22/12/2023
Este año, el cierre del fútbol boliviano estuvo protagonizado por dos equipos que claramente pueden resumir lo que significa nuestro fútbol en general. A pesar de sus grandes diferencias estructurales y de gestión deportiva, entre lo positivo y lo negativo, tan solo reflejan nuestra realidad deportiva.
Por un lado, tenemos a Bolívar, que se corona campeón en este último campeonato del año debido a presentarse como el proyecto más estable y estructurado, respaldado por una buena gestión deportiva y aprovechando al máximo a todos sus profesionales en el trabajo por el club. Por mucho que el club paceño está gestionado económicamente por un presidente de raíces bolivianas que reside en el extranjero, y que tiene un proyecto de varios años que poco a poco toma forma, aún no logra convencer completamente debido a la respuesta de los aficionados e hinchas y, sobre todo, al no tener definida una filosofía de juego adaptada a la mentalidad del jugador boliviano.
Ahora hablando de Wilstermann, que a pesar de arrastrar grandes problemas económicos a lo largo de los años y carecer de una gestión deportiva y económica con bases sólidas, sin una estructura deportiva planteada estratégicamente y un proyecto deportivo a futuro, sigue siendo uno de los equipos más competitivos de nuestra liga. Cuenta con una de las hinchadas más grandes de Bolivia y una esencia y mentalidad deportiva que no se rinde ante las dificultades. Sin duda, es una de las grandes virtudes del equipo K’ochalo.
En esta comparación, podemos observar características que muchos equipos bolivianos tienen y carecen. Al final, siempre nos fijamos en el equipo que sale campeón e identificamos todo lo que hace bien para tratar de emularlo y no copiarlo, ya que cada equipo tiene una trascendencia diferente. Sin duda, el punto clave para cualquier equipo y su desarrollo estratégico y exitoso es la correcta gestión deportiva del club en todas sus áreas.
La adaptación del fútbol moderno tiene su enfoque en la gestión deportiva y eso en nuestro ámbito, aún está en un proceso inicial. El equipo de Marcelo Claure puede ser uno de los mejores ejemplos de un proyecto moderno gracias a su inversión y visión extranjera, aunque es claro ver que algunos conceptos como la captación de fans y la filosofía de juego tardan en ejecutarse correctamente en nuestro ámbito cultural y deportivo.
Muchos equipos nacionales gozan de características que los destacan y les permiten competir activamente en nuestra liga, existiendo mucho potencial. Sin embargo, el verdadero problema proviene más de pensamientos e ideologías, ya que muchos equipos tienen la difícil tarea de renovar o modernizar la mentalidad que muchos directivos deportivos tienen acerca de su club y el fútbol nacional. Profesionalizar nuestro fútbol generará grandes cambios en todos los ámbitos: social, cultural, económico, generando más empleos, más movimiento económico, etc.
La idea es no perder la esencia y nuestra pasión, simplemente, parte por adaptar ideas,contar con profesionales y un proyecto de gestión deportiva moldeado a medida de nuestra cultura y la filosofía de cada equipo. Muchos dirán que la mentalidad del futbolista boliviano es mediocre; personalmente, creo que es la falta de oportunidades y la resistencia a asumir nuevos riesgos por nuevos proyectos. El fútbol moderno actualmente es como una empresa y seguirá evolucionando en ese rumbo y nosotros estamos quedando atrás. No dejemos de ser lo que somos, simplemente, tenemos que ser mejores. Adaptarnos al cambio es fundamental y respetar la pureza del fútbol es el objetivo. Viendo todo lo que está pasando actualmente en nuestro fútbol, es necesario realizar un borrón y cuenta nueva, apostando por profesionales y nuevos proyectos estructurales. Sé que vendrán mejores años para el fútbol boliviano.