25/03/2026
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| PICNIC 2026: Un festival que encuentra su identidad
La segunda jornada del Picnic Festival Centroamérica 2026 fue, en muchos sentidos, un sold out emocional. No solo confirmó la capacidad del evento para convocar multitudes, sino que elevó la experiencia a un punto donde la nostalgia, la diversidad musical y la conexión con el público se convirtieron en el eje central de la tarde-noche.
Desde tempranas horas, el Centro de Eventos Pedregal comenzó a llenarse con un público heterogéneo: jóvenes atraídos por los sonidos urbanos, adultos en busca de himnos generacionales y asistentes dispuestos, simplemente, a entregarse a la experiencia de vivir un festival.
El arranque de la jornada estuvo marcado por propuestas que apostaron por la fusión y el groove. Actos como Sonámbulo prepararon el terreno, mientras que Bomba Estéreo aportó un aire fresco con su característico sonido electro-tropical, funcionando como un puente entre el calor de la tarde y la intensidad que vendría más adelante.
Antes de que la noche tomara forma, la aparición de Los Enanitos Verdes transformó el ambiente. Clásicos del rock latino como Lamento Boliviano generaron uno de los primeros coros masivos, evidenciando el peso emocional de un repertorio que atraviesa generaciones.
En la tarima principal, el bloque urbano tomó protagonismo con presentaciones de artistas como Lunay, Jhayco y Mora, que conectaron especialmente con el público más joven. Este segmento confirmó el lugar dominante de la música urbana dentro del festival, no solo como tendencia, sino como lenguaje común entre distintas audiencias.
Ya entrada la noche, Juanes ofreció un espectáculo sobrio y musicalmente refinado. Respaldado por una banda sólida, reafirmó su lugar como uno de los artistas latinoamericanos más consistentes en vivo.
Uno de los momentos más significativos llegó con Christian Nodal. Su repertorio, profundamente arraigado en el regional mexicano, convirtió el recinto en un coro multitudinario. Canciones como Adiós Amor fueron interpretadas al unísono, en una escena que trascendió lo musical para convertirse en un acto de catarsis colectiva.
La nostalgia dosmilera tuvo su espacio con Simple Plan, que entregó uno de los sets más enérgicos de la jornada. Con una conexión inmediata, la banda canadiense impulsó al público a cantar cada tema sin reservas.
El punto culminante de la noche estuvo a cargo de Christina Aguilera, quien se presentó por primera vez en Costa Rica. Su actuación, marcada por una impecable capacidad vocal y una producción elegante, respondió a la alta expectativa que rodeaba su debut en el país. Momentos como Beautiful generaron una conexión emocional profunda, mientras que Genie in a Bottle devolvió al público a la euforia colectiva. Su show no solo cerró la jornada, sino que dejó una de las postales más memorables del festival.
En escenarios alternos, la propuesta se diversificó aún más. En el Hideout Stage, Orishas aportó peso histórico con un repertorio que fusiona rap y raíces cubanas, conectando con distintas generaciones y recordando la evolución del hip hop latino.
Por su parte, Corina Smith ofreció uno de los sets más frescos del bloque pop urbano, destacando por una propuesta estética cuidada y una conexión directa con el público joven.
El lado más crudo del género llegó con Bryant Myers, quien mantuvo la energía alta con un show cargado de intensidad y beats contundentes, reafirmando el lugar del trap dentro del ecosistema del festival.
En esa misma línea, Clarett representó la nueva ola de artistas emergentes, evidenciando la apuesta del festival por abrir espacio a propuestas en crecimiento dentro de la escena urbana.
También destacó Trueno, con un show de alta intensidad y presencia escénica, mientras que uno de los momentos más coreados de la noche llegó con Danny Ocean. Su presentación, cargada de cercanía y sensibilidad, generó una conexión inmediata con el público. Temas como Me Rehúso fueron cantados casi en su totalidad por los asistentes, en una escena que evidenció el alcance regional de su propuesta.
La segunda jornada del Picnic 2026 evidenció una curaduría capaz de articular distintos géneros y generaciones sin perder coherencia. Más allá de los nombres en el cartel, el verdadero protagonista fue el público, que respondió con intensidad a cada presentación.
En un panorama regional donde los festivales compiten por relevancia, Picnic reafirma su posición como uno de los eventos musicales más importantes de Centroamérica, apostando por experiencias que van más allá del espectáculo y se instalan en la memoria colectiva.