18/05/2026
EL TERREMOTO DE CÚCUTA.
Amanecemos un nuevo día hoy Lunes 18 de Mayo del Presente año 2.026 Compartiendoles y conmemorandoles los 151 Años del devastdor tremendo Terremoto de Cúcuta de aquel Martes 18 de Mayo de 1.875 .
Ahora bien , Hoy Lunes Feriado 18 de Mayo de 2.026 se cumplen 151 años de uno de los hitos más representativos de la historia regional Cucuteña y Nortesantandereana .
El Terremoto de Cúcuta de 1.875 o ( Terremoto de los Andes) ocurrido aquel Martes 18 Mayo de 1.875 a las 11: 15 am con 11 segundos que tuvo una magnitud de Mb 7.3 . Este fenómeno Natural dejó entre 800 a 1.500 personas fallecidas en Cúcuta, aunque inicialmente la prensa reportó 461 víctimas. Además, hubo cientos de damnificados que se quedaron sin comida y refugio, por lo que hubo saqueos por varios días.
Aquella mañana del 18 de Mayo de 1.875 las personas en San José de Cúcuta se dedicaban a sus quehaceres y relaciones cotidianas. Nadie se percató de señal alguna que les indicara la tragedia, pues muchos vieron cómo las aves volaban erráticas como abandonando presurosas sobre el Valle de Cúcuta .
Sin embargo, pasados unos minutos de las 11:00 am la tierra rugió, las casas se desplomaron, la gente corre despavorida, quienes lo lograron... y en minutos, una infernal polvareda poco a poco se fue disipando dejó ver la magnitud del desastre.
Se desvela la horrible catástrofe: Al día siguiente del infausto evento, los sobrevivientes retornan a la extinta plaza y urbe para verificar la destrucción y muerte acontecida. En medio de la desolación ven, como testimonio infalible, el Reloj de la Iglesia Mayor de Cúcuta entre los escombros marcando la hora del sismo. La ciudad había sido arrasada en su totalidad, no quedó piedra sobre piedra, ni un edificio, ni siquiera una pared quedó en pie… contaron los sobrevivientes.
La Reconstrucción de la próspera ciudad ahora destruida: Es posible que el Terremoto de Cúcuta, más que una tragedia, haya sido utilizado por su gente como una oportunidad para relanzar la ciudad. Los negocios continuaron y la reconstrucción, dirigida bajo planos de Francisco de Paula Andrade, configuró en centro de una urbe moderna, con algunas piezas arquitectónicas de alto valor como la actual Biblioteca Pública Julio Pérez Ferrero o la llamada Quinta Teresa, o la misma Cúpula Chata de la Gobernación de Norte de Santander.
Don Julio Pérez Ferrero, cuenta que, “Se acercaba el 18 de Mayo de 1.875 y el cielo seguía mostrándose sereno, vestido de esos encajes inimitables que admiran propios y extraños; el movimiento comercial daba animación a la vida social y hacía mayor cada día el medio circulante; la prosperidad se advertía en las comodidades que se proporcionaban los habitantes en sus diversas clases y hasta en los semblantes risueños de los hijos de la antigua ciudad de Cúcuta.
El Domingo 16, ante víspera del inolvidable cataclismo, se sintió a las 5 de la tarde un fuerte temblor que agrietó las paredes en algunas de las casas centrales; el lunes volvió a temblar por la mañana y por la tarde, por lo que el temor a algo desconocido empezó a generalizarse;
El Martes 18 se oían desde las primeras horas de la mañana, con intermitencia más o menos cortas, sordos ruidos subterráneos, cual grandes masas se desgarrasen del seno de la tierra.
Mucho hacía que las nubes negaban las lluvias a toda región, y por causa de ese largo verano habían desaparecido las aguas de varias quebradas y las termales de Ureña en Venezuela. El general don Domingo Días, que había sido víctima del terremoto de Cumaná, pudo observar que las aves no se posaban, y tal observación le hizo colegir que amenazaba un terremoto o fuertes temblores, temor que dio a conocer a varias personas y que le hizo levantar una tolda en el patio interior de su casa para dormir bajo ella la familia toda.
Días atrás, una mujercita, a la que se juzgó loca, predecía un cataclismo, y es sabido con toda evidencia que vino a Pamplona a consultar el caso que le ocurría con el venerable presbítero doctor Antonio María Colmenares, quien por dos veces nos ratificó la exactitud de esa versión. Hubo otro caso muy raro también: existía en uno de los campos que median entre el Rosario y San Antonio del Táchira, en el camino que une las dos poblaciones, un ciego bien conocido en las dos localidades mencionadas, llamado Dositeo López, quien algunos días antes del terremoto decía a su familia: “me huele a Lobatera; si quieren salvarse duerman en el cocal”. En ese cocal se refugió el ciego, y allí se salvó. Había sido de los testigos del terremoto que destruyó a Lobatera ( Venezuela ) el año 1.849.
Para pintar el horrible suceso sería menester ser genio o tener habilidad descriptiva, o ser pluma delicadísima. La fuerza plutónica de la tierra sacudía la costra terrestre durante todo el día 18 de mayo y en muchos de los que le siguieron a aquel luctuoso acontecimiento, en modo increíble y en un radio de muchas leguas; se vio a las cordilleras que circundan los valles de Cúcuta bambolear, y la tierra, que emulaba a las ondas de las aguas del mar, se abría en grietas espantosas que tenían una misma dirección de oriente a occidente.
Primeras sacudidas :
Tres o cuatro sacudidas precedieron al terremoto durante los días anteriores, y tal fue la magnitud de éstos que según los testigos de la época las sacudidas llegaron a agrietar los muros y arrojar al suelo objetos de las mesas, la noche anterior al terremoto; el paso de un bólido o bola de fuego que recorrió de Norte a Sur una vasta extensión del cielo rosariense, presagio para los pobladores de la villa que algo malo se les avecinaba, éstas fueron suficientes alarmas para los habitantes de la zona, que algunos tomaron previsiones, ya que temían una gran desgracia.
Uno de los testigos refiere así: La primera sacudida, anotando que era domingo por la tarde, 16 de mayo de 1875, (dos días antes del terremoto): "Caminábamos a lo largo de un amplio corredor, cuando de repente oímos un ruido como el de gente que corre huyendo de un toro salvaje. Caminamos en medio de vibraciones que en vez de inspirarnos terror nos dieron un sentimiento agradable".
La segunda sacudida sorprendió a los habitantes el lunes 17 de mayo, a las 5.00: pero menos intensa que la primera, haciendo correr nuevamente a la gente a los patios y jardines.
Hubo otra sacudida en la tarde de ese mismo día, y quizás otras dos más la víspera de la catástrofe. Por eso el pueblo de la Villa de Cúcuta estaba aterrado por los temblores.
El dia Martes 18 deb Mayo, las 11 y 15 de la mañana a la hora en que la generalidad de los habitantes almorzaba, se sintió un ruido subterráneo, ronco y prolongado, cual si proviniese del desprendimiento de grandes moles del interior de la tierra, y a él sucedió el primer sacudimiento de trepidación y en seguida otro y otros muchos más, de trepidación unos y de oscilación otros, que destruyeron totalmente la ciudad en cortísimo número de minutos. Corrimos instintivamente hacia la calle y nos situamos en el centro de las cuatro esquinas cercanas a nuestra casa, y desde ese punto vimos caer los edificios de una calle, en la que quedaba en pie la botica Alemana, como caen las cartas de naipe superpuestas y en sucesión continua, espantosa, pues unos edificios caían hacia fuera cubriendo las calles, y otros hacia el interior, formando todo montones enormes de escombros; produciéndose ruido horrible con el derrumbe de las paredes junto con el crujir de las maderas y los gritos de clamor y de espanto de millares de víctimas.
Una nube espesísima de polvo envolvió a los sobrevivientes, entrándosenos por la boca y narices hasta dificultar la respiración; y habríamos perecido indefectiblemente por asfixia cuantos sobrevivíamos, si un viento impetuoso no hubiera arrastrado aquella nube que pasó por sobre los caseríos que quedaban al occidente de Cúcuta y que por el volumen pregonaba porvenir de un suceso desconocido.
Despejado el horizonte, pudimos darnos cuenta de la magnitud del acontecimiento: ¡Qué horror! ni un solo edificio, ni siquiera una pared en pie se percibía en la extensión abarcada por la vista; a los oídos llegaban en confuso clamor las aves de los heridos, los gritos de cuantos sobrevivían, ¡que impetraban misericordia! Un momento después, perdidas las nociones de distancia y tiempo, vimos salir de entre ruinas a algunos de los que eran nuestros vecinos, sin poder reconocernos recíprocamente, pues el polvo que nos cubría y la expresión de terror nos desfiguraban; ¡nos creíamos mutuamente mu***os que surgían de sus tumbas! La idea de ver llegado al fin del mundo dominaba los espíritus, y a tal idea contribuían el terrible cuadro que ofrecía la perspectiva y la manifestación de la aterradora fuerza de la omnipotencia divina.
Para aumentar lo sombrío de aquel espectáculo pavoroso, apenas destruida la ciudad, algunos seres desalmados se entregaron al pillaje y descerrajando las cajas de hierro en que guardaban el dinero sus poseedores, producían un ruido infernal e incitaban al robo en cuanto veían los caudales de que se adueñaban. Aquel bochornoso pillaje duró por algunos días, hasta que una nueva fuerza, comandada por los generales Fortunato Bernal y Leonardo Canal, se presentó en el puente San Rafael, donde acampó, después de convencidos aquellos jefes de la necesidad suprema de acabar con el bandidaje para poder restablecer la normalidad y asegurar con ésta la existencia de millares de personas, aprehendieron a siete ladrones, y sometidos los más responsable de los presos, bien conocidos en la localidad uno llamado Piringo, un maracucho residente en Cúcuta, quién no queriendo confesar sus faltas le hicieron un consejo de guerra verbal, y fue condenado a muerte y pasado por las armas en el mismo día, a las cuatro y media de la tarde. Le siguen el boyacense Calasancio Villamizar, quién pretendió huir, pero un proyectil acabó su vida.
Con esa dolorosa medida cesó el bandidaje y se aumentó en más, la cifra aterradora de las víctimas del terremoto...Sobre el desolado campo que había ocupado la antigua y bella ciudad de Cúcuta, quedaban los despojos mortales de más de tres mil víctimas, la cruz de dos ajusticiados y la muestra del reloj público que señalaba imperturbable la hora siniestra.
Conciudadanos el telégrafo ha venido anunciando, desde ayer, la consumación de una catástrofe espantosa. Según los últimos telegramas recibidos en Bucaramanga, la bella y populosa ciudad de San José de Cúcuta, ha quedado reducida a escombros por consecuencia del terremoto que tuvo lugar el 18 del corriente". Así informó al país el Presidente del Estado Soberano de Santander, Aquileo Parra, desde el Socorro, el 20 de Mayo de 1875, según el historiador Luis Febres Cordero en su obra "El Terremoto de Cúcuta". El Presidente Parra tomó las medidas pertinentes al hecho, destinando $1.000 para atender los gastos de la fuerza pública que se desplazó hasta el sitio de la catástrofe. "Parece un sueño Cúcuta, San Antonio, San Cristóbal, San Cayetano y Táriba y muchos otros pueblos ya no existen. Aquí en Pamplona, encuentra usted casas abandonadas, y las familias habitando en los potreros y cerritos inmediatos a la población, los edificios en su mayor parte listos para desplomarse". El 22 de mayo, teniendo noticias de los hechos, el presidente del Estado Soberano de Santander se puso al frente de la tragedia.
Aquileo Parra, según el historiador Febres Cordero narró su experiencia así: "Tan pronto llegué, ordené la custodia de las ruinas, reglamenté su excavación y nombré una comisión de sanidad; hice que arroparan con cal los cadáveres que habían quedado al descubierto; mandé a poner a salvo el archivo de la notaria del circuito, dicté varias providencias de carácter administrativo y verbalmente di muchas otras órdenes sobre objetos de menor entidad".
El 18 de Mayo de 1.875, el Presidente de los Estados Unidos de Colombia, Santiago Pérez, llamó a la solidaridad y los colombianos respondieron.
Entre los venezolanos afectados por este terremoto vale citar a Don Tulio Febres Cordero, que era un jovencito para aquella época pues solo contaba con quince años, quien relató en sus escritos que muchas familias venezolanas residentes en Cúcuta sufrieron pérdidas irreparables, en particular la familia Troconis que perdió doce de sus dieciocho miembros entre los que se contaron los abuelos maternos de Don Tulio. Otro destacado venezolano que vivió los efectos de este terremoto fue Juan Vicente Gómez, quien tenía apenas 18 años en ese entonces y se encontraba en Cúcuta atendiendo un comercio de su familia. Dando muestras del carácter que luego marcaría su vida, logra salvar parte de la mercancía sepultada entre los escombros del lugar donde funcionaba el negocio.
El joven Juan Vicente se ve obligado a abandonar Colombia, porque recibe noticias provenientes de Venezuela donde le informan que San Antonio del Táchira y su hacienda “La Mulera” están casi en ruinas por causa del terremoto. La impresión de esta tragedia acompañaría al Benemérito durante el resto de su vida y prueba de ello es que sesenta años después, según dice Manuel Caballero en su libro “Gómez, el tirano liberal”, escribiría una carta personal donde relata sus recuerdos de aquella tragedia y se refiere a este sismo como “El Terremoto de Cúcuta”, ciudad donde vivió cerca de cuatro años.
Geología :
Fue tan la magnitud del evento sísmico que afloraron aguas termales en los sitios hoy conocidos como "Agua Hedionda", bautizada así por sus olores sulfurosos y se encuentra ubicada en "El Recreo" en la antigua carretera de "Capote" a "Las Dantas" cerca de "La Mulera" vía carretera de San Antonio a Rubio existe otro afloramiento llamado "El Tampaco", ubicado en el "km 17" de esa misma carretera en el sitio conocido como "Las Adjuntas", otra fue la de "Aguas Calientes" lugar cercano a Ureña, a 370 msnm, en el sitio se construyó un balneario terapéutico y un reconocido hotel que lleva el nombre de Hotel Aguas Calientes.
Los testigos concuerdan todos con una de las características de una espesa nube de polvo, que envolvió las poblaciones producto de la caída de las paredes de tierra pisada, adobes y tapias como los techos de caña brava y tejas, que duro muchas horas en el ambiente ya que no soplaba viento alguno además de un calor sofocante que se sintió después del terremoto.
Como consecuencia del terremoto que fracturó la roca se generan emanaciones de petróleo, luego de tres años en en el Distrito de Rubio del Estado Los Andes se establece la compañía minera Petrolia del Táchira para explotar esos yacimientos cedidos en concesión, en un área de 100 hectáreas, esa empresa en 1.883 logra completar su primer pozo productor y pone en funcionamiento una refinería que estuvo produciendo kerosene y gasolina para abastecer la región hasta 1.909, convirtiéndose en la primera empresa petrolera netamente venezolana.
Ciudades Desoladas :
En este día la ciudad de Cúcuta (así como los municipios metropolitanos de Villa del Rosario, Los Patios, San Cayetano y El Zulia) y los vecinos pueblos venezolanos de San Antonio del Táchira y Capacho fueron destruidas totalmente por este catastrófico terremoto que asoló esta área fronteriza de los dos países.
Además causó graves daños en las poblaciones venezolanas de San Cristóbal, La Mulera, Rubio, Michelena, La Grita, Colón, entre otras, y fue sentido en Bogotá y Caracas.
Villa del Rosario era una población histórica y tranquila. En 1.821 se había reunido en la sacristía de su iglesia, a medio construir, los miembros del Primer Congreso de la Gran Colombia. Aún se observa los restos de la iglesia que se colapsó durante el gran movimiento sísmico, las casas de esa época en la zona eran del más puro estilo colonial español, con teja de barro, muros de tapia y patios interiores, se puede afirmar que no quedó ninguna en pie.
La Reconstrucción
Destruida Cúcuta por el Terremoto de 1.875, el Cabildo contrató con el señor Francisco de Paula Andrade, en agosto del mismo año, por la suma de $ 800 Pesos para la elaboración del plano el cual fue entregado el 30 de Noviembre siguiente. El nuevo trazo definió la fisonomía de la ciudad y obligaba a correr los parámetros para las construcciones que se autorizaban. Así la Iglesia de San José de Cúcuta se construyó corriéndola de donde estaba 30 Metros hacia el Oriente.
Recordémos qué, Francisco de Paula Andrade Troconis , fué un Ingeniero venezolano encargado del trazado de las Calles de Cúcuta, cuando fue reconstruida después del Terremoto de 1875. Es el bisabuelo del legendario Alfonso Lizarazo, el Cucuteño.
El Hospital San Juan de Dios y la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen.
Gracias a la Donación de la Reyna de Inglaterrra la Reconstrucción del Hospital San Juan de Dios tomó vida de nuevo .
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