29/01/2020
Negociando con el s**o...
Somos seres sexuales y sexualizadores, que necesariamente incluimos de modo más o menos consciente algún grado de sexualidad en nuestras vidas.
Atraer y sentirnos atraídos a otros seres humanos pertenece a la naturaleza, como también la construcción imaginaria de escenas que podrían prometer algún grado de satisfacción, aunque también distraernos de objetivos o tareas que nos movilizan emocionalmente, y escapamos de esos desafíos, con un desafío distinto que promete placer... Incluso la construcción o visualización mental, ya aporta cierto grado de goce.
La sexualidad humana aloja una complejidad desde lo manifiesto que requiere una comunicación efectiva, pero también oculta latente una presión emocional que puede verse impulsada por aspectos internos o sociales... Y de ahí parte una necesidad de control pertinente a la vida de relaciones.
Existe una relación con otros sujetos, y tambien una relación de lo sexual con nosotros mismos... Una negociación para dar respuesta y lograr un estado de estabilidad operativa que nos permita funcionar.
Cuando predomina lo interno por sobre lo conseguido en lo externo, ocurre una pérdida de energía y tendemos a obstaculizar las interacciones, apareciendo sensaciones de culpa, malestar, inquietud, agresividad, frustración, resentimiento y angustia... Arruinando el principal recurso que tenemos siendo saboteadores de nuestro bienestar.
Otras veces puede predominar lo externo, sometiéndonos a interacciones de escasa afectividad, negando nuestro verdadero interés que incluye valores como la confianza, construcción de vínculos saludables, proyectos compartidos y sobre todo dignidad. También sucede en intercambios que no incluyen aspectos sexuales y nos sometemos a maltratos, desinterés o abusos de confianza o generosidad, que pueden llevar esa impronta sexual latente para motivar nuestra exposición... Esto nos deja más vulnerables y deteriorados ante un vínculo que no suma para nada en nuestras vidas...
Ese amigo que quiere amor y solo le dan amistad, ese deseo de pareja que solo es juguete sexual, ese relación amistosa que se mantiene tensa porque un integrante permanece al acecho o ese amigo de mi pareja que me quiere bajar la caña. Entre múltiples ejemplos y enlaces relacionales.
En todos los casos con más o menos elementos, decidimos ejercer conductas y hay un resultado visible momentáneo. Pero ¿somos conscientes de el grado de compromiso que tiene nuestro bienestar en esos vínculos?
Cuando ganamos consciencia, tenemos un elemento más y determinante para elegir desde la libertad, y también plantear dos tipos de negociaciones, una interna y otra externa... Si bien la mayor negociación se ejerce en la intimidad, ésta se manifiesta en conductas y puede abrirnos caminos o encerramos en prisiones de dolor y angustia que podrían anularnos por completo.
Diseñamos espacios para indagar y resolver posibles acciones que nos abran caminos nuevos, y sobre todo acompañamos a las personas en un espacio seguro y cuidado, para instrumentarse a la hora de negociar con el s**o.
Incluyendo nuestra biología, la mente y las destrezas de interacción humana para sumar elementos y dar respuesta a algo tan básico y tan complejo como la afectividad, la construcción social del amor, la sexualidad propia y de nuestro entorno, como también los efectos que generan estas necesidades que absolutamente todos los humanos llevamos impregnadas a nuestras vidas.
Alejandro Dziadel
Psico Neuro Coaching
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