25/06/2024
En el rincón de tus recuerdos, madre querida,
donde el tiempo se desvanece y el olvido se posa,
aún brillan destellos de tu luz perdida,
en cada gesto, en cada mirada amorosa.
Tus manos, que me guiaron con ternura sin igual,
ahora buscan senderos en la bruma del ayer,
pero en mi corazón, siempre serás mi faro ideal,
aunque los días difuminen lo que solías saber.
Recuerdos compartidos se deslizan como un río,
entre las piedras del olvido y el cauce de tu voz,
pero el amor que sembraste sigue siendo mi guía,
en la danza del tiempo, en la noche y en el día.
Madre, aunque las palabras se pierdan en la niebla,
tu esencia permanece, tu amor nunca se va,
en cada amanecer, en cada estrella que destella,
te abrazo con el alma, te sostengo en mi paz.
En el jardín de los recuerdos, donde el alma se halla,
mi corazón te guarda, entre luces y sombras,
y aunque el Alzheimer teje un velo que se entrelaza,
tu amor perdura, inquebrantable, como las olas en las rocas.
En cada latido, en cada suspiro, estás presente,
madre querida, mi guía eterna, mi ancla y mi sendero,
y aunque la memoria flote lejos, sinuosa y ausente,
tu amor perdura, en cada verso, en cada anhelo sincero.
(Este poema está dedicado a todas las madres que luchan contra el Alzheimer y a aquellos que las amamos y cuidamos en este difícil camino)