21/05/2026
19 de mayo de 1895 – Dos Ríos: cuando el sol naciente iluminó la inmortalidad de José Martí
El sol apenas despuntaba por el oriente cubano cuando, en el encuentro de dos grandes ríos —el Cauto y el Contramaestre—, se produjo un hecho que marcaría para siempre la historia de Cuba.
Allí, en aquel triángulo fatal, las tropas españolas se toparon con un pequeño contingente mambí. Nadie sabía aún que entre aquellos combatientes iban dos hombres fundamentales: el General en Jefe del Ejército Libertador, Máximo Gómez, y José Martí, líder del proceso independentista, elevado a General sin ser militar, recién desembarcado en tierra cubana.
Y entonces ocurrió lo inesperado. Martí avanzó solo, como empujado por algo más que su voluntad. Quizás por aquel verso que él mismo había escrito:
"Siento dentro de mí un cántico que no puede ser otro que el de la muerte".
Avanzó resuelto hasta caer traspasado por las balas. Su cuerpo fue recogido por las tropas enemigas, identificado por los objetos que llevaba entre sus ropas. La noticia cruzó mares: la prensa española y norteamericana anunciaban el fin de un proceso político.
Pero Martí ya lo había dicho con clarividencia:
"Mi verso crecerá: bajo la yerba, yo también creceré".
Días antes…
Del 11 de abril al 17 de mayo, Martí escribió en su Diario, con inigualable belleza, la naturaleza agreste de aquella Cuba desconocida para él: los árboles, las flores, las criaturas del monte, el horror de la guerra, las primeras heridas.
Y a su madre le dejó la carta más hermosa que conservamos:
"¿Por qué nací de usted con una vida que ama el sacrificio? (…) bendígame, y crea que jamás saldrá de mi corazón obra sin piedad y sin limpieza".
Pero su voz vibró hasta el último instante.
Cuando se derrumba en Dos Ríos, su caída no es un final: es una semilla. Con ella se proyecta hacia el futuro el destino de nuestro pueblo y de toda América.
Era el alma de un hombre grande. Un símbolo casi perfecto. Y dejó una piedra angular para reconocer lo que somos: nuestra identidad, nuestro orgullo, nuestra voluntad de ser, de traspasar limitaciones, de vencer cualquier fatalidad y lograr para Nuestra América un destino de justicia, paz y libertad.
Ministerio del Transporte de la República de Cuba Eduardo Rodríguez Dávila