21/01/2026
Lo digo sin rodeos, y según veo las encuesta que esta elección no está definida, pero tampoco se está jugando bien. Existe indecisión, hay cansancio y hay poca emoción, y eso no es casualidad.
La oposición, en lugar de construir una propuesta atractiva y creíble para indecisos, se ha pasado buena parte del tiempo peleándose consigo misma; egolatrías, cálculos pequeños, ataques cruzados y una obsesión por destruir al otro antes que convencer a la gente. Así no se gana una elección, lo único que se logra es desconectar aún más al electorado.
Mientras tanto, el oficialismo, les guste o no, se critique o no, sí tiene claro su objetivo. Su estrategia ha sido efectiva para lo que busca que es ordenar a su base, captar indecisos y reducir errores; y quizás no será una campaña que enamore a todos, pero sí una que entiende cómo se gana. En política, ignorar eso por prejuicio suele salir caro, lo digo con mi humilde experiencia.
Con este panorama, muchos optan por el desencanto y la abstención, pero ojo, no votar no castiga a nadie. Solo deja el tablero en manos de quienes sí se organizan y cuando el entusiasmo es bajo, el voto vale más, no menos.
Con los años, no creo en votos ciegos ni en adhesiones acríticas, pero sí creo que renunciar a decidir por cansancio es regalar poder y si algo necesita este país es menos ego político y más ciudadanía activa.
Y acá va la verdad incómoda, sin vueltas:
En democracia, el poder no lo toman los mejores, lo toman los que se organizan. Y si usted no vota, alguien más va a decidir por