13/10/2026
Hay veces en que pedir una nueva evaluación de la víctima es un error estratégico, no solo ético.
Cada evaluación adicional tiene un costo probatorio que rara vez se calcula.
Obliga a la persona a narrar de nuevo, y cada nueva narración introduce variaciones que después se presentan como contradicciones. Expone el relato a preguntas mal formuladas por un profesional que quizá no domine la técnica. Y en personas menores de edad, multiplica el riesgo de contaminación del recuerdo.
El resultado frecuente es que la prueba que se buscaba reforzar termina más débil que antes.
Cuándo sí tiene sentido: cuando la evaluación previa no respondió la pregunta del proceso, cuando hay un cambio relevante en el estado de la persona, o cuando el encargo anterior fue distinto.
Cuándo no: cuando lo que se busca es un segundo dictamen que diga lo mismo con otra firma. Para eso está el análisis técnico del dictamen existente, que no requiere volver a evaluar a nadie.
Menos evaluaciones, mejor hechas, es también una estrategia de litigio.
Pablo José Cruz Méndez · Psicólogo forense · Director, P&TM Consultores