05/11/2020
Somos una sociedad de niños traumados que siguen en guerra con papá y mamá. Hasta que no nos liberemos de su influencia psicológica –y nos emancipemos emocionalmente de ellos– no lograremos estar verdaderamente en paz con nosotros mismos.
Una de las paradojas más grandes es que la familia es, en demasiadas ocasiones, fuente de lucha, conflicto y sufrimiento. Curiosamente, el concepto de “familia feliz” suele ser un oxímoron. Es decir, una contradicción en sí misma. La incómoda verdad es que la gran mayoría de nosotros estamos –o hemos estado– peleados con nuestros progenitores. Por más “adultos” que nos consideremos, muchos seguimos cargando con una mochila emocional repleta de heridas y traumas originados durante nuestra infancia. Y estos condicionan inconscientemente la relación que mantenemos con la pareja, los hijos y la sociedad.
Las pataletas que tenemos con 30, 40 o 50 años ponen de manifiesto que en nuestro interior reside un niño acomplejado, inseguro y enfadado. En general, seguimos identificados con el arquetipo de “hijo”, impidiéndonos conectar con el adulto que podemos llegar a ser. Para emanciparnos emocionalmente de nuestros padres y ser libres de su influencia psicológica, es fundamental emprender el apasionante viaje del autoconocimiento, realizando los siguientes 7 aprendizajes vitales:
1. Deja de culpar a tus padres de tu sufrimiento y asume tu parte de responsabilidad.
2. No intentes cambiar a tus padres; acéptalos tal como son.
3. Asume que no eres responsable de la felicidad de tus padres.
4. No esperes que tus padres te quieran; ámalos tú a ellos.
5. Mira al ser humano que hay detrás de “mamá” y “papá”.
6. Valora y agradece todo lo que tus padres han hecho por ti.
7. Comprende que no tienes los padres que quieres, sino los que necesitas.
¿A quién le resuenan estas líneas? Os leo en comentarios.