26/02/2026
Leer a Manuel Aragón Reyes es dialogar con una tradición viva del constitucionalismo democrático, aquella que entiende que una Constitución no es solo un conjunto de normas, sino sobre todo una promesa de dignidad, justicia y libertades, encarnada en el respeto efectivo de los derechos fundamentales. Aragón defiende que la legitimidad de una democracia constitucional no se mide solo por su legalidad, sino por su capacidad de proteger y realizar derechos.
1. Los derechos fundamentales como eje de la Constitución
Aragón no concibe la Constitución como una estructura técnocrata de organización del poder, sino como una carta de derechos antes que una carta de competencias. Esta visión —en línea con la noción de "constitucionalismo de los derechos" propuesta por Ronald Dworkin— insiste en que el valor de un régimen democrático no está en la cantidad de votos, sino en la calidad del derecho que garantiza. Para Aragón, el derecho constitucional debe articular un pacto ético-social que proteja al más débil frente a los excesos del poder, recordando que una democracia sin derechos es solo un régimen formal de mayorías.
2. Constitución flexible y reformable: una norma viva
Manuel Aragón también ha abogado por entender la Constitución como un texto vivo, que debe poder dialogar con las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas. En esto se distancia de posturas originalistas o rígidas, acercándose más bien a la idea de un "constitucionalismo evolutivo". Aquí resuenan lo que nos enseña Häberle, cuando hablaba de la Constitución como comunidad de interpretes, donde el pueblo, los jueces y las instituciones construyen su significado constantemente. Sin esta adaptabilidad, las constituciones corren el riesgo de convertirse en piezas petreas, incapaces de responder a los desafíos de justicia qué exigen por estos días nuestro querido Perú.
3. El control constitucional como dique contra el abuso de poder
Aragón insiste en que no puede haber verdadera Constitución sin un sistema judicial y Tribunal Constitucional independiente, capaz de frenar los excesos del poder político. Este enfoque lo comparte con Kelsen, pero también con posiciones más como la de Bruce Ackerman, quien advierte sobre el peligro de "captura institucional" cuando los tribunales se subordinan al poder político. En América Latina, esta advertencia es vital: los golpes blandos, las reelecciones ilegítimas y las crisis institucionales muchas veces han encontrado sustento en cortes cooptadas.
En conclusión: En un tiempo de crisis de la democracia representativa, de avance de tendencias autoritarias, de desinterés ciudadana y banalización del derecho, volver a Aragón es recuperar la brújula del constitucionalismo garantista y ético. No se trata solo de defender normas, sino de luchar por una democracia con alma, donde el poder no se confunda con la fuerza, y donde la ley sirva para proteger, y castigar cuando sea debido.
Como comunidad jurídica y ciudadana, debemos insistir en estas ideas si queremos construir un Perú con justicia constitucional, equidad social y poder ciudadano real.
Estimada comunidad de Pasión Constitucional , compartimos el enlace al libro completo de Manuel Aragón aquí:
https://drive.google.com/file/d/10N0f_42ChLzfsqGHVG_8VLFZZuujOf9p/view?fbclid=IwY2xjawFq1dhleHRuA2FlbQIxMQABHWkIaT7PDOQhU2miJwTN9w6cv-6wPeghIjcb0Tgpgh1TjiAC8WSl51UJKA_aem_dE6LcpyY2tXhKIo23Zc71g