08/11/2018
Queridos padres
Por SERGIO SINAY
Queridos padre:
Me dirijo a ustedes como colega (soy padre y abuelo) y como compañero de preocupaciones. Comparto con ustedes espacios, conversaciones, diálogos. Conozco de cerca sus desconciertos, temores, inquietudes. Les escucho decir que son tiempos muy difíciles para ser padres, que los chicos están prisioneros de las redes sociales, que no saben cómo ponerles límites, que temen por los peligros ciertos que los acechan en el mundo (drogadicción, asaltos, bullyng), que se sienten acosados por el consumismo de sus hijos. Veo su desconcierto cuando desde diferentes fuentes les llegan recetas contradictorias entre sí, que, además, cambian con la velocidad del rayo. Lo que ayer era verdad absoluta hoy es un completo error. O al revés. Y en medio de todo esto, los abruma la propia autoexigencia: no cometer errores, ser padres perfectos, no tomar decisiones que dañen a sus hijos. ¿Cómo no estar angustiado? ¿Cómo no tener ganas de salir corriendo, dejar a los chicos en la escuela o en la guardería, o en la casa de los abuelos, o en el club, o en la clase de lo que sea para que alguien se haga cargo de esta misión imposible?
LA ASIMETRÍA NECESARIA
Queridos padres, el desconcierto y el temor ciegan, impulsan a escapar por la puerta equivocada e impiden ver lo obvio. Es obvio que los tiempos son difíciles, como lo fueron para los padres inmigrantes que llegaron con nada a un continente desconocido, como lo fue criar hijos en épocas de plagas devastadoras o durante la guerra, cuando no se sabía si sobreviviría la humanidad. Siempre lo fue. Borges decía: “Le tocaron, malos tiempos para vivir, como a todos los hombres”. Es hoy cuando nos toca asumir la responsabilidad.
Digo responsabilidad. La palabra viene de responder. Somos responsables al responder por nuestros actos y decisiones. Por acción o por omisión, habiéndolo deseado o no, planificándolo o a destiempo, convertirnos en padres fue un acto y una decisión por la que debemos responder. ¿Ante quién? Ante nuestros hijos. Biológicamente o por adopción, fuimos los creadores de ese vínculo, el único vínculo humano que nace impar y asimétrico. Nuestros hijos no existían como tales