04/09/2026
Amar es un acto de valentía.
Porque cuando amas de verdad, aceptas que puedes sentir dolor. La persona que amas podría partir, atravesar una dificultad que también te afecte o, incluso, no corresponderte de la manera que esperabas.
Amar nos vuelve vulnerables porque aquello que le sucede al otro también toca nuestro corazón. Pero eso no significa que el amor deba convertirse en sufrimiento permanente, ni que tengamos que tolerar indiferencia, maltrato o abandono.
Amar implica un riesgo, pero también es uno de los regalos más grandes que podemos experimentar.
Jesús nos enseñó a amar al prójimo como a nosotros mismos (Marcos 12:31). Y Él mismo nos mostró la expresión más profunda del amor: entregar su vida por nosotros (Juan 15:13; Romanos 5:8).
Por eso, amar requiere valentía: valentía para abrir el corazón, para acompañar, para perdonar, para establecer límites cuando sea necesario y también para aceptar que no podemos controlar lo que hará la otra persona.
Quizás las personas que más amamos son las que tienen mayor capacidad de tocar nuestras heridas, precisamente porque ocupan un lugar importante en nuestra vida.
Aun así, no permitamos que el miedo al dolor nos prive del regalo de amar.
Amar es un riesgo, sí. Pero un riesgo que vale la pena asumir con sabiduría, fe y valentía. 🤍
¿Sientes que alguna experiencia dolorosa te ha llevado a cerrar tu corazón al amor?