06/03/2024
Milagro!
El que pedía estaba encorvado en el suelo. Las gafas oscuras y una mirada inexistente lo revelaban . Vestido con harapos, mantenía el brazo izquierdo extendido, sosteniendo un sombrero desgastado en donde caían monedas. El otro brazo descansaba en el bastón, también estropeado y viejo.
El transeúnte pasa y deposita con cuidado cuatro monedas de cincuenta centavos.
Entonces, se produce el milagro.
El pordiosero pierde la cordura y en medio de un arrebato, tira las monedas al suelo y exclama:
—Crees que por doscientos pesos, tus pecados te son perdonados?
—Insensato! —exclama el aludido.
—Por doscientos pesos, haz recobrado la vista!