28/05/2026
José Liván Font Bravo, conocido cariñosamente como Font, es el Vicepresidente Primero del Grupo Empresarial Tabacuba. Más allá de su alto cargo, quienes lo conocen lo describen como un hombre sencillo, amable y, sobre todo, sabio. En su oficina, las puertas nunca se cierran cuando se trata de resolver un problema. Escucha a todos y busca soluciones con dedicación, sin importar la responsabilidad que lleva sobre sus hombros.
Nació en Pinar del Río, cuna del mejor tabaco del mundo. Se graduó de ingeniero agrónomo en 1996, aunque al principio la agronomía no le apasionaba. Todo cambió durante sus prácticas, cuando comenzó a comparar las plantas con los seres vivos. Esa conexión lo cautivó y lo fue enamorando de la agricultura.
Al graduarse, lo ubicaron en la empresa de semilla de Pinar del Río. Pero un gesto marcaría el rumbo de su vida: al ir a recoger su boleta de asignación, encontró a una compañera llorando porque no le gustaba el lugar donde la habían destinado. Sensibilizado, cambió su boleta con ella y así, casi por azar, terminó en el mundo del tabaco.
Comenzó en la Empresa Tabacalera Pinar del Río, luego por sus conocimientos transitó por varias empresas del sector en el territorio, asumiendo diferentes responsabilidades como: técnico de calidad, técnico de suelo, técnico de sanidad vegetal, jefe de semillero a nivel empresarial, jefe de producción, Director Adjunto, Director General de San Luis donde por su gestión la empresa se convirtió en la mejor del país, manteniendo ese reconocimiento durante nueve años.
Luego dirigió la empresa de San juan y Martinez (ABT Hermanos Saiz) hasta ser promovido a Vicepresidente Primero del Grupo Empresarial Tabacuba en el año 2019.
Con humildad y firmeza, Font afirma:
“Para mí estar en esta responsabilidad es un alto compromiso".
Esa convicción nace de su propia historia: sabe que el saber no se atesora, se siembra. Por eso, cada vez que visita Pinar del Río, no solo siente nostalgia y recuerda a quienes lo acompañaron en su camino, sino que asume el deber de asesorar, formar y preparar a las nuevas generaciones de tabacaleros. No se trata de imponer criterios, sino de acompañar, transmitir experiencia y asegurar que el tabaco cubano siga siendo el mejor del mundo.
Para Font, la mayor satisfacción no está en los títulos ni en los cargos, sino en un momento muy concreto: ver reflejado su asesoramiento en los resultados de trabajo de los productores. Lo que realmente llena su corazón de orgullo es escuchar el agradecimiento sincero de aquellos a quienes ha ayudado, cuando disfrutan de sus propios logros y comprenden, gracias a la experiencia transmitida, que el tabaco es más que un cultivo: es una herencia, una pasión y un orgullo que se defiende generación tras generación.
Y concluye con una frase que lo define:
"Me siento orgulloso de ser tabacalero, lo haría una y mil veces si fuera necesario".