Bio Constelaciones Familiares

Bio Constelaciones Familiares Constelaciones Familiares Avalado por el CLCF / Decodificacion Biologica Ceremonias de temazcal y chamanicas.Registros Akashicos y Gestalt Control y descontrol.

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irigoyen 329, 3100 Paraná
La formacion en manejo de los miedos contiene los siguientes temas a desarrollar. Manejo del miedo escenico
Manejo del miedo al contacto
Manejo del miedo a la voz y al cuerpo fisico
Manejo al miedo a la oscuridad
Manejo del miedo al soltar. Manejo del miedo a los vinculos sanos. Manejo del miedo a lo que no conocemos.

CONSTELACIONES FAMILIARESSesiones Grupales e IndividualesCon Eduardo SeguraA veces repetimos historias, emociones o vínc...
20/07/2026

CONSTELACIONES FAMILIARES
Sesiones Grupales e Individuales
Con Eduardo Segura

A veces repetimos historias, emociones o vínculos que no comprendemos. Las Constelaciones Familiares ofrecen un espacio para observar esas dinámicas desde una nueva perspectiva y abrir la posibilidad de encontrar un lugar diferente frente a ellas.

Si estás atravesando situaciones relacionadas con:
✨ Relaciones de pareja.
✨ Conflictos familiares.
✨ Duelos y pérdidas.
✨ Decisiones importantes.
✨ Bloqueos personales o laborales.
✨ Repetición de situaciones que parecen no tener explicación.

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Cuando una persona encuentra un nuevo lugar en su sistema, muchas veces cambian también sus posibilidades de mirar y actuar en la vida.

El pasado no vuelve: recuperar el presente como fundamento de la pazUna aproximación desde la psicología profunda, la fe...
06/07/2026

El pasado no vuelve: recuperar el presente como fundamento de la paz
Una aproximación desde la psicología profunda, la fenomenología de las relaciones y la experiencia humana
Dr. Roque
Existe una confusión frecuente cuando una persona intenta sanar. Se cree que recuperar la paz consiste en regresar al pasado, reorganizarlo, reinterpretarlo una y otra vez hasta convertirlo en una experiencia soportable. Sin embargo, esa búsqueda suele transformarse en una paradoja: cuanto más se intenta modificar el pasado, más poder adquiere sobre el presente.
El pasado posee una condición inalterable: ha dejado de existir como realidad y permanece únicamente como memoria. La memoria no es un archivo fotográfico; es un proceso vivo que reconstruye constantemente los acontecimientos desde el estado emocional actual. Por ello, toda pretensión de revivir el pasado como si ocurriera nuevamente en el presente constituye una ilusión psicológica. El recuerdo no es el acontecimiento; es la interpretación que hacemos de él desde el presente.
Carl Gustav Jung observó que aquello que permanece inconsciente continúa influyendo en nuestra vida hasta el punto de que terminamos experimentándolo como destino. Esta afirmación no invita a vivir atrapados en la historia, sino a reconocer que las experiencias no elaboradas siguen actuando silenciosamente desde la sombra de la personalidad. El pasado no desaparece porque lo neguemos, pero tampoco se resuelve convirtiéndolo en nuestra residencia emocional. La transformación ocurre cuando deja de gobernarnos desde el inconsciente y pasa a integrarse conscientemente en nuestra historia.
Bert Hellinger aportó otra perspectiva igualmente significativa. En su trabajo con los sistemas familiares mostró que muchas personas permanecen ligadas al sufrimiento no sólo por sus propias experiencias, sino también por fidelidades invisibles hacia su familia y hacia historias anteriores a su propia existencia. Sin advertirlo, intentan reparar dolores ajenos, cargar culpas que no les pertenecen o repetir destinos que nunca eligieron. La reconciliación comienza cuando cada uno ocupa su lugar y comprende que honrar el pasado no significa repetirlo.
Esta diferencia resulta esencial. Recordar no es lo mismo que permanecer identificado con el recuerdo. Recordar permite integrar; identificarse con el recuerdo significa seguir viviendo dentro del acontecimiento.
La psicología profunda entiende que el sufrimiento no desaparece porque intentemos olvidarlo, sino porque encuentra un significado dentro de la totalidad de nuestra vida psíquica. Jung llamó a este proceso individuación: el camino mediante el cual la persona integra todas las dimensiones de sí misma sin negar ninguna, pero sin quedar dominada por ellas. El objetivo no consiste en eliminar el dolor, sino en impedir que el dolor se convierta en la definición completa de nuestra identidad.
Existe, sin embargo, una pregunta que pocas personas se animan a formularse con absoluta honestidad.
¿Cómo sería tu vida si el pasado, tal como lo recuerdas, ya no ocupara el centro de tu existencia?
No se trata de negar que los acontecimientos ocurrieron. Se trata de preguntarse cuánto de lo que hoy llamamos "yo" está construido sobre una repetición constante de recuerdos. ¿Cuánto de nuestra identidad depende de volver una y otra vez a la misma historia?
Y aparece entonces una segunda pregunta, quizá todavía más desafiante:
¿Cómo sería tu presente si decidieras incorporarte plenamente a él, en lugar de seguir proponiéndote futuros absurdos, futuros imposibles o futuros construidos únicamente para compensar aquello que alguna vez te faltó?
Con demasiada frecuencia el ser humano vive oscilando entre dos ilusiones. Una consiste en revivir un pasado que ya no existe. La otra consiste en fabricar un futuro imaginario que nunca llega. Ambas posiciones tienen algo en común: nos expulsan del presente, el único lugar donde realmente podemos vivir.
Recuperar la paz no significa reestructurar el pasado ni transformarlo artificialmente en una vivencia del presente. Esa pretensión constituye una ficción. Ninguna intervención psicológica, filosófica o espiritual puede convertir el ayer en un hoy. Toda práctica que haga creer que el pasado vuelve a ser presente corre el riesgo de prolongar el sufrimiento en lugar de aliviarlo.
La verdadera tarea consiste en recuperar el presente y convertirlo en el fundamento de una vivencia futura. El presente no necesita ser explicado permanentemente por el pasado, ni justificado por un futuro imaginario. Necesita ser vivido.
Muchas personas organizan toda su existencia alrededor de aquello que perdieron. Otras la organizan alrededor de aquello que esperan recuperar algún día. En ambos casos dejan de habitar el instante presente. Viven prisioneras de una nostalgia o de una expectativa.
La memoria cumple una función indispensable: conservar la continuidad de nuestra identidad. Pero cuando deja de ser memoria y se convierte en la única manera de interpretar el presente, aparece el estancamiento emocional. La persona deja de mirar el mundo tal como es y comienza a verlo exclusivamente a través de antiguas heridas.
Desde la perspectiva de Hellinger, la reconciliación auténtica aparece cuando podemos decir internamente: "Eso ocurrió. Forma parte de mi historia. Lo respeto. Aprendo de ello. Pero ahora elijo vivir mi propia vida". Esa actitud no elimina el pasado; simplemente le devuelve sus límites.
La paz, entonces, no consiste en olvidar ni en justificar. Tampoco consiste en revisar eternamente lo sucedido. Consiste en aceptar que la historia es irreversible, mientras que el sentido que otorgamos a esa historia permanece abierto.
El ser humano vive inevitablemente entre la memoria y la esperanza. El pasado ofrece experiencia. El futuro ofrece posibilidad. Pero únicamente el presente ofrece existencia.
Por eso, recuperar la armonía significa dejar de intentar reconstruir aquello que ya terminó para comenzar a construir aquello que todavía puede nacer. La libertad psicológica no consiste en cambiar la historia, sino en dejar de pedirle permiso a la historia para vivir plenamente.
Quizá la verdadera pregunta ya no sea qué ocurrió ayer.
La verdadera pregunta es:
¿Qué estás dispuesto a hacer hoy con la vida que todavía tienes por delante?
Porque la paz no aparece cuando logramos cambiar nuestros recuerdos. La paz aparece cuando dejamos de pedirles permiso para comenzar a vivir.
Y sólo cuando el presente recupera su dignidad, el futuro deja de ser una fantasía compensatoria para convertirse en un proyecto auténtico de existencia. Allí comienza la verdadera armonía. Allí comienza, finalmente, la libertad. Eduardo Segura Leon

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