27/03/2026
El color del anticongelante no es solo cuestión estética. Detrás de cada color hay una fórmula distinta y un propósito específico que puede marcar la diferencia entre un motor bien cuidado y uno lleno de problemas.
El anticongelante verde (IAT) es el más tradicional. Está pensado para vehículos antiguos y motores de generaciones pasadas. Su fórmula utiliza fosfatos y silicatos para proteger los metales, pero requiere cambios más frecuentes, ya que su protección se degrada más rápido con el tiempo.
El rojo o rosa (OAT) está diseñado para una protección de larga duración. Utiliza ácidos orgánicos que cuidan el sistema de refrigeración sin formar residuos, por lo que es ideal para motores más modernos y conductores que buscan intervalos de mantenimiento más largos.
El azul (HOAT) combina lo mejor de ambos mundos. Es una tecnología híbrida que ofrece excelente protección contra la corrosión y una mayor estabilidad térmica, por eso suele recomendarse para motores modernos y vehículos de uso diario exigente.
El amarillo también pertenece a la tecnología híbrida, pero con una gran ventaja: su compatibilidad multimarca. Es una opción muy usada cuando se busca un anticongelante versátil que funcione correctamente en diferentes tipos de motores sin comprometer la protección.
El naranja está pensado para condiciones extremas. Ofrece protección extendida y un excelente desempeño a altas temperaturas, lo que lo hace ideal para motores sometidos a mayor esfuerzo, climas calurosos o usos intensivos.
Un punto clave que muchos pasan por alto: nunca se deben mezclar anticongelantes diferentes. Cada fórmula es distinta y mezclarlas puede provocar corrosión, obstrucciones y fallas graves en el sistema de enfriamiento.