12/04/2026
La pregunta de mi hija
Derechos en el papel y realidades que no alcanzan
Por Ernesto H. Murillo Salvatierra
Ernesto Murillo es abogado y observador de la realidad que, entre la práctica jurídica y las noches en vela, reflexiona y escribe sobre la brecha entre los derechos reconocidos y los derechos vividos en Bolivia.
1. La pregunta que lo cambió todo
“Papá, ¿cómo explico Bolivia?”
La pregunta no era académica. Era urgente.
Mi hija, Avril Estefanía Murillo Gutiérrez, se preparaba para participar en una reunión en la Organización de las Naciones Unidas, en Nueva York. El tema era claro: derechos humanos.
Pero la respuesta no lo era.
Podía hablarle de la Constitución Política del Estado, de artículos, garantías y principios. Podía explicarle lo que dice la ley.
Pero eso no respondía su pregunta.
Porque Bolivia no se explica solo con normas.
Se explica con realidades.
2. De la ley a la realidad
En Bolivia, los derechos están escritos claramente, ampliamente, ambiciosamente.
Pero la pregunta no es qué dice la ley. Es quién puede realmente ejercer esos derechos.
Para responder, hay que salir del texto. Hay que mirar la calle.
3. Un país que impacta, pero desigual
Llegar a La Paz es entender que Bolivia no es un país neutro, se siente en la altura, en la geografía, en el vértigo urbano. Pero pronto aparece el contraste: modernidad y precariedad conviven en el mismo espacio.
Bolivia es impactante… pero profundamente desigual.
4. La economía que no entra en la ley
En Bolivia, la economía no se explica desde oficinas. Se explica desde la calle.
Más del 70% de la población trabaja en la informalidad, según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Eso significa vivir sin contrato, sin seguro, sin jubilación.
La mayoría de la población está fuera del sistema formal de derechos, eso no es una excepción. Es la regla.
5. El Estado que no alcanza
El Estado existe. Pero no alcanza.
No alcanza para controlar, No alcanza para proteger y No alcanza para garantizar. Y, cuando el Estado no alcanza, la gente resuelve sola.
6. La justicia que llega tarde
María ganó su juicio. Seis años después. Y, aun así, no cobró.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) ha advertido sobre las demoras estructurales en la justicia.
Un derecho que no se ejecuta, en la práctica, no es un derecho.
7. Los que quedan atrás
La realidad se entiende mejor en historias concretas.
Rosa trabaja todos los días, pero no tiene derechos laborales.
Ana denunció violencia, pero la protección no llegó a tiempo. Hoy ya no está.
Luis está detenido sin sentencia. Como él, muchos enfrentan todo un proceso privados de libertad, incluso siendo inocentes.
Diego oculta quién es para evitar discriminación.
Carmen trabajó toda su vida, pero no tiene jubilación.
Tomás lucha por derechos que ya están reconocidos.
Patricia espera atención médica que no llega.
No son casos aislados.
Son patrones.
8. Los márgenes del sistema
Los derechos no fallan igual para todos. Afectan con mayor intensidad a:
• trabajadores informales
• mujeres
• niños
• pueblos indígenas
• personas LGTBI
• adultos mayores
La desigualdad también es jurídica.
9. Diversidad reconocida, igualdad pendiente
Entre los grupos más expuestos se encuentran las personas LGTBI. El término LGTBI (lesbianas, gais, trans, bisexuales e intersexuales) agrupa a quienes no se ajustan a la heterosexualidad o al binarismo tradicional. Es un concepto en evolución, que busca visibilizar y proteger la diversidad.
En Bolivia, el reconocimiento formal ha avanzado, pero la realidad cotidiana sigue marcada por barreras:
• discriminación laboral
• exclusión social
• dificultades en el acceso a salud
• estigmatización cultural
La ley reconoce… pero la realidad limita.
Para muchas personas, vivir implica adaptarse, ocultarse o resistir. Y, eso no es libertad.
No basta con reconocer derechos. Es necesario garantizar que puedan ejercerse sin miedo.
El verdadero problema
El problema no es la falta de derechos. Es su falta de eficacia.
La CIDH lo ha señalado con claridad: Los derechos deben garantizarse, no solo reconocerse.
La respuesta
Si hoy tuviera que responderle a mi hija, diría esto:
Bolivia no es un país sin derechos.
Es un país donde los derechos existen… pero no siempre alcanzan.
Y entonces, la pregunta cambia:
No es qué dice la ley. Es quién puede vivirla.