23/09/2025
Querido German Molina Aguirre:
Hoy nos dejas con el corazón arrugado. Con el dolor a flor de piel, gran amigo y compañero de cuitas y alegrías; recordando todos los bellos y gratos momentos de algarabía y divertimentos, de compañía incondicional, de acogimiento cálido y fraternal, casi familiar si se quiere, porque fuiste sin duda como un padre para todos nosotros.
Gran consejero, amigo y hermano; tu corazón, tan grande como nuestra amistad, será inigualable e irrepetible, lleno de chispa jovial, jocoso, espontáneo y listo para acogernos en cualquier momento. Tu casa, a la que siempre llamamos “el Cuartel General”, que más bien fue como nuestro refugio para compartir inolvidables momentos de alegría, calor de hogar, p***s y glorias, ya no será la misma sin tu presencia. Se nota vacía y fría, sin el influjo de tu humor y luz de alegría que siempre nos deleitó por más de trece años; años que se fueron apoderando de nuestros corazones,
reconfortándolos del embate de nuestras malas épocas, donde nos hicimos cómplices de buenas causas, de comidas sencillas, caminatas apacibles por el centro de la ciudad, hasta de unas cuantas copas, al calor de agradables conversaciones y sesiones de chistes, bromas y tertulias insípidas, pero con el humor que solamente nosotros entendíamos.
Fuiste como el polo a tierra que siempre amortiguó nuestras dolencias físicas y embalsamó nuestros espíritus. Es como un privilegio que muy pocos se dan el lujo de poder tener, siempre disponible, en medio de tus posibilidades y quebrantamientos de salud, a cualquier hora, para darnos el aliento necesario y ayudarnos afrontar nuestras adversidades y desafíos.
Quiero darle hoy las gracias a Dios por darnos, aunque sea temporalmente ese oasis de paz que solo tu nos pudiste brindar en tu casa, aquel en el que nunca hubo críticas, ni burlas, ni discriminaciones, ni prejuicios infundados, ni desprecios injustos, ni negativas de afecto de ninguna índole.
También agradezco a la vida por habernos permitido iniciar esta travesía de superación y resiliencia juntos, de la mano de nuestra gran amiga y mentora, la Doctora Ingrid Rodríguez, y de nuestra gran y recordada amiga y profesional Karin Ortiz, quienes nos otorgaron las herramientas necesarias para seguir adelante, y trazaron el inicio de nuestro sendero hacia aventuras increíbles detrabajo, emprendimiento, superación y demostración de amistad inquebrantable.
Hoy que emprendes tu partida hacia la inmensidad, elevamos una plegaria a Dios para que te reciba a su diestra y le dé a su hijo Arturo, a su hermana Myriam y a toda su familia, la fortaleza y la resignación para afrontar este duro trance de dolor y desconsuelo.
Te queremos mucho Germán.
Con gran afecto y amor,
David, Blanca, Miguel, Fredy, Norbey, Fabiam, Martha y Yuri.
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