, los gobernantes carecieron
de legalidad y/o legitimidad para el ejercicio de sus cargos? ¿En un país en el que resulta absolutamente
extraña la confluencia de una alianza de clases tan vasta como la lograda por el gaucho de los Cerrillos?
¿En una historia política en la que dictadores militares y civiles autoritarios, ejercieron casi sin solución
de continuidad el poder con facultades extraordinarias ó la suma del poder público de facto? ¿Reside
en la cantidad de tiempo en que ejerció continuadamente el poder? ¿Tiene que ver, justamente, con el
apoyo de clases transversal que logró sostener durante ese extenso período de tiempo, aunque su
mandato fuera renovado escrupulosa y legalmente cada cinco años como marcaba la ley vigente?
¿Acaso porque ejerció el poder en términos revolucionarios a favor de esas clases populares? ¿Reside
la naturaleza del problema en la personalidad excepcional del Caudillo? Y en todo caso, si fuera así, ¿En
qué consistía esa excepcionalidad dentro del contexto y condiciones sociales, políticas e ideológicas de
la Argentina de aquella época histórica?
El Brigadier General don Juan Manuel de Rosas había nacido en Buenos Aires en 1793. Hijo de una de
las familias de hacendados bonaerenses más aristocráticas, los Ortiz de Rozas, y vinculado por lazos
familiares y sociales con la fracción dominante que Manuel Dorrego había caracterizado como la
aristocracia del dinero, se había dedicado durante los turbulentos primeros diez años posteriores a la
Revolución de Mayo de 1810 a establecerse como hacendado ganadero en la zona sur de la provincia,
en terrenos lindantes con la frontera indígena, dedicándose a la industria del saladero. En ese tiempo y
lugar, era común que los hacendados formaran sus propias milicias de autodefensa y que ejercieran
sobre sus peonadas un estricto y riguroso paternalismo autoritario que los hacía, en los hechos, la
autoridad indiscutida dentro de sus dominios territoriales.
Así, en 1820, Rosas formó su cuerpo de Colorados del Monte, también conocida como Milicia del Sur,
siendo requerido su auxilio durante el año de la anarquía y del día de los tres gobernadores para
sostener en el gobierno al Director Supremo, Rondeau, derrotado por los caudillos federales de Santa Fe
y Entre Ríos en la batalla de Cepeda. No obstante, las cosas cambiaron ante la decisiva intervención de
las Milicias del Norte, comandadas por Manuel Dorrego y sus lugartenientes Pagola y Soler. Dorrego,
nombrado gobernador interino, desplegó una contraofensiva sobre territorio santafecino que culminó con
su triunfo en San Nicolás comisionando a Rosas y al general Martín Rodríguez para negociar con los
caudillos López y Ramírez los términos de la rendición. Los comisionados, en particular Rosas, llegaron
a un acuerdo con López pero sobre la base de la deposición de Dorrego y el nombramiento de un nuevo
gobernador.
Tanto Rodríguez como Rosas buscaban neutralizar el federalismo plebeyo y radical del dorreguismo,
encontrando coincidencias con el caudillo santafesino más allá de sus enfrentadas divisas partidarias, en
tanto su carácter común de grandes hacendados señoriales. Dorrego entonces invadió la provincia de
Santa Fe y, al retirarse las tropas comandadas por Rodríguez y Rosas, fue completamente derrotado en
la batalla del Gamonal, el 2 de septiembre de 1820. La Legislatura de Buenos Aires, a propuesta de
Rosas, designó nuevo gobernador a Martín Rodríguez, expidiendo un bando que dejaba fuera de la ley a
Dorrego y sus milicias y firmaba la paz con los caudillos litoraleños. La plebe de la ciudad se sublevó y
un Cabildo Abierto desconoció tanto al nuevo gobernador como a la legislatura, pero el movimiento fue
aplastado por la enérgica acción de los Colorados del Monte. Rosas volvió a su hacienda y nuevamente
se desvinculó, por lo menos en forma pública, de la agitada política nacional, no obstante lo cual se
había convertido en árbitro y garante no solo del orden público sino también de la permanencia en el
poder de la fracción directorial.

Reivindicando, reconociendo al Restaurador de la Patria...
28/08/2011

Reivindicando, reconociendo al Restaurador de la Patria...

Algo de Historia Argentina por la voz del mismo José María Rosa, Historiador Revisionista, Hace un juicio sobre Juan Manuel de Rosas, creo apropiado hacerlo ...

11/07/2011
04/07/2011

Dirección

1 De Mayo Y Bourmeister
Paraná
3114

Página web

Notificaciones

Sé el primero en enterarse y déjanos enviarle un correo electrónico cuando EPNM N 18 Brig Gral Don Juan Manuel de Rosas publique noticias y promociones. Su dirección de correo electrónico no se utilizará para ningún otro fin, y puede darse de baja en cualquier momento.

Compartir