26/11/2025
La Cruz de Cristo, formada en piezas de rompecabezas, nos recuerda que ninguno camina solo: somos fragmentos llamados a encajar en una misma unidad, un solo Cuerpo, un solo Amor.
Cada pieza es una historia, una herida, una gracia… y todas encuentran sentido cuando se unen en Él.
Y el ancla, humilde y firme, es figura de la Virgen María:
la que nos sostiene cuando el alma tiembla,
la que nos fija al puerto seguro,
la que nos guía para no perdernos del Corazón de su Hijo.
Una pulsera que no solo adorna: habla, une y sostiene. En ella, Cristo reúne nuestras piezas y María nos ancla a su luz eterna.