06/02/2013
OBERÁ.
El primer nombre que se le habría dado a esta zona de Misiones es el de “Yerbal Viejo”: a mediados del siglo XIX, eran conocidos los campos silvestres de yerba mate situados en el centro del territorio misionero –entre las actuales localidades de Oberá y Campo Grande-, y comenzada su explotación, esos yerbales pasaron a ser denominados como “Yerbal Viejo”, en contraste con los ubicados al noreste, designados a partir de entonces como “Yerbal Nuevo”.
El topónimo que hoy en día ostenta esta jurisdicción le fue dado a su ciudad el 7 de diciembre de 1927. Su origen está emparentado con el líder de la principal tribu que pobló la zona, un cacique convertido al cristianismo que había adquirido el nombre de Overá, que significa “resplandeciente del sol”, por causa de los milagros que realizaba. Otra versión indica que tal designación proviene de la expresión guaraní o-vera, que quiere decir “lo que brilla” o “el que brilla”.
Lo concreto es que, al momento de la creación del municipio, sus habitantes se reunieron en asamblea para tratar el nombre con el que designarían al pueblo. Los inmigrantes –en su mayoría, oriundos de Suecia- habían propuesto se denominase “Nueva Svea” o “Villa Svea”, en tanto que la sugerencia de los criollos fue la de “Colonia Nueva Argentina”. Finalmente, triunfó la moción efectuada por el propio gobierno del entonces Territorio Nacional de Misiones, quien propuso se suscribiera el nombre “Oberá”, no tanto como homenaje al otrora hombre fuerte de las familias indígenas, sino en honor al idioma de los guaraníes que habitaban esas tierras.
El pueblo, por su parte, fue fundado de manera oficial el 9 de julio de 1928, durante el gobierno de Héctor Barreyro, en el acto recordatorio del 112° aniversario de la Declaración de la Independencia Argentina. Su trazado original fue realizado por el agrimensor Francisco Fouilliand, quien dispuso seis manzanas situadas a ambos lados de la actual avenida Sarmiento, entre la avenida José Ingenieros y la arteria que la continúa (Corrientes), y las calles Estrada y Buenos Aires. En aquel lugar se afincaron los principales organismos públicos de la comuna. A partir de entonces, este pequeño villorio de casi un millar de vecinos conoció un inusitado progreso como no lo tuvo otro centro urbano del interior de la provincia.
Oberá mantiene lazos estrechos con diversas localidades del Brasil, y el amplio alcance de los medios de comunicación del país vecino en la región central de Misiones, en conjunto con las tradiciones aún latentes de las distintas corrientes inmigratorias, hacen de esta zona misionera un lugar rico en melodías populares. En este sentido, los géneros musicales brasileños que más penetración han tenido son el sertanejo y el forró, sin que por ello haya perdido vigencia el schotis, la polca y el chamamé.
Probablemente, uno de los artistas locales que mejor ha sabido expresar esa conjunción de identidades haya sido el ya fallecido Teodoro Cuenca, autor e intérprete de bellas canciones en tiempos de gualambao, galopa misionera, rasguido doble y polquita rural. Aunque muy querido por los habitantes de la comuna obereña, su recuerdo también se vincula con la localidad de Garupá, donde deseó descansaran sus restos.
Por otra parte, uno de los más ilustres vecinos de la comuna fue el literato Hugo Wenceslao Amable, un entrerriano que adoptó a “La Capital del Monte” como su hogar desde sus años jóvenes, autor de “Paisaje de Luz. Tierra de ensueño”, obra que incluye un relato denominado “Érase un cacique de nombre Oberá”, en el cual discute acerca del topónimo. Amable fue un polifacético profesional de las letras: docente universitario, periodista corresponsal del diario porteño “La Nación”, dramaturgo, novelista y poeta, además de un gran investigador de las formas de habla de los misioneros, con títulos reconocidos en todo el país, como “Las figuras del habla misionera” (1975), “El leísmo misionero” (1980) y “Los gentilicios de la Mesopotamia” (1990). Tal fue la preponderancia de su obra lingüística, que en 1999, a pocos meses de su fallecimiento, fue designado doctor Honoris Causa por la Real Academia Española, en reconocimiento por su trayectoria.
Otros moradores de renombre: Aldo Rubén Gil Navarro, fundador y miembro de la Junta de Estudios Históricos de Oberá, propietario de un semanario histórico de la ciudad, el “Pregón Misionero”, fundado en 1966; Norgus Jacob, uno de los intendentes más importantes que ha tenido el municipio, de añorada labor, impulsor de la “Fiesta Nacional del Inmigrante”; Teresa Morchio, una italiana fundadora de la Comisión Organizadora Permanente de la Feria Provincial del Libro, promotora de la cultura que ha sido premiada por el Congreso de la Nación por su aportes; y Enrique Gualdoni Vigo, abogado oriundo de la localidad cordobesa de Río Cuarto, escritor de la “Reseña Histórica de Oberá”, libro de referencia obligada para estudiantes y profesionales que quieren conocer los primeros tiempos obereños.
Por último, no es posible dejar de mencionar a Ian Barney, el primer campeón sudamericano de jabalina que tuvo Misiones, cuyo nombre fue inmortalizado en el complejo polideportivo local, y a Ernesto “Finito” Gehrmann, que con sus 2,11 metros es una de las personalidades más imponentes de la historia de la provincia, considerado uno de los más grandes basquetbolistas de la Selección Argentina de todos los tiempos, “a la altura” de Marcelo Milanesio y Emanuel Ginóbili.
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