31/08/2020
Cuando hablamos de este tipo de diseño nos referimos a los países del norte de Europa. En sus inicios únicamente engloba a Noruega y Suecia, aunque con el paso de los años el concepto se ha extendido a otros países como Dinamarca, Islandia y Finlandia. El origen del diseño nórdico se remonta al periodo entre las dos guerras mundiales.
Un punto claro de referencia fue la Exposición de Estocolmo de 1930. Un evento de diseño y decoración en el que diseñadores locales de la época mostraron sus piezas fabricadas de manera industrial, en contraposición a la defensa de la fabricación artesanal de los muebles de estilo escandinavo. El objetivo de los diseñadores era mezclar lo mejor de ambos mundos; por un lado, el uso de materiales locales como la madera, y por otro lado, el aprovechamiento de la modernidad a la hora de fabricar sus muebles. Buscaban crear entornos cómodos, alegres y luminosos.
En los años 50, saltaron a la fama internacional grandes diseñadores como Jacobsen, los cuales hicieron que el estilo escandinavo fuera ganando popularidad a pasos agigantados gracias a una combinación exquisita de las tendencias más vanguardistas con la tradición nórdica. Entre las décadas de los 60 y los 70 los diseñadores comenzaron a introducir nuevos materiales como el plástico y las resinas en sus diseños.
La característica principal de este estilo de decoración, y que hace de él algo realmente único, es la funcionalidad de las piezas. Hay que tener en cuenta que hace varios cientos de años, sobrevivir en los países del norte de Europa requería que los muebles fueran útiles y duraderos, sin demasiados adornos. Como no podía ser de otra manera, la gran mayoría de estos muebles son de madera, un material local.
Otra de las características más destacadas del diseño nórdico es la luz. En los países del norte de Europa, durante los meses de invierno apenas hay unas horas de luz al día, por lo que es imprescindible que los muebles potencien la misma para crear una sensación de calidez y confortabilidad en el hogar.