02/11/2021
Características de las personas controladoras y cómo lidiar con ellas
Por Gianluca Francia. 30 noviembre 2020
Características de las personas controladoras y cómo lidiar con ellas.
Algunas personalidades necesitan, para mantener su equilibrio, de ejercer un estrecho control sobre lo que les rodea: la empresa se derrumbaría si confiaran a un director, la esposa o el marido se perderían si los dejaran hacer las compras solos, seguro que los niños saldrían heridos si no los revisamos todo el tiempo. ¿Por qué algunos están obsesionados con la necesidad de control? ¿Por qué están profundamente convencidos de tener que dictar la ley sobre todo? ¿Por qué creen que su orden del día debe prevalecer sobre el de los demás? ¿Por qué insisten tanto en que todo se haga siempre a su manera, incluso cuando se les demuestra que nuestro método es tan eficaz como el suyo, si no más?
¿Cómo son las personas controladoras?
Las principales características de las personas controladoras y manipuladoras son:
Necesidad de control. Varios factores (temperamento, diferentes experiencias vividas, motivación...) pueden provocar esta urgente necesidad de control: la tendencia al control no es un rasgo innato, sino un estilo de adaptación.
Ansiedad. Cuando una persona se describe como "maníaca del control", en realidad no existe una propensión humana innata a poseer el control: lo que existe en una personalidad que controla es una profunda ansiedad. El recién nacido y el niño que perciben que sus necesidades no están satisfechas pueden desarrollar un estilo de adaptación obsesivo, ansioso por cada detalle. De hecho, la personalidad controladora se protege de la ansiedad manteniéndose lo más lejos posible de ese niño perdido, inseguro y desconcertado que era o de ese trauma que lleva las señales. Para evitar que esta ansiedad las oprima, las aplaste o, peor aún, se manifieste un poco, intentarán controlar a las personas y los acontecimientos que las rodean.
Rigidez. Los controladores tendrán grandes dificultades para negociar, porque serán totalmente incapaces de tolerar la imperfección.
Cumplimiento estricto de sus normas interiorizadas. Los individuos con un tipo de personalidad dominante tratan de manejar cada detalle de la existencia, incluyendo a las personas a su alrededor. Estos sujetos, como adultos, fundan su autoestima en satisfacer las estrictas exigencias y exigencias de los padres interiorizados, a expensas de quien se convierte en su objeto proyectivo.
Poca tolerancia al estrés. Cuando una persona controladora y manipuladora teme no poder controlar los acontecimientos, experimenta mucho estrés; inconscientemente cree que solo controlando cada aspecto de su vida y de su entorno será capaz de asegurar la satisfacción de sus necesidades.
Agotamiento. Una vida difícil, la de las personas controladoras y posesivas, que con la ilusión de mantener todo bajo control se siente sereno, y mientras tanto se carga continuamente de pesos, de responsabilidades, incluso de absurdas tareas que podrían ser hechas por cualquiera.
Problemas con la autoestima. Estas personas necesitan el "control" porque sin él generalmente se sienten invadidas por el miedo de que las cosas terminarán por superarlas y minimizarlas, y por lo tanto serán devaluadas o no reconocidas, y por lo tanto su vida puede ser arruinada.
Sentimientos de inferioridad. A un nivel más profundo, el frecuente Ego grandioso de la personalidad dominante, se discute un sentido de inferioridad y una autoestima precaria que sólo pueden ser manejados a través de la ilusión de poder controlar y de poder prevalecer sobre todo.
Vulnerabilidad. En realidad, las personas que tienen una gran necesidad de control son a menudo vulnerables: o son sus jefes, los organizadores, o se sienten muy incómodos. No estamos hablando de la necesidad narcisista de estar en el centro, sino de la convicción de que sólo si yo lo hago, lo organizo yo, estamos seguros, de lo contrario quién sabe qué podría pasar.
Creencias contradictorias. Hay personas, por ejemplo, que vuelan en sus pequeños aviones, pero nunca pisarían un avión de línea, porque no pueden conducirlo. Logran llegar a estas paradojas y también a encontrar una aparente explicación lógica a comportamientos que para los demás, en cambio, representan evidentemente una contradicción.