21/01/2026
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Germán Busch y la oportunidad de un nuevo motor productivo para Bolivia: De la contención a la producción
Por Lisa Lewin de Céspedes
Economista
La transición del Decreto Supremo 5503 al Decreto Supremo 5516 marcó un giro en la estrategia económica del Gobierno. El primero planteaba un paquete amplio de medidas para enfrentar la crisis, incluyendo componentes estructurales orientados a la inversión y a la reactivación productiva. El segundo, de menor alcance, prioriza la estabilidad coyuntural y la contención social.
Este cambio permitió descomprimir el conflicto y recuperar gobernabilidad, lo cual es un punto a favor. Sin embargo, también dejó en pausa muchas herramientas destinadas a dinamizar la producción, atraer inversión y generar empleo. En otras palabras, Bolivia logró estabilizar la coyuntura, pero aún no ha activado su motor de crecimiento.
Las políticas fiscales y monetarias pueden ayudar a administrar el momento, pero no sustituyen lo fundamental: producir más, diversificar la economía y crear nuevas fuentes de riqueza. Sin producción, no hay sostenibilidad posible.
En este contexto, se vuelve urgente avanzar con decisiones estructurales que miren más allá del corto plazo. Una de las más importantes es la promulgación del Proyecto de Ley 229/2023–2024, de creación de la Zona Económica Especial de Desarrollo Germán Busch.
Esta zona, ubicada en una de las regiones más estratégicas del país, permitiría convertir el sudeste de Santa Cruz en un polo logístico, productivo e industrial, articulando hidrovía, puerto, ferrocarril, corredor bioceánico, industria y turismo. No se trata solo de un proyecto regional: su impacto es nacional.
La Zona Económica Especial fortalecería la salida soberana de Bolivia al Atlántico, impulsaría exportaciones, atraerá inversión nacional y extranjera, generaría empleo formal, promovería transferencia tecnológica y ayudaría a diversificar una economía excesivamente dependiente del gas.
Además, permitiría combatir la informalidad y transformar una región vulnerable en un motor de desarrollo.
Su implementación puede darse por fases: primero potenciando comercio, servicios, logística y turismo —actividades ya existentes que pueden dinamizar rápidamente la economía— y, de manera progresiva, consolidando industria, agroindustria y proyectos estratégicos de mayor escala. La primera fase no es menor: es el apalancamiento que hace viables las siguientes.
Bolivia no puede quedarse indefinidamente en la etapa de contención. El DS 5516 ayudó a estabilizar, pero el país necesita ahora dar el siguiente paso: reactivar, producir y crecer.
Por eso, hoy más que nunca, es momento de que la Asamblea y el Órgano Ejecutivo apuesten por una visión de largo plazo. Promulgar la Ley de la Zona Económica Especial de Desarrollo Germán Busch no es una opción regional: es una decisión estratégica para el futuro económico de Bolivia.