04/11/2025
HACIENDO(NOS) PREGUNTAS PARA ACCIONES DISTINTAS:
𝗡𝗼𝘀 𝗲𝗻𝘀𝗲ñ𝗮𝗿𝗼𝗻 𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝗺𝗽á𝘁𝗶𝗰𝗮𝘀.
𝗣𝗲𝗿𝗼 𝗻𝗼 𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝘀𝗶ó𝗻.
A muchas mujeres líderes nos resulta natural cuidar, contener y resolver.
Lo difícil es 𝗱𝗲𝗷𝗮𝗿𝗻𝗼𝘀 𝗰𝘂𝗶𝗱𝗮𝗿, sin sentir que eso nos hace menos capaces.
Esa dificultad para recibir —ayuda, descanso o reconocimiento— se repite una y otra vez, con distintas historias y las mismas emociones.
El psicólogo Paul Gilbert, creador de la Terapia Centrada en la Compasión, explica que cuando vivimos mucho tiempo en modo amenaza o logro, nuestro cuerpo olvida cómo se siente la calma.
Y entonces, incluso la amabilidad puede resultar incómoda.
Aparecen pensamientos automáticos como:
“𝗡𝗼 𝗻𝗲𝗰𝗲𝘀𝗶𝘁𝗼 𝗮𝘆𝘂𝗱𝗮.”
“𝗦𝗶 𝗮𝗳𝗹𝗼𝗷𝗼, 𝗻𝗼 𝘃𝗼𝘆 𝗮 𝗽𝗼𝗱𝗲𝗿 𝘃𝗼𝗹𝘃𝗲𝗿 𝗮 𝗹𝗲𝘃𝗮𝗻𝘁𝗮𝗿𝗺𝗲.”
“𝗦𝗶 𝗺𝗲 𝗺𝘂𝗲𝘀𝘁𝗿𝗼 𝘃𝘂𝗹𝗻𝗲𝗿𝗮𝗯𝗹𝗲, 𝘃𝗮𝗻 𝗮 𝗽𝗲𝗿𝗱𝗲𝗿 𝗲𝗹 𝗿𝗲𝘀𝗽𝗲𝘁𝗼.”
Gilbert dice que no son pensamientos crueles,
sino formas de protección aprendidas.
Durante años, muchas de nosotras asociamos: valor con rendimiento y fortaleza con soledad.
Aprender a recibir compasión no debilita el liderazgo,
Lo humaniza. Nos permite sostener con presencia, no con sobreesfuerzo.
𝗧𝗿𝗲𝘀 𝗴𝗲𝘀𝘁𝗼𝘀 𝘀𝗶𝗺𝗽𝗹𝗲𝘀 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝗲𝗺𝗽𝗲𝘇𝗮𝗿 𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿 𝗰𝗼𝗺𝗽𝗮𝘀𝗶ó𝗻
*𝗔𝗴𝗿𝗮𝗱𝗲𝗰é 𝘀𝗶𝗻 𝗷𝘂𝘀𝘁𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮𝗿.
Cuando alguien te ofrece ayuda o cariño, en lugar de “no hacía falta”, probá con un simple “gracias”.
*𝗡𝗼𝘁a 𝗹𝗼 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗻𝘁í𝘀 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘁𝗲 𝗰𝘂𝗲𝘀𝘁𝗮 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗯𝗶𝗿.
¿Vergüenza, incomodidad, culpa? Solo observarlo ya es una forma de suavizarlo.
*𝗣𝗿𝗮𝗰𝘁𝗶𝗰á 𝗹𝗮 𝗽𝗮𝘂𝘀𝗮.
Antes de rechazar un gesto amable, respirá. A veces el cuerpo necesita un segundo más para decir “sí”.
¿Cuál de estos gestos te resulta más difícil?
FLORENCIA HERRERA -
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