29/09/2026
Primero fue la fotocopiadora. Ahora es la IA
Antes de hablar de inteligencia artificial, pensemos en una oficina.
Hubo un tiempo en que copiar un documento significaba volver a escribirlo. Luego llegó la máquina de escribir, después la fotocopiadora y cambió las reglas: ya no era necesario repetir diez veces el mismo documento, bastaba con hacer uno y copiarlo.
Más adelante llegaron los computadores, las impresoras y la multifuncional. Lo que antes requería tiempo y varios procesos empezó a resolverse con unos cuantos clics.
Visto así, esas tecnologías le quitaron trabajo al humano.
Pero la oficina no desapareció.
Cambió.
Y ocurrió algo más: las máquinas se dañaban. Había que cambiar repuestos, revisar conexiones o hacer mantenimiento. Entonces aparecieron técnicos y personas capaces de instalar y configurar esos equipos.
La tecnología eliminó tareas, pero creó nuevas necesidades.
El trabajador también tuvo que evolucionar. Ya no bastaba con escribir una carta, tuvo que aprender a usar computadores, impresoras, escáneres y nuevos sistemas.
La oficina no desapareció, subió de nivel.
Y quizá eso sea exactamente lo que empieza a ocurrir con la inteligencia artificial.
Hoy muchas personas pasan parte de su jornada leyendo correos, clasificando solicitudes, buscando información, copiando datos o preparando respuestas. La IA ya empieza a hacer parte de ese trabajo.
Pero hay algo que solemos olvidar:
La IA también falla.
Puede interpretar mal una solicitud, un prompt puede contradecir otro, una integración puede romperse o una respuesta puede parecer correcta y estar equivocada.
Entonces alguien tendrá que descubrir qué ocurrió, corregirlo y mejorarlo.
Ese será, de alguna manera, el nuevo técnico.
Solo que no llegará a cambiar un rodillo o limpiar una impresora. Tendrá que revisar flujos, ajustar instrucciones, supervisar agentes o descubrir por qué una IA tomó una mala decisión.
Durante años nadie intentó competir contra una fotocopiadora haciendo copias a mano. Aprendimos a usarla, después a repararla y surgieron negocios alrededor de esas máquinas.
Con la IA probablemente sucederá algo parecido.
Algunos intentarán competir haciendo manualmente tareas que ella puede automatizar, otros aprenderán a usarla y habrá quienes se especialicen en configurarla, supervisarla y corregirla.
Esta historia quizá no sea tan nueva.
Ya la vivimos con la máquina de escribir, la fotocopiadora, la impresora y la multifuncional. Cada tecnología eliminó tareas, aumentó la productividad y obligó a aprender algo nuevo.
La diferencia es que ahora la máquina ya no entra solo al cuarto de impresión.
Está entrando en casi todos los departamentos de la empresa.
Y quizá la pregunta correcta no sea si la IA va a quitarnos el trabajo.
Es otra:
Si aprendimos a operar y reparar las máquinas que reemplazaron parte del trabajo de nuestras manos, ¿qué tendremos que aprender para operar, corregir y mejorar las máquinas que empiezan a reemplazar parte del trabajo de nuestra mente?