23/07/2026
Tras el impacto que me provocó ver a la selección de Argentina dándole la espalda a la selección española, durante la premiación de la final del mundial, he querido escribir sobre lo que significa saber perder. Si bien tras el suceso ellos han salido con la explicación (o excusa) de que su objetivo era estar de frente a su afición, eso suena poco creíble y además, se vea por donde se vea, fue un gesto inaceptable.
Siempre que hay una competición (de lo que sea), todas las partes quieren ganar, y eso está bien en cierta forma, pues es el objetivo mayor al que aspira quien compite. No obstante, la grandeza de la gente no se mide por las competiciones que gana, sino, sobre todo, por la forma en que reacciona en sus momentos de "fracaso", es decir, cuando las cosas no salen como quería o como esperaba.
Y allí, el concepto de sale a relucir, porque es fácil mostrarse feliz en las buenas, pero ante una pérdida, mantener la ecuanimidad, el respeto y la entereza no es algo sencillo, pero sí algo que habla de la grandeza interior.
No saber perder es no reconocer las cualidades de los demás; es una forma de minimizar las habilidades de otros. Al mismo tiempo, es una forma de restarse imagen y credibilidad a sí mismo, pues implica que no se tiene la madurez para aceptar que no siempre se gana, pero que sí tenemos siempre la oportunidad de demostrar nuestra esencia, en las buenas y en las malas.
En las organizaciones, es probable toparse con alguien que "da la espalda" a quien triunfa, a quien sobresale con su desempeño, o a grupos que se dan la espalda entre sí, y esto suele estar vinculado con egos, con poca tolerancia a la incertidumbre, con inmadurez, con falta de humildad, y con pocas habilidades para resolver .
(Marlen Montero Solís